Resiliencia: 4 características para brillar tras la tormenta

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Ante una adversidad, del tipo que sea, se pone a prueba nuestra resiliencia. No se trata solo de resistir, ya que esto en realidad es bastante “fácil”: a no ser que un tornado te pase por encima, o que te asesinen, normalmente sigues aquí después de recibir un duro golpe, pero eso es “solo” resistir, no ser resiliente.

Se trata, por tanto, de algo más que de aguantar el golpe: una vez que hemos recuperado nuestra posición y nos hemos cerciorado de que seguimos aquí a pesar de todo, es importante encontrar la manera de salir fortalecidos de lo que ha ocurrido. Es como si la vida te dijera: ya que lo has sufrido, pon en marcha tu capacidad para sacarle provecho, para hacer que cunda. Esa capacidad es lo que los psicólogos (inspirándonos en los físicos) llamamos resiliencia. Todos la tenemos, en mayor o menor medida. Gracias a la resiliencia, una vez que la tormenta pasa podemos hacer revisión de daños y descubrir que ahora somos más fuertes.

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Los coches salen relucientes del túnel de lavado. Allí unos cepillos gigantescos, llenos de agua y jabón, los exprimen durante unos minutos para sacarles el brillo que tienen debajo de la capa de porquería que el día a día va depositando sobre ellos. Parece que esos rodillos que dan vueltas sobre el capó, las puertas y el techo se lo van a tragar mientras tú permaneces encapsulado en el interior, pero luego se obra el milagro de la tecnología: nuestro vehículo emerge pulido y como nuevo de ese masaje jabonoso que le sirve como puesta a punto. Bien, las adversidades por las que atravesamos los seres humanos no siempre están llenas de agua y jabón, pero sí son rodillos que nos oprimen, dando incluso la impresión de que nos devoran, pero también pueden dejarnos con un brillo nuevo una vez que dejan de aprisionarnos. Ese brillo, incluso sobre la chapa abollada de nuestro capó, es la resiliencia.

Como sucede a menudo en psicología, la resiliencia es una capacidad compleja, hecha de varias cosas. Una capacidad de capacidades, podríamos decir. Básicamente se trata de ser capaces de valorar los sucesos desagradables más como un reto que como una amenaza, amortiguando la tentación de caer en el victimismo (“todo me pasa mí”) o en el catastrofismo (“lo que me espera es terrible y nunca podré librarme de ello”). La resiliencia tampoco es negación pura y dura (“¿huracán?, ¿qué huracán? Mi casa está estupendamente”).

Al margen de todo esto, esas capacidades de las que se compone la resiliencia tienen que ver con lo siguiente:

Resistencia: no me tumba el primer golpe de viento que me viene, sino que soy razonablemente fuerte, aguanto el tirón, no me rompo. Esto quiere decir que soy una persona fuerte y flexible, con capacidad para adaptarme a cambios bruscos (y negativos) en mi día a día que, aunque me afectan, no hacen que yo deje de ser yo.

Optimismo realista: me focalizo en lo positivo -sin negar lo negativo- y tengo la expectativa de que el futuro no tiene por qué ser malo, sino que, incluso puede ser bueno. Esta actitud me ayuda a manejar mi miedo al futuro, rebajando mis preocupaciones, mi nivel de ansiedad, la sensación de juzgarlo todo como si fuera abrumador.

Capacidad analítica: entre todos estos destrozos soy capaz de ver un aprendizaje, un crecimiento, un brotecito verde que emerge de la lava reseca y dura, aunque sea tímidamente. No me centro solo en lo negativo, puedo establecer diferentes grados de gravedad dentro de lo que me ocurre y, hasta donde sé hacerlo, le doy a cada cosa su lugar e importancia, sin considerar que todo es gravísimo e irreparable.

Paciencia: primero me repondré, después reconstruiré ladrillo a ladrillo lo que se ha derrumbado, luego viviré esa nueva vida y, mientras tanto, lo disfrutaré en la medida en que la situación me lo permita, porque para eso sigo aquí. Sé ir paso por paso, tolerando que en mi proceso de reponerme habrá cosas que irán más rápido que otras pero identificando lo antes posible la parte buena, la parte de mí que se ha conservado y que ahora es más sabia.

¿Has pasado por sucesos realmente estresantes y estás en proceso de reconstrucción? Los psicólogos podemos ayudarte a potenciar tu resiliencia, fortaleciendo estos cuatro componentes que hemos comentado, ¡anímate a consultarnos!

 

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