¿Qué significa ser viejo? Una nueva forma de entender la edad

Por Raquel Ruiz Juárez
Publicado 31 de enero de 2018

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Si vamos al diccionario -por ejemplo al de la RAEy buscamos la palabra viejo, aparecen varias definiciones. La primera de todas es: “Dicho de un ser vivo: De edad avanzada”, que no tiene por qué ver con la siguiente definición, también recogida en la RAE, “Deslucido, estropeado por el uso”.

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Parece una tontería comparar ambas definiciones, ya que claramente se refieren a diferentes cosas. Sin embargo, podemos ver cómo a veces se trata a las personas “mayores” (ahora hablaremos del término mayor) como algo estropeado por el uso. Por suerte, esta costumbre está cambiando.

 

¿Es esa la realidad?  ¿Cuándo somos viejos?

Si pensamos en personas mayores, viejas, se nos puede venir a la cabeza la imagen de la típica abuela o abuelo. Alguien que quizá ha dejado de tomar decisiones por él mismo, parece que se ha “rendido” a la vida y a que los jóvenes decidan por él o ella. También podemos pensar, por el contrario, en las personas mayores todoterreno que no paran, que siguen encargándose de todo como han hecho toda la vida, que asumen de alguna manera la responsabilidad de sacar adelante su vida y la de su familia.

Ambas formas de llevar la vejez son correctos. Lo interesante es que, como en la mayoría de ocasiones en que hablamos sobre el ser humano y su comportamiento, no son las únicas formas de vivir esta etapa.

Si empezamos a describir tipos de personas mayores puede que no terminemos nunca. Al igual que si nos ponemos a describir tipos de personas jóvenes, ¿os imagináis cuántas páginas ocuparía este post?

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Esta cuestión tan sencilla es muy importante de cara a comprender cómo tratar a las personas, tengan la edad que tengan. A menudo vemos comportamientos hacia determinadas personas que se basan en los estereotipos, por ejemplo en los que hemos mencionado antes, la abuela resignada o la abuela todoterreno.

Cuando estemos en compañía de una persona (más) mayor que nosotros, lo único que tenemos que tener en mente es que es una persona. Alguien que ha vivido situaciones que la han hecho ser quien es a día hoy. Ser de una determinada forma no va asociado a la edad. Va asociado a nosotros mismos, a nuestras vivencias, a la gente con la que nos hemos cruzado, a lo que hemos aprendido.

 

¿Me estoy haciendo mayor?

Si estás dentro del grupo de personas que empiezan a cuestionarse su juventud… no te preocupes, estás creciendo (siempre) y si eso lleva de la mano el envejecimiento, ¿qué tiene esto de malo?

Como decíamos antes, los tiempos han ido cambiando, la vejez se está entendiendo de una manera diferente. Por supuesto que hay aspectos que siempre permanecen cuando pensamos en una persona mayor: la sabiduría de la experiencia, el respeto, las costumbres… A veces pensamos también en la rigidez.

Pues bien, con el paso de los años -y cada vez vivimos más- los momentos vitales se van postergando y si antes los 40 eran la flor de la vida… ¡ahora lo son los 60! No sientas miedo por cumplir décadas, eso es una buena señal.

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Parece que, conforme vamos sumando años, vamos recortando en cosas: ¡Uy! Este vestido no me lo pongo porque no va acorde a mi edad. ¿Salir? Yo ya no estoy para esas cosas. ¿Un viaje? Prefiero quedarme en casa, yo ya he visto todo lo que tenía que ver.

Antes de tomar esas decisiones (respetables todas ellas), piensa durante un momento: ¿de verdad no tienes ganas de hacer nada de esto… o es que no tienes “edad”? ¿Eres demasiado viejo para eso?

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Ya sabéis eso que se dice tan a menudo, ¡ser joven es una actitud!

 

Ser viejo no es sinónimo de estar enfermo

Otra cosa muy común es pensar que ser viejo significa, sin lugar a dudas, estar enfermo. Evidentemente tu cuerpo cambia, tiene esos achaques de los que todo el mundo habla, pero, ¿nadie habla de los achaques de la juventud?

Sí, los achaques de la juventud son cometer errores, vivir experiencias que no hemos vivido nunca de una forma inexperta, quitarle importancia a la salud a largo plazo, entre otros.

Todo esto también son achaques. Lo son de otra forma, claro. Estos achaques se deben a que nos falta la sabiduría y experiencia que dan los años. Seguro que todos podemos visualizar alguna situación en la que alguien más joven que nosotros nos ha contado algo por lo que ya hemos pasado (y hemos aprendido) y en ese momento hemos pensado: “No sabes lo que te espera”.

Cada etapa tiene sus ventajas y sus desventajas. No pongamos todo lo malo en una sola etapa, ninguna es perfecta y de todas se aprende.

También hay personas mayores sin problemas de salud, sin demencias, sin alzheimer, con la memoria de un elefante, tengámoslas en cuenta a ellas también a la hora de pensar en esta etapa de la vida.

 

Y a las que, por desgracia, sufren algún tipo de patología grave, demencias o enfermedades degenerativas, cuidémoslas. Aunque una persona con enfermedad de alzheimer no se acuerde de quién es la persona que tiene delante, os podemos asegurar que se acuerda de lo que es que alguien la trate bien, de lo que es el respeto y de lo que es el cariño.

Lo más increíble de todo esto es que se  puede volver a experimentar una sensación (positiva o negativa) que va ligada a un recuerdo, incluso cuando no se está viviendo la misma situación o recordándola, sino enfrentándose a una situación similar.

Es decir, si una persona ha asociado el respeto y el cariño a una sensación agradable, a una emoción positiva, aunque no recuerde específicamente la situación en concreto, podrá sentir la sensación agradable cuando alguien se acerque a él o ella, de manera respetuosa y con cariño. Esto fue estudiado por Antonio Damasio y se denominó como marcador somático.

Que las emociones ganen cualquier batalla a la memoria debería darnos una pista de cómo tenemos que comportarnos con la gente que nos rodea (porque no se les va a olvidar).

 

¿Cómo afrontar la vejez?

Como decíamos, las cosas han ido cambiando. Ahora podemos ver a grupos de personas “mayores” viajando juntos, haciendo deporte o saliendo por las noches a bailar.

Todo esto forma parte de lo que podemos llamar como envejecimiento activo. Según la OMS , el envejecimiento activo es “el proceso de aprovechar al máximo las oportunidades para tener un bienestar físico, psíquico y social durante toda la vida. El objetivo es extender la calidad y esperanza de vida a edades avanzadas.”

Suena bien, ¿no? El envejecimiento activo es algo que podemos empezar desde que somos muy jóvenes hasta que no lo somos tanto. El objetivo es mantener y cuidar nuestra salud a nivel bio-psico-social. Es decir, cuidar de nuestro cuerpo, de nuestra mente y de nuestras relaciones sociales.

Se trata de continuar haciendo lo que comentábamos antes: no parar de vivir, no recortar en actividades o cuidados porque nos estemos haciendo mayores.

Hacer actividad física, aunque sea dar un paseo diario. Hablar con tus amigos mientras disfrutas de una bebida al sol. Cuidar tu mente, tu estado de ánimo, hacerlo con pequeñas cosas, compartiéndolo con un profesional que te apoye, lo que sea que necesites para sentirte bien.

La salud y el bienestar no tienen edad, no te pongas límites.


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