Abraza tu lado oscuro y acéptate

Por Silvia Lama Raposo
Publicado 27 de abril de 2017

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¿Qué significa para ti desnudarte?

¿Cómo te sientes cuanto te quedas desnudo delante de alguien?

Desnudarse no siempre significa quitarse la ropa.

Desde pequeños aprendemos a no contar o enseñar ciertas partes o actitudes de nosotros mismos, porque pensamos que nos hacen menos valiosos o deseados. Tanto es así que a veces acabamos incluso rechazando esa parte, ese ‘lado oscuro‘ y lo escondemos en el rincón más profundo de nuestro ser.

Sin embargo el lado oscuro a veces se convierte en un monstruo porque siente que nadie le acepta, ni siquiera tú – su propio dueño. Imagina a un monstruo que se mira al espejo y se odia por ser cómo es, que siente que todos los demás también le odian y le huyen por la misma razón.

Y así el monstruo se hace monstruo
Porque todo el mundo sale corriendo y nadie le abraza.

Su dolor se convierte en frustración, y su frustración, en ira. Cada vez da más miedo y cada vez se alejan más de él. Nadie le dice “¡Eh tú, no pasa nada! Si yo te voy a querer igual… Vamos a ver cómo podemos solucionarlo“.

Pero al igual que ocurre en las películas, tu lado oscuro -el monstruo- no se va del armario cuando cierras los ojos, o sales huyendo. La única forma de vencerle es enfrentarse a él… Y abrazarle.

Si en algún momento de tu aprendizaje de vida sentiste que alguien importante se apartó de ti o te rechazó por ser como eres, o actuar como actúas, probablemente aprenderás a ocultar esa parte a todo el mundo. Incluso a ti mismo si es necesario.

Imagina tener que convivir con alguien tratando de tapar o negar, diariamente, una parte de lo que eres. En vez de hablar sobre ello con naturalidad.

Una parte de tu cuerpo, un aspecto de tu personalidad, una habilidad o forma de actuar. Muchas cosas pueden acomplejarnos o hacernos sentir de menos, sobre todo cuando nos comparamos con el resto de personas.

  • Me da pánico el compromiso
  • A mí me da miedo quedarme solo
  • Tengo muchas estrías
  • Tengo miedo de equivocarme
  • Me han roto el corazón muchas veces
  • Nadie se queda conmigo
  • Me estoy quedando calvo.

¿Acaso no todos tenemos miedos y vergüenzas? ¿No sería más fácil poder hablar sobre ello y presentarte tal y como eres a la persona que tienes delante? Todos tenemos taras y defectos, no nos hacen menos valiosos que los otros.

Por eso aceptarte a ti mismo es un paso fundamental para ser feliz. Con tus luces y tus sombras. Porque todos las tenemos, y siempre (siempre) habrá alguien dispuesto a encender una linterna en medio de tu oscuridad.

Por qué no, en vez de compararte con los demás, empiezas a hacerlo con la mejor versión de ti mismo. No la ideal, sino la real: la que ves delante cada vez que te miras en el espejo.

Aceptarse no supone no querer mejorar o superarse, sino que implica aceptarse tal y como eres sin negar o rechazar alguna parte de ti. Aceptarse significa decir ‘esto es lo que soy y esto es lo que hay, así que vamos a ver todo lo que puedo hacer con ello’.

Por eso desnudarse no siempre significa quitarse la ropa.

A veces desnudarse supone desprenderse de las capas de acciones y palabras que recubren tu corazón, que te protegen de los posibles daños o amenazas externas.

A veces desnudarse implica desnudarse emocionalmente y enseñarle a alguien lo que eres cuando nadie te mira. Sin aderezos ni florituras.

Significa contarle lo que te hace reír y llorar. Enseñarle lo que te gusta, lo que te preocupa y lo que te da miedo. Mostrarle aquello que te acompleja o te avergüenza. La verdad que se encuentra dentro de ti.

No es mejor aquel que esconde sus errores, sino el que es capaz de hablar sobre ellos y aprender. Eso no te hace más débil, sino más fuerte: asumir tus taras, ser consciente de tus dificultades e incluso tratar de mejorarlas. Pero no para los demás, sino para ti mismo.

Sé que ahora te parece imposible y no sabes cómo hacerlo. Sé que es difícil.

No te pido que te aceptes al cien por cien si no te sale  -todavía-.

Pero al menos te pido que no te tengas miedo, que no te rechaces.

Te pido que mires a tu lado oscuro a los ojos y le digas: “¡Eh, tú, que no pasa nada! Si yo te voy a querer igual… Vamos a ver cómo podemos solucionarlo”... Y le abraces todo lo fuerte que puedas. 


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