Te está tratando mal

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Admitámoslo: a veces la relación de pareja no funciona y a veces eso sucede no porque nuestra pareja no nos haga felices (nadie es perfecto) sino porque nos trata mal y, aunque parezca increíble, no somos capaces de decirle: amor, sintiéndolo mucho,  ahí te quedas.

Es muy triste, pero es lo que hay. ¿O no?

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De acuerdo, mucha gente piensa que mejor mal acompañados que solos, que mejor malos conocidos que buenos por conocer, que mejor que me trate mal a que no me trate nadie… ¿Mejor? ¿Qué es mejor, quedarte junto a alguien que te trata mal (y hay muchas maneras de  tratarte mal) o enfrentarte a una soledad que puede que no sea tan mala?

Como somos seres humanos hay veces que nuestro radar de maltrato  se apaga y nuestros índices de calidad de las relaciones se desajustan, se desafinan, ¡maldita sea, se averían! Esto hace que se nos escapen algunas cosillas importantes sobre cómo debe tratarnos alguien que se considera nuestra pareja. Por si acaso tu radar está fundido y fuera de cobertura vamos a refrescar  algunas nociones básicas, para no confundirnos.

Recuerda que:

Si se interesa por lo que haces te está tratando bien, pero si controla lo que haces… te está tratando mal.

Si te dice que hay gente de tu entorno que no le gusta está siendo sincero, pero si te indica/ordena  con quién puedes relacionarte y con quién no… te está tratando mal.

Si levanta la voz cuando discutís es porque es un ser humano, pero si te chilla con agresividad eso también es una manera de insultarte…por lo tanto, te está tratando mal.

Si te dice que te quiere probablemente es porque es cariñoso, pero si combina eso con pegarte, menospreciarte o amenazarte entonces lo de que te quiere es mentira y la verdad es… que te está tratando mal. (Repite conmigo: es-men-ti-ra, me-está-tratando-mal. No importa  si aún no te lo crees, lo importante es que ese mensaje vaya calando en ti).

Así que nota mental a modo de resumen: ¿tu pareja te controla, te insulta, te pega, te amenaza y te da órdenes? Da igual cómo lo maquilles: ¡te está tratando mal y no es una pareja adecuada ni para ti ni para nadie! Vamos, que no te quiere, no le demos más vueltas.

¿Qué hago entonces? ¿Cuál es la decisión adecuada? Lo fácil sería contestarte que, evidentemente, si tu pareja te trata mal tienes que romper esa relación en 3, 2, 1, ¡¡¡YA!!! Luego, en la vida real fuera de los blogs, cada persona conoce su realidad, hecha de ataduras, de dificultades, de obstáculos que (hasta ahora) le están impidiendo salir de la cueva.

La buena noticia es que salir al exterior no solo es necesario y deseable, sino que, con más o menos trabajo, es posible. Lo primero de todo, y por resumir, vamos a identificar cuáles son esos pedruscos  que bloquean la covachuela en la que se ha convertido vuestra relación de pareja.

Al final son básicamente dos rocas gigantes: una es el  miedo anticipatorio (también conocido como “la bola de cristal de mis miedos”: me siento, hago de adivina/o y veo en la bola que en el futuro, si dejo a mi pareja terrorífica, estaré sola y eso me hará sentir fatal, tan mal que no lo soportaré. Pues eso se llama miedo anticipatorio, entre otras cosas. Y no, decir que ya he estado sola/o otras veces y que sé que la próxima vez que esté así será terrible no vale: cada momento es diferente y nadie conoce el futuro. La otra es una vieja conocida: la  autoestima baja  (¿realmente piensas que no puedes encontrar a nadie que se respete y que te respete? ¿de dónde te viene esta creencia venenosa de que mereces solo las migajas de una relación normal?).

Sí, son dos piedras gigantescas que te han atrapado en esa cueva conocida pero oscura en la que se ha convertido tu relación de pareja. Pero hablemos claro: la solución no está en poner luz en esa cueva, se trata de que salgas de ella y consigas una cabaña maravillosa (o que te quedes al aire libre, que tampoco te matará, de verdad, también es estupendo). Quizá tus brazos todavía no son tan fuertes como para mover esas rocas, no pasa nada: pide ayuda, haz pesas, toma decisiones, aunque sean pequeñas. No te conformes con vivir al lado de alguien con el que solo compartes una profunda insatisfacción, cuando no directamente un riesgo para tu vida. El mundo no se acaba en esa oscuridad irrespirable.

 

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