Terapia contra la Depresión

 Lucha contra tu depresión con nuestra terapia y psicólogos online

¿Qué es la depresión?

No es igual estar triste que deprimido, pero la tristeza es el actor principal en esta obra, y es una de las emociones que hace que visitemos la consulta del psicólogo con más frecuencia: sentirse perdido o incapaz, dificultades para disfrutar, falta de motivación y energía, cambios de humor o en el apetito, aislamiento, incluso ganas de desaparecer… Son personajes habituales de esta función.  

Algunas personas luchan día a día para conseguir que salga el sol, otras no lo ven desde que algo ocurrió y se llevó la alegría. Esta nube negra acaba afectando no sólo a sus sentimientos, sino a su forma de pensar y actuar en todas las áreas de su vida.

Sea cual fuere la causa, podemos re-aprender la forma en la que vemos y sentimos el mundo, superando así los obstáculos que surgen en el camino.

Queremos ayudarte a cambiar las gafas con las que ves el mundo y darle un nuevo color a la realidad.

Depresión: Todo lo que tienes que saber sobre ella

Es muy habitual escuchar decir a alguien “estoy deprimido”, sin embargo, estar triste un día o una semana no tiene que ver con lo que siente una persona que sufre depresión. Hablamos de un sentimiento de tristeza, pérdida de interés, ira, frustración o apatía severa prolongada en el tiempo, que se apodera de todo e impide enfrentarse a la rutina diaria.

La depresión tiende a juzgarse muy rápidamente desde fuera, se tiende a considerar que la persona que sufre de depresión no quiere salir de ese estado.Pero la realidad es que es como enfrentarse a un nubarrón negro que siempre te persigue y sin paraguas, ya que responde a una serie de mecanismos intrínsecos que no son tan fáciles de desentrañar sin la ayuda de un profesional.

Se manifiesta de diferentes formas en función de la persona, pero lo que parece habitual es una pérdida de la energía e interés vital, que acaba afectando a la persona en todas las áreas de su vida: plano sentimental, familiar, laboral, social…

Un ánimo triste y basado en la desesperanza -por lo general no habitual en la persona- que se mantiene de forma prolongada en el tiempo, y en el que abundan los sentimientos de inutilidad, incapacidad o incluso deseos de desaparecer. Suele hacerse uso de tests psicológicos o instrumentos de medición, pero algunos de los más habituales son:

  • Alteraciones del descanso: dificultad para conciliar el sueño o mantenerlo, necesidad de dormir mucho más de lo habitual…
  • Cambios drásticos en el humor y apetito (acompañado de aumento o pérdida de peso).
  • Sentirse más cansado o falto de energía.
  • Falta de motivación o interés, apatía, pérdida de placer generalizada incluso en actividades que normalmente resultan interesantes o gratificantes (incluso el deseo sexual puede verse afectado).
  • Sentimiento de soledad, desesperanza, inutilidad o incapacidad.
  • Problemas a la hora de concentrarse o llevar a cabo tareas incluso sencillas.
  • Sentimientos de culpa, abandono u odio hacia uno mismo
  • Lentitud o rapidez en los movimientos
  • Deseos de muerte, ideaciones o intentos de suicidio
  • En el caso de los niños se manifiesta de forma diferente, pero es importante prestar atención a posibles cambios importantes en el sueño, el comportamiento o el rendimiento escolar

Sobre todo en el caso de algunos tipos de depresión, su aparición está muy relacionada con particularidades bioquímicas y hormonales dentro de nuestro cuerpo y cerebro. Por ejemplo, las personas deprimidas suelen mostrar altos niveles de la hormona cortisol y otros agentes químicos como los neurotransmisores – una sustancia química que se encarga de transmitir la información de una neurona a otra.

En muchos casos existe un componente hereditario genético. Por otro lado, una historia familiar en la que la depresión sea recurrente, aumenta las posibilidades de ser más sensible a padecer episodios depresivos. También se relaciona con procesos de aprendizaje que vamos desarrollando, así como la visión que adquirimos del mundo, sobre todo cuando el entorno es poco constructivo o alentador.

La depresión también se asocia al uso de algunos fármacos así como a procesos hormonales y enfermedades como la diabetes o las migrañas. En esta línea, pacientes diagnosticados de cáncer, Párkinson o Alzheimer, entre otros, también suelen mostrar mayor tendencia a padecer este mal.

Si bien es verdad que se ha visto mayor porcentaje de incidencia en mujeres que en hombres, en particular asociadas a etapas como el embarazo o el post-parto donde aumenta la sensibilidad, los percances o cambios a lo largo del ciclo vital son también causa generadora de muchos episodios depresivos: problemas laborales sentimentales o familiares, rupturas amorosas o separaciones, pérdida de personas allegadas, épocas de estrés, cambios inesperados, abuso de sustancias, situaciones traumáticas (maltrato, abuso, accidentes).

Si bien es cierto que el haber sufrido depresión alguna vez, predispone a volver a sufrirla en algún momento, puede catalogarse de forma clínica de varias formas, en función de cómo o cuándo haya tenido lugar. Algunos habituales son:

  • Depresión mayor
  • Distimia
  • Trastorno afectivo estacional (TAE)
  • Trastorno del estado de ánimo producido por el abuso de sustancias
  • Trastorno disfórico premenstrual
  • Depresión post-parto

Existen trastornos como el desorden bipolar que anteriormente se encontraban asociados a la depresión pero que ahora según la clasificación oficial pertenecen a otra categoría, en ese caso también es habitual que aparezcan episodios depresivos.

En cualquier caso, la depresión nos hace ver la vida a través de unas gafas negras, nos dificulta encontrar estímulos positivos o incluso placer en las cosas que hacemos, lo que acaba extendiéndose a los diferentes planos

Por supuesto, al igual que la ansiedad es una de los problemas que más a menudo nos llevan a la consulta de un psicólogo, sólo que a veces esperamos mucho tiempo hasta que ya no podemos más. El abordaje de la depresión se puede hacer desde muchos marcos terapéuticos en función de las necesidades de cada persona así como la formación del profesional.

A veces es habitual el uso de sustancias farmacológicas, en función de la gravedad de la situación, sin embargo, es necesario revisar cuál es la historia de la persona; repasar sus vivencias y comprobar cuáles son los posibles precipitantes o causas, es fundamental para conseguir un cambio real mantenido en el tiempo.

El psicólogo/a o terapeuta nos ayuda a desarrollar nuevas formas de actuar y a crear dinámicas relacionales más saludables. Nos ayuda a cambiar la percepción que tiene el afectado sobre si mismo, y sobre su historia vital, para que así pueda construir un nuevo discurso y pueda percibirse a sí mismo de forma positiva.

Es posible superar la depresión con un poco de compromiso con la terapia y paciencia.