Talento: un arma poderosa que mueve el mundo

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 02 de marzo de 2018

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Todos tenemos un talento, un don, algo en lo que somos especialmente buenos y que nos hace brillar con un destello especial. Ese talento es una cualidad que, con toda probabilidad, despierta la admiración de los demás y hace que el mundo sea un lugar mejor: nuestro pequeño mundo, pero también el gran mundo de todos, al que cada uno contribuimos con lo que somos.

En pocas palabras, los pequeños y grandes talentos que todos los seres humanos tenemos son lo que permiten que la humanidad en su conjunto avance, que nuestra existencia sea más agradable y que el progreso nos permita desarrollar una existencia mejor, más plena y compleja.

De este modo, nuestros talentos no son simples cualidades, sino aspectos en los que destacamos significativamente por encima de la gente que nos rodea. Como acabamos de mencionar, son características que pueden mejorar nuestras vidas, inspirar a los demás y promover el bienestar de muchas personas. Nunca sabríamos cómo sería el mundo sin la obra de los grandes pintores, sin la creatividad de los grandes arquitectos, sin la lucidez de los grandes científicos, pero ahora que sabemos cómo es el mundo con todo eso podemos valorarlo mucho más.

Piensa también en la pericia cotidiana de tantas personas realizando pequeñas acciones admirables y cualificadas cada día y que son trascendentes también a escala reducida, aunque solo sea porque contribuyen al bienestar de todos y nosotros no las realizaríamos tan bien: tus familiares, tus amigos, tus compañeros de trabajo, la gente de la calle… seguro que son gente especialmente habilidosa con alguna actividad.

Desde un punto de vista más intrapsíquico, los talentos de todas las personas, sean los que sean, tienen un enorme impacto en nuestro autoconcepto -es decir, en la lista de características que consideramos que nos definen. Por tanto, también influyen en nuestra autoestima y de ahí en la convivencia y nuestras relaciones con los demás. Eso, las relaciones, es de lo más definitorio que tenemos como seres humanos.

Talento, no obligación

El talento, adecuadamente desarrollado, puede ser un regalo que le hacemos a la gente que nos rodea. Sin embargo, es importante tener en cuenta también que nunca debe convertirse en una obligación que le debemos al mundo: si no somos capaces de disfrutar nuestros talentos y convertirlos en aficiones, en pasiones, en características muy personales que hacen que nuestra vida individual sea más fácil y agradable, entonces tenemos un problema.

Sí, eso que tenemos puede ser muy valioso, podría dar mucho de sí, podría cambiarnos la vida, pero nuestro talento tiene que cambiárnosla a mejor primero a nosotros y luego a los demás. No estamos obligados a ejercitarlo ni a ejercerlo, no estamos obligados a fusionarnos con él, ni a definirnos en virtud de él: yo puedo tener un talento increíble para tocar el piano o para el bricolage, pero también soy mucho más que eso, y sería una persona igualmente valiosa aunque nunca hubiéramos descubierto que tengo este don.

De la misma manera, puedo tener cualidades que me convertirían en un virtuoso del deporte pero, en cambio, lo que me hace disfrutar y en lo que me gusta emplear el tiempo es en la cocina y la pintura, aunque aparentemente no soy tan brillante en esas áreas como en la que se supone que es mi gran talento, ese para el que estoy señalado por no se sabe qué dedo divino.

Si te sientes presionado por tu entorno, ten en cuenta todo esto. A través de su potenciación saludable y progresiva, nuestros talentos están ahí para hacer que nuestra vida sea mejor, no para convertirse en una tortura instaurada para satisfacer el egoísmo o el narcisismo de nuestra familia, nuestros amigos o, incluso, nuestro (gran) público.

Las dos caras del talento

Cada uno de nosotros y nosotras tiene sus dones. Está muy bien que sepamos cuáles son, que los fomentemos y los compartamos pero, como estamos indicando, no debemos permitir que sea al contrario, que nuestros dones nos tengan a nosotros, esclavizándonos y determinando el sentido de nuestra biografía. Dicho en otras palabras, salud es cuando nuestro talento nos ayuda, no cuando emborrona nuestra personalidad y nuestro carisma fagocitando al resto de nuestras cualidades.

Truman Capote (1924-1984) fue famoso por su extraordinario talento para el lenguaje: memorizar, escribir y reflejar la época en la que vivió a través de la literatura era lo suyo. Podríamos pensar que un talento tan potente como el que él tenía bastaría para hacer feliz a cualquiera; de hecho, más de treinta años después de su muerte es cierto que el talento de Capote sigue haciendo felices a miles de lectores en todo el mundo pero no está tan claro que sirviera para la felicidad del escritor de Nueva Orleans. De hecho, él mismo escribió en el prólogo de uno de sus últimos libros que “Cuando Dios le entrega a uno un don también le entrega un látigo, y el látigo es únicamente para autoflagelarse”.

Partiendo de unos orígenes familiares bastante excéntricos y desestructurados en los Estados Unidos profundos de los años veinte, con el tiempo el joven Truman logró ascender hasta el olimpo de la buena sociedad neoyorquina gracias a sus buenas (y seguramente también malas) artes. Sin embargo, hacia el final de su vida, el autor de Desayuno con diamantes acabó cayendo en desgracia por emplear su talento literario para generarse un sinfín de enemistades en su círculo social. Su legendario don para el humor, conocido por ser extremadamente inteligente e irónico, acabó convirtiéndose en veneno y resentimiento a medida que su salud mental se iba deteriorando.

Nunca debemos dejar que nuestros talentos marquen nuestra vida de esta manera, ni debemos permitirnos emplear nuestros talentos, nuestras cualidades más sobresalientes, para la destrucción de otros o de nosotros mismos. Date cuenta de la influencia que eso puede tener en tu ansiedad, en tu estado de ánimo, en la calidad de tus relaciones, en tu proyecto vital cotidiano y a largo plazo. Al fin y al cabo, ¿qué, si no nuestros dones, es lo que nos sacará a relucir, cuando nos miremos al espejo pero también de cara a los demás?

El talento es para el bien

Imaginemos que alguien tiene un gran talento para la electrónica y la informática. Esa persona va a encontrar un sinfín de oportunidades a lo largo de su vida para poner su don al servicio del bien pero también para ponerlo al servicio del mal.

Por ejemplo, puede focalizar su energía, su sabiduría, su talento peculiar, en la creación de una aplicación móvil que permita contratar un servicio terapia online. Esa terapia tendrá lugar sin desplazamientos y sin pedir hora. La informática -adecuadamente canalizada por alguien dotado para ello- puede permitir a miles de personas comenzar un cambio significativo en sus vidas junto a un psicólogo bien formado y supervisado.

Quizá no te has parado a pensarlo, pero hazlo ahora: cientos, miles de personas con poco tiempo, movilidad reducida, sordas, alejadas de la consulta psicológica más cercana, tímidas buscando ayuda desde la absoluta privacidad… cambiando sus vidas a mejor todas a la vez y cada día… Fenómenos así pueden transformar el mundo. En este caso el papel de los individuos con ese talento especial que mencionábamos es trascendental.

Sin embargo, ese hombre o mujer con un talento especial para la tecnología también puede optar, obedeciendo a diferentes razones, por convertirse en un hacker, un pirata informático. Puede dedicarse a invadir los móviles y los ordenadores de millones de personas o facilitar deliberadamente que otros lo hagan; puede colapsar diferentes servicios públicos y privados, anular información útil o extraer datos confidenciales que luego pueden ser utilizados para el chantaje masivo… Es la misma persona, el mismo talento puesto al servicio del bien o al servicio del mal.

El talento se trabaja

En cualquier caso, si quieres sacarle todo el partido posible a tus talentos recuerda que nunca basta con tenerlo, sino que hay que potenciarlo. Descubrir tus cualidades, entrenar las cualidades, dedicarles tiempo, compartirlas. ¿No estás seguro de tener al menos un talento, un don, alguna habilidad o cualidad que te hace especial? No pasa nada. La buena noticia es que te quedan partes maravillosas de ti por descubrir, fomentar y disfrutar. La otra buena noticia es que eso es posible. La tercera buena noticia es que puedes tomar una buena decisión que cambiará tu vida y la de los demás, a pequeña o gran escala (¿quién sabe?) pero que igualmente merece la pena: ponte en manos de un especialista, un psicólogo o psicóloga que te acompañe en tu viaje de autodescubrimiento y desarrollo personal. Estamos preparados para ello y estaremos encantados de acompañarte en esa experiencia.

 


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