¿Quién eres tú en tu familia?

Por Paloma Fernández Villar
Publicado 11 de mayo de 2018

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La familia tiene un papel fundamental en el desarrollo de la personalidad y en el bienestar afectivo. Los psicólogos llevamos años tratando de descubrir cómo funcionan las familias, de qué manera influyen en cada persona y cómo actúa cada una de ellas dentro de su entorno familiar. Es decir, quién es quién en su familia.

También sabemos que cada persona interpreta un papel dentro de su familia. Este rol nos ayuda a saber qué esperar de cada miembro del sistema familiar, lo que nos permite llegar a anticipar cómo van a actuar los demás.

Piénsalo por un momento, ¿cómo reaccionaría tu madre si te hicieras un piercing sin contárselo? Probablemente tu madre no actuaría de la misma forma que otra madre, en otro entorno familiar. Esto ocurre porque cada familia desarrolla una dinámica familiar única. Cada familia es un mundo y establece unas reglas implícitas que sirven como una guía de actuación para cada persona.

Aunque no lo creas, tú también desempeñas un rol dentro de tu familia. Probablemente hayas adoptado un papel que conlleva una serie de funciones en tu dinámica familiar. Quizá tu rol esté relacionado con el cuidado de los demás y te sientas cómodo apoyándolos emocionalmente. O a lo mejor eres alguien más práctico y prefieres ocuparte de tareas como hacer la compra o ayudar con la declaración de la renta.

El rol que tienes en tu familia

El rol que desempeñas en tu familia puede cambiar a lo largo de tu vida, es más, seguramente haya cambiado ya. Si recuerdas tu adolescencia es probable que te resulte familiar esa sensación de no encajar en tu familia, de “ser un incomprendido”. Durante la adolescencia, además de los cambios físicos evidentes en nuestro cuerpo, también experimentamos cambios relacionados con la búsqueda de nuestro lugar en la sociedad, lo cual repercute en nuestro sistema familiar.

Nuestras necesidades cambian con el tiempo. Buscamos modificar ese rol que se nos había asignado hasta ahora y esperamos que el resto de miembros se adapten a este cambio. Sin embargo, uno de los problemas más comunes que encontramos en las dinámicas familiares es el proceso de adaptación al cambio de rol de alguno de los miembros de la familia. En muchas ocasiones, los miembros no aceptan este cambio de rol.

El nacimiento de un hijo o hija supone un aprendizaje vital en el que la crianza se convierte a veces en una difícil batalla. Los padres pueden llegar a sentir mucha inseguridad en la educación de sus hijos porque desean hacerlo de la mejor forma posible. El estilo educativo que empleamos en la crianza de los hijos e hijas influye en el desarrollo social y emocional de cada miembro de la familia.

 

Identificar el estilo educativo

Criar a un hijo no es tarea fácil y hay muchos caminos que llegan al mismo objetivo. No existen recetas mágicas en la educación de un niño y es importante tenerlo en cuenta. Cada familia es única y tiene un estilo educativo singular. Este estilo educativo puede cambiar con el tiempo, quizá porque ya no resulte tan eficaz como antes o, simplemente, porque los miembros de la familia van cambiando sus necesidades.  

Diana Baumrind, psicóloga pionera en el estudio de los estilos parentales, propone cuatro estilos educativos en la crianza de los hijos. Cada familia puede pertenecer a una u otra clasificación o presentar rasgos de un estilo y de otro. Ten en cuenta que esta clasificación hace referencia a patrones generales de crianza. Estas son las características que presentan cada estilo educativo:

  • Estilo autoritario: suele estar relacionado con el control de los hijos e hijas y con normas muy estrictas. No se facilita el diálogo por lo que los niños no aprenden a ser comunicativos con los demás.
  • Estilo permisivo/sobreprotección: sigue un patrón de poca autoridad y escasos límites. El problema surge porque los niños no aprenden a tener responsabilidades y desarrollan una dependencia hacia sus padres que les desarrollar estrategias de afrontamiento ante las dificultades que se les presenten.
  • Estilo democrático: se utilizan el razonamiento y la negociación. Se desarrolla una comunicación bidireccional, es decir, se tienen en cuenta las necesidades de los padres y los niños. Se establecen responsabilidades y se fomenta la autonomía de los pequeños. Este estilo ha demostrado presentar menos conflictos entre padres e hijos. La idea es preparar a los niños para el camino y no el camino para los niños.

¿Cómo es la familia ideal?

No disponemos de un manual que indique cómo debemos comportarnos para ser una familia ideal. La familia tiene un papel fundamental en la base de las relaciones sociales y, por lo tanto, proporciona la educación en valores y principios necesarios para vivir en sociedad.

Por lo tanto, la familia ideal será aquella en la que cada uno desenvuelve un rol en el que se siente a gusto. Será un espacio en el que fluye la comunicación entre los miembros y donde las relaciones familiares se basan en la confianza.

Para conseguir que una dinámica familiar sea lo más sana posible existen una serie de puntos a tener en cuenta:

Normas de convivencia claras: que cada miembro conozca cuál es su rol dentro de la familia y qué funciones se esperan de él. Con esto conseguimos establecer unos límites claros que serán muy útiles a la hora de vivir en sociedad.

Herramientas para solucionar conflictos: lo cual se consigue con una buena comunicación entre los miembros de la familia, respetando y teniendo en cuenta las expresiones de cada uno.

Distribución equitativa de las tareas del hogar: con el tiempo se está logrando que el reparto sea cada vez más equitativo, lo cual fomenta una adecuada autonomía personal para el futuro.

Aceptación y respeto de los miembros de la familia: estos son valores fundamentales para que los pequeños aprendan a convivir tanto con sus iguales como con el resto de las personas.

Como ves la familia es un sistema complejo en el que cada miembro tiene que encontrar su lugar y desarrollar la flexibilidad necesaria para desempeñar los roles que adquiere o se le asignan por parte de los demás Conocer esta realidad te ayudará a entender mejor las relaciones con tus parientes más cercanos y ver cuáles son las áreas en las que, como grupo humano, podéis mejorar.

 


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