Terapia para la Ansiedad

Terapia Online contra la ansiedad

Es uno de los males más habituales en la sociedad moderna. Se manifiesta de diferentes formas, tanto a nivel físico como emocional. Es una especie de alarma que tu propio cuerpo dispara en forma de: estrés, temblores, taquicardias, náuseas, sensación de pérdida de control, inquietud, preocupación, dificultad para dormir, concentrarte o relajarte, miedo a que ocurra lo peor, etc.

La ansiedad hace que reaccionemos a situaciones cotidianas o habituales como si nos encontráramos ante una situación peligrosa o extrema. Los niveles de intensidad puede ser variados, y es habitual que aparezca incluso en situaciones que antes no suponían ningún problema para nosotros.

Todos experimentamos ansiedad en determinados momentos de nuestra vida. El mayor problema surge cuando esto se alarga en el tiempo, o hace que nos sintamos bloqueados, incapacesinseguros… Cuando impide que enfrentemos situaciones cotidianas, o afecta negativamente a la forma en la que construimos nuestro mundo.

Podemos ayudarte a manejar la ansiedad y paliar los síntomas. Comprender qué es lo que está llevando a tu cuerpo a reaccionar de esta forma para cambiar los hábitos y dinámicas y puedas sentirte más tranquilo en tu día a día.

Todo lo que necesitas saber sobre la Ansiedad

La ansiedad es un mecanismo defensivo, el principal problema tiene lugar cuando ésta se dispara y nos incapacita de alguna manera. No tanto como consecuencia a la exposición a un estímulo amenazante externo, sino como consecuencia del mundo interior de cada uno: los pensamientos que género, las explicaciones o interpretaciones que construyo acerca de lo que ocurre a mi alrededor, las cosas que digo sobre mí mismo/a… Si bien, es necesario especificar que puede sentirse ansiedad asociada a diferentes dificultades (como una fobia -entre otras-), pero el tratamiento es diferente.

Lo ideal es abordar la problemática antes de que se convierta en motivo de sufrimiento excesivo, para evitar que vaya a más y el sentimiento de nerviosismo, incapacidad, bloqueo o falta de control, se traslade a otras áreas de la vida. Por eso es positivo detectar su presencia rápidamente.

Puede que estés sufriendo de ansiedad y ni siquiera seas consciente de ello, es más habitual de lo que parece y puede confundirse con otros estados emocionales.

Detectar su presencia nos ayuda a comprender y abordar el problema. Lo primero que debes saber es que puedes experimentar síntomas fisiológicos, cognitivos o emocionales.

  • Taquicardia, pulso elevado, dificultad para respirar, sudoración excesiva, tensión muscular, mareos, naúseas o vómitos, problemas gastrointestinales, dolores de cabeza, temblores.
  • Irritabilidad, dificultades para concentrarse o dormir, preocupación constante, fatiga debido a la falta de descanso, miedo a que ocurra lo peor, pensamientos negativos recurrentes o auto-incapacitantes.
  • Nerviosismo, inquietud o impaciencia extrema, pánico o temor excesivo ante situaciones cotidianas, tristeza, sensación de bloqueo, pérdida de control o angustia.
  • La ansiedad también se relaciona con alteraciones en el apetito o el sueño: no ser capaz de comer o hacerlo en exceso o de forma compulsiva; insomnio, despertarse durante la noche, levantarse con la sensación de no haber descansado…

Experimentar estos síntomas un día puntual no es significativo y entra dentro de la normalidad. Cuando se sufre pueden aparecer de forma aguda o llamativa una vez cada cierto tiempo, o visitarnos de forma recurrente, pero suelen estar asociados a un miedo (no siempre consciente) que se vive con intensidad.

Cuando nos impiden mantener nuestro día a día con normalidad o nos alejan de nuestros objetivos vitales, es importante hacer una parada y abordar la situación.

Las causas de la ansiedad pueden ser variadas y depende de las características de genéticas y de personalidad, así como de la historia vital y familiar de la persona. Incluso a algunas enfermedades o problemas médicos están relacionadas con su aparición.

Hablamos por tanto del papel de factores biológicos y genéticos. Además de procesos de aprendizaje que desarrollamos desde la infancia hasta la madurez: patrones relacionales o del afrontamiento del estrés, estilo de vida, factores ambientales (contexto y redes de apoyo…) etc.

Enfrentarse a situaciones traumáticas, estresantes, o cambios significativos puede resultar determinante. El consumo de drogas, incluso el propio estilo o ritmo de vida, pueden ser también motivos suficientes de cara a desarrollar un problema de ansiedad.

La ansiedad se manifiesta de muchas formas, no siempre asociada a un trastorno específico, aunque algunos de los cuadros clínicos más habituales son: trastorno de ansiedad generalizada, trastornos obsesivo-compulsivo, fobia social, fobia específica, agorafobia, está muy asociada también al trastorno de estrés postraumático etc.

De alguna forma hace vivir la vida desde el miedo, lo que acaba suele afectar a diferentes áreas de la vida.

La ansiedad es una de las razones que acerca a más personas a la consulta del psicólogo. Se han realizado múltiples estudios, por lo que el abordaje terapeútico de la ansiedad tiene habitualmente efectos muy positivos.

La terapia ayuda a frenar y paliar los síntomas, enseñándonos a abordar las situaciones estresantes o malestares de una forma diferente a la habitual.

Se crean nuevos pensamientos o explicaciones, que reducen y deconstruyen los pensamientos negativos o destructivos que nos incapacitan.

La gestión de las emociones cambia, se aprende a identificar lo que siento en cada momento, además de nuevas formas de expresión emocional o de gestión de conflictos.

Todo ello genera cambios en la rutina diaria y las dinámicas relacionales con las personas de alrededor, con el fin de encontrar la tranquilidad y el equilibrio, e impedir que sea el miedo quien maneje mi día a día.