Vivir el duelo en mitad de la emergencia

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La actual crisis sanitaria nos ha obligado a reorganizar la vida de forma precipitada y más o menos inesperada. También nos está obligando a reorganizar la muerte. Desgraciadamente no es una metáfora, es la realidad que se está viviendo ahora mismo, mientras lees estas palabras, en cientos de casas, centros sanitarios y en las residencias de ancianos de toda España, convertidas en el escenario de una batalla entre la salud y la enfermedad tan cruel como hacía tiempo que no recordábamos en nuestro país. 

Es la realidad de cientos de habitaciones de hospital, de salas de triaje, de pasillos, de solitarios apartamentos, en las grandes ciudades, en los pueblos olvidados. La altísima capacidad del COVID-19 para transmitirse de una persona a otra está provocando que cientos de personas, sobre todo ancianas, mueran tras haberlo contraído. También impide que las personas de su entorno puedan, en muchos casos, acompañarlas en ese proceso y reunirse luego para despedirlas como es debido. Las visitas en la UCI son un imposible estos días.  Los velatorios están siendo prohibidos para evitar que se conviertan en focos de contagio y los funerales se están restringiendo al mínimo imprescindible para que alguien se haga cargo del difunto sin implicar a nadie más. 

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Resulta traumático, como sociedad, pensar en las características que la vejez (aunque no solo), la enfermedad y la muerte están adquiriendo estos días. La distancia inhumana a la que obliga el virus, la peligrosidad que emana de una persona moribunda, el aislamiento respecto a sus principales figuras de referencia, la atmósfera de estrés ensordecedor que rodea ahora cada palmo de los hospitales. 

Lo que en circunstancias normales sería una sucesión de duelos normales ahora es una acumulación de duelos de riesgo

Lo que en circunstancias normales no daría que hablar por ser simplemente la sucesión natural de duelos más o menos normales -dentro de la peculiaridad que implica cada pérdida- en esta ocasión está dando lugar a una acumulación de duelos de riesgo como hacía décadas que no observábamos en nuestro entorno. 

El impacto de saberse contagiado, el estrés y la angustia de conseguir atención médica, el ambiente generalizado de sobrecarga, las prisas, el agotamiento, la impotencia, la ausencia de compañía, la imposiblidad de despedirse, la incapacidad de reunirse para compartir la experiencia e intercambiar apoyo, los enterramientos discretísimos y distantes… Todos estos, y más que podamos añadir, constituyen factores de riesgo de complicación del duelo normal que dejan al doliente sin aliento para cuando quiere darse cuenta de que se encuentra ante el enorme desafío de integrar la muerte de alguien significativo. Como psicólogos, creemos necesario clarificar algunos aspectos ante esta situación.

Para la población general 

1.Durante las próximas semanas y próximos meses va a aumentar significativamente el número de personas que precisen asistencia psicológica por las diferentes secuelas de la actual emergencia sanitaria. Esto incluye, por supuesto, atención al duelo. Se trata de un desafío importante a nivel de salud pública que merece ser atendido adecuadamente. 

2. Incluso en las adversas circunstancias actuales, no todas las personas que precisen de atención psicológica durante su proceso de duelo serán personas con un duelo complicado. Muchas personas precisarán y buscarán ayuda psicológica ante un duelo normal y será muy positivo que lo hagan. Todos los seres humanos contamos con importante fortalezas psicológicas para hacer frente a nuestros desafíos vitales. Tengamos confianza en nuestras capacidades y apoyémonos unos a otros. 

3. No todos los duelos con factores de riesgo que se inicien durante los próximos días y semanas acabarán derivando en un duelo complicado o patológico. Las redes de apoyo formales e informales, entre las que hay que incluir la debida atención psicológica, protegerán a muchas personas de padecer un problema grave de salud mental debido a su duelo.

4. Gracias a diferentes recursos, entre los que debe contarse la atención psicológica especializada en duelo, los duelos complicados pueden descomplicarse. Mantengamos la esperanza. 

Para los familiares y amigos de los fallecidos 

1.Quizá ahora eres una persona que ha perdido a un familiar importante víctima del COVID-19 en una residencia, en un hospital, en una casa, en cualquier lugar al que no has podido acudir para prestar la ayuda que hubieras querido ni despedirte como hubieras necesitado. Tu dolor es totalmente comprensible, seguramente lo estás sintiendo en forma de rabia, frustración, impotencia, culpa, angustia… No hay atajos ahora mismo para esas emociones. Sin embargo, cuando todo se tranquilice hay cosas que se pueden hacer para intentar colocar todo eso que ahora, en tu interior, se ha puesto patas arriba. Aunque no las creas del todo, confía en estas palabras. 

2. Si has perdido a un ser querido en las circunstancias actuales, quizá en una residencia de ancianos o, probablemente, en la UCI de un hospital, es probable que te atormenten pensamientos sobre si tu ser querido sufrió mucho antes de morir, si dijo algo, si había alguien a su lado o murió en soledad, si pensó en ti o se preguntó dónde estabas. Estos pensamientos pueden llenarte de angustia, pero es completamente normal que los tengas y es importante que les des su espacio. Compártelos con las personas que tengas a tu alrededor, a tu manera, hasta donde tú quieras, no te obligues a vivirlos en soledad por miedo a asustar o incomodar a otros, resérvatelos para ti solo si sientes en tu corazón que eso es lo que necesitas.

Tú no estabas presente y no puedes saberlo, pero piensa que alrededor de tu ser querido había un equipo de profesionales que lo cuidaron y protegieron hasta el final lo mejor que supieron, y que le dieron todo el cariño del que fueron capaces. Tu ser querido estuvo atendido por personas que lo acompañaron en la medida de sus posibilidades. Si tu ser querido estaba recibiendo cuidados intensivos probablemente estaba sedado y, en ese caso, es muy poco probable que muriera sufriendo, sino que lo hizo de una manera más apacible. Es muy doloroso pensar que tu ser querido lo pasó mal en el momento de morir y nada puede ahorrarte ahora ese malestar, sin embargo algunas personas encuentran consuelo pensando que, por mucho que fuera el sufrimiento de su ser querido en los últimos momentos, ya ha pasado, ya ha quedado atrás, ahora mismo no está ocurriendo. 

Pensar que un familiar murió solo y sufriendo genera mucha angustia. Es importante recordar que muchos han estado acompañados por profesionales que les han cuidado y dado cariño y que han evitado gran parte de su sufrimiento

3. Los especialistas en atención al duelo, que habitualmente son psicólogos, están preparados para acompañarte en el proceso que estás iniciando estos días. El duelo es un camino complejo e incluye vivencias a menudo novedosas y desconcertantes para quien lo atraviesa. Quizá esta es la primera vez que te enfrentas a un duelo importante en tu vida. No tengas prisa, va a ser lento pero no va a ser eterno. Aunque no te lo parezca, por muy mal que te encuentres ahora, no siempre te vas a encontrar así. Pon atención a tus necesidades, busca apoyo allí donde sabes que puedes recibirlo y permítete sentir todo aquello que surja en tu interior. Estos días oirás consejos, sugerencias y recetas varias aquí y allá. Haz caso de tu intuición. Coge aquello que te sirva, desecha aquello que no tenga nada que ver contigo. Tu manera de llevar el duelo es única y tienes derecho a ella. 

4. Recuerda que, cuando un familiar tuyo muere, no eres la única persona de la familia que está en duelo, sino que todo el núcleo familiar del fallecido está afectado: pareja, hijos, hermanos, nietos… La persona que muere es una pero cada uno de los que quedan ha perdido a alguien diferente y lo va a llevar a su manera, según su propia personalidad, su estilo de afrontamiento y, sobre todo, según la relación que tuviera con la persona que ha muerto. En situaciones así es importante que seamos respetuosos con las necesidades de las personas que a nuestro alrededor también están en duelo, que seamos respetuosos con su forma particular de vivir esta experiencia y que, quizá, no se parece mucho a la nuestra. Quizá el confinamiento te obligue a convivir de una manera más estrecha de lo deseable con los duelos de los demás: daos vuestro espacio, no os presionéis ni para callar ni para compartir, seguramente poco a poco vuestros diferentes estilos de afrontar la pérdida irán encontrando su propia armonía. 

5. Si a causa del confinamiento no has podido asistir al ritual de despedida que te hubiera gustado, puedes hacer tu propio ritual de despedida en casa, tú solo o bien con aquellas personas que convivas o incluso conectándoos en una videollamada colectiva. Eso va a exigir una cierta creatividad pero te/os dará la oportunidad de dar forma a los pensamientos y emociones que estáis viviendo de manera privada. No te compliques, puede ser un acto muy sencillo, a través de una canción, unas palabras, unos minutos de silencio frente a una vela. Busca tu propia manera. Muy importante: siéntete libre de no querer hacer nada de esto o de no necesitarlo, porque es perfectamente válido. 

6. En la televisión y en la radio oirás a menudo hablar de las cartas de despedida para quien se ha muerto. Es un ejercicio muy útil para algunas personas pero es probable que, si la muerte está muy reciente, sientas que no es tu momento, que no sabes qué decir o que no quieres hacerlo. No pasa nada, no es tu culpa: es culpa del ejercicio. Si escribir, o hacer cualquier otro ritual de despedida, es una técnica válida para ti te darás cuenta de ello y lo harás de manera espontánea cuando sientas que es el momento. Puede que ahora lo que necesites sea expresar tu dolor, tu necesidad de no despedirte aún de la persona, la rabia que te produce todo lo que está sucediendo, lo mal que te hace sentir el no haber tenido la oportunidad de estar más cerca. Permítete sentirlo y expresarlo, ya habrá tiempo de dejar ir y dar las gracias.

Recuerda que ahora lo vemos lejos pero que esta situación pasará y la vida te traerá nuevos desafíos, como siempre lo ha hecho hasta ahora. Ahora toca esto y todos juntos lo estamos viviendo de la mejor manera que sabemos. Recuerda que las calles están vacías pero que las casas están llenas de gente. Aprovecha para conectar con el exterior en la medida de tus posibilidades y no dudes en buscar la ayuda que necesites, incluyendo la ayuda psicológica. Cuenta con nosotros.  

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