Autoestima: ¿por qué es importante potenciarla?

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La autoestima es la valoración que tenemos sobre nosotros mismos, que puede ser positiva o negativa en función del autoconcepto, es decir, de cómo definimos la persona que somos. Así pues, diremos que tenemos una alta autoestima si nos valoramos de forma positiva, si pensamos en nuestros éxitos, en el esfuerzo empleado para llegar hasta ellos, cuando pensemos en nuestras capacidades, habilidades o aptitudes.

Tener una alta autoestima permite mirar al futuro con optimismo, luchar por nuestras metas, querer mejorar a nivel personal y profesional y tener confianza y seguridad en nuestras capacidades, incluyendo un optimismo realista sobre lo que nos espera en el futuro.

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Esta confianza se transmite a las personas que nos rodean de manera que, fruto de ese intercambio, ellas nos acaban tratando igual que nosotros nos tratamos a nosotros mismos. Si tú te quieres los demás también te querrán, pero en caso contrario es bastante más complicado. Se trata de quererse y respetarse, al fin y al cabo tú eres la única persona que va a estar contigo todo el tiempo aunque estés acompañado de otras personas. Por tanto, hay que aceptarse pero también ser capaz de cambiar los defectos grandes y pequeños de los que nadie se libra, como por ejemplo ser impuntual o desorganizado para alcanzar las metas que te propones.

Una buena valoración de uno mismo favorece que ayudemos a otros, porque si te sientes bien psicológicamente, piensas más en los demás y estás más dispuesto a ayudar. Verás los fracasos como parte de la vida y del aprendizaje en lugar de hundirte.

Una cuestión de control

En cambio, una persona con baja autoestima es alguien que se valora de forma negativa o se infravalora. Se fija más en sus fracasos que en sus éxitos siendo estos últimos originados en su mayor parte por factores externos (suerte, azar, terceras personas….), lo que en psicología se llama locus de control externo. Sin embargo, si atribuimos lo que nos ocurre a factores internos (capacidades, valía, valentía…) decimos que la persona tiene un locus de control interno: tiende a atribuir lo que le ocurre no al ambiente u otras personas, sino a, dicho resumidamente, su manera de ser.

En este caso, la persona se fija en sus defectos tendiendo a hacerlos universales. La autoestima baja la lleva al conformismo para justificar lo que le ocurre en su vida. No tiene afán de superación sino, más bien, de resignación, de manera que no consigue sus objetivos porque no se considera válido o merecedor. Se compara siempre con los demás, tiene una imagen distorsionada de sí misma.

En cuanto al origen de la autoestima, esta se genera en la infancia, desde los primeros encuentros con los padres, cuando somos bebés. Ellos hacen una valoración de nosotros y en base a ello determinarán su comportamiento. Lo que nosotros vemos es el reflejo de cómo nuestros padres nos miran, es decir, si ellos nos miran de forma positiva aceptándonos y valorándonos como somos tendremos una alta autoestima. En caso contrario, el resultado será una baja autoestima.

Los factores que explican una buena o mala autoestima son la historia de triunfos que has tenido a lo largo de tu vida y cómo te has sentido respecto a ello. Si te has sentido orgulloso o, por el contrario, no les has dado importancia o los has menospreciado. También tiene que ver con el respeto, la aceptación e interés que te demuestran las diferentes las personas de tu vida.

Jacques Lacan, un famoso psicoanalista francés, estudió detenidamente este fenómeno. Según él, cuando el niño pequeño, alrededor del año y medio de vida, se mira en un espejo por primera vez lo que en realidad está viendo es la mirada de la madre, cómo le mira la madre. Si esta le mira expresando cualidades positivas, el niño sentirá lo mismo hacia él, se gustará, se querrá y, por tanto, generará una autoestima positiva.

Esto no se queda aquí sino que, a lo largo de nuestra vida, la autoestima se va conformando en función de la valoración que hagan de nosotros el grupo de iguales en la infancia, los amigos de la adolescencia, las parejas, los trabajos, etc.), esas personas que nos van acompañando en nuestro camino. Esa autoestima fluctuará, ya que pasaremos por periodos complicados y difíciles. Sin embargo, no depende exclusivamente de los demás, sino que está en nuestra mano valorarnos y amarnos de forma positiva con nuestras virtudes y nuestros defectos. Se trata de volver a levantarme y valorarme cuando me caiga.

La autoestima no es estática ni permanente. Al contrario, va cambiando a lo largo de la vida según las experiencias que vivimos. A veces se deteriora, por ejemplo cuando nos despiden de un trabajo o cuando se rompe la relación de pareja, ante una grave enfermedad, etc. En esos casos muy importante la capacidad para volver a recomponernos. En muchos casos se necesita la ayuda de un psicólogo que nos ayude a volver a ser quien éramos, o mejor dicho, que nos permita aprender de nuestros fracasos para que nos aceptemos tal y como somos.

En otros casos, la baja autoestima lleva nos acompaña desde siempre, hemos aprendido a vivir con ella sin darnos cuenta de que realmente nos frena ante la vida. Lo tenemos automatizado, de manera que, si no me valoro lo suficiente, no voy a conseguir objetivos. Puede implicar la posibilidad de desarrollar problemas psicológicos como ansiedad, depresión o trastornos de la conducta alimentaria, entre otros.

Detrás de la mayoría de los problemas psicológicos se esconde baja autoestima. Pensar que no somos lo suficientemente buenos o tener poca confianza en uno mismo acaba provocando alteraciones psicológicas. También puede implicar problemas en el trabajo o en la pareja, ya que, si la persona no se valora lo suficiente, los demás pueden aprovecharse de la situación, como ocurre en el caso de la violencia de género. Por eso debemos trabajar con ello día a día.

 

Potenciar la autoestima

Una forma de trabajar con la autoestima es, por ejemplo, escribir en un folio características positivas nuestras, ya sean físicas o psicológicas. Es una manera de autoelogiarnos. No estamos acostumbrados a decirnos cosas positivas y es algo que debemos aprender. Tenemos que darle más importancia a las características positivas en lugar de las negativas.

Otra manera de potenciar la autoestima es aprender a aceptarnos con nuestros defectos y virtudes. Si fallamos o nos equivocamos no pasa nada, no se acaba el mundo ni significa que seamos inútiles. La cuestión es no machacarnos cuando hemos hecho algo mal, sino hacer una autocrítica constructiva -no destructiva- en la cual se propongan soluciones u otros modos de actuar. Y, si no conseguimos hacerlo bien a pesar de haberlo intentado varias veces, tenemos que asimilar que no podemos hacerlo. Aceptación también significa saber comprender nuestros límites.

También mejoraremos la autoestima conociendo los pensamientos negativos sobre nosotros mismos dándonos cuenta de cómo funcionan. Se trata de desmentir lo que pensamos y eliminar la inferioridad que acompaña a los pensamientos. En definitiva, cambiar pensamientos que nos limitan. Por ejemplo, si pienso que soy incapaz de hacer algo es muy probable que lo haga mal; en cambio, si me siento capacitado lo haré y lo haré bien. Además, debemos aprender a valorarnos de un modo objetivo viendo lo positivo, no solo lo negativo.

Trabajar con las habilidades sociales será fundamental de cara al autoestima, ya que si aprendemos a expresar opiniones y sentimientos de manera asertiva tendremos una mejor imagen de nosotros mismos y, por tanto, nos daremos una buena valoración, lo que hará que nos sintamos capaces y con confianza.

Otro tipo de técnicas son las de visualización que consisten en imaginarte con tus cualidades positivas y logrando tus objetivos: verte como te gustaría ser. Si tienes esa imagen positiva de ti mismo es más probable que alcances tus objetivos y, en consecuencia, la felicidad. Al fin y al cabo, ser feliz es sentirse bien con uno mismo. Cuida tu alimentación cada día, tus horas de sueño, tus hobbies. Pasa tiempo con aquellos que quieres y te valoran, no te juzgues con dureza. Si no has hecho algo bien piensa qué puedes hacer para que la próxima vez salga mejor. Siempre con optimismo.

Como ves, hay muchas técnicas para practicar la autoestima. Ten muy en cuenta que es necesario cambiar toda una serie de pensamientos que son los que nos limitan y los que no nos dejan avanzar. Si no cambiamos esos pensamientos no sirve de nada decirnos cosas positivas. Hay que ver de dónde vienen los pensamientos para poder enfrentarnos a ellos y dejarlos a un lado cambiándolos por otros más constructivos.

Las consultas están llenas de personas con baja autoestima que han desarrollado problemas psicológicos. Así que si te das cuenta de que te infravaloras o no te quieres lo suficiente sería muy bueno acudir a un profesional que te ayude a potenciar tu autoestima.

 

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