¿Por qué me avergüenza decir que nos conocimos en Tinder?

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Expectativas, autoimagen, emociones, motivaciones diversas… Las apps de ligue parecen un juguetito inocente de “la juventud de hoy en día” y acaban siendo un cajón de sastre en el que se ponen en juego aspectos muy relevantes de nuestras relaciones sexuales y afectivas. También de la manera que tenemos de establecerlas.

Cualquiera puede descargarse una app de ligue y confeccionar un perfil con cuatro datos y una foto (o ninguna). Sin embargo, está claro que no todo el mundo sabe hacer un buen uso de esas apps y que, por tanto, estas herramientas no son para todo el mundo.

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Desde hace aproximadamente una década este tipo de aplicaciones acompañan nuestras búsquedas de “pareja”, ya sea para un encuentro sexual más o menos rápido y casi siempre esporádico, o con vistas a iniciar una relación estable.

Hasta aquí todo parece fácil y divertido. Como vivimos en sociedades modernas y liberadas esto no supone ningún problema para nadie…

Pero sí que hay un problema y es que no todo es tan moderno y liberado como parece. El problema, de hecho, viene de esa dosis de incoherencia que acompaña al uso que demasiadas personas hacen de las apps para ligar. Buscan pero se avergüenzan de lo que buscan o, al menos, se avergüenzan de los métodos de búsqueda. Sabemos que antes o después “todo el mundo” busca algún tipo de relación y que este tipo de apps ya no son un fenómeno nuevo en absoluto, pero luego nos volvemos tímidos para admitir qué hacemos y cómo lo hacemos, como si fuera algo malo que se debe ocultar.

Creemos que vivimos en sociedades modernas y liberadas pero las apps de ligue nos demuestran que no es del todo así

“La tengo pero no la miro”, “La voy instalando y desinstalando, no le hago mucho caso”, “La tengo y la uso, pero la oculto del panel de inicio de mi móvil y desactivo las notificaciones: no es que me dé vergüenza, es por privacidad”. Estos son solo tres ejemplos de actitudes que pueden esconder una pequeña (o enorme) dosis de vergüenza hacia el hecho de utilizar una app de ligue, sea cual sea.

De acuerdo, estas explicaciones no tienen por qué ser excusas baratas para ocultar la vergüenza por usarlas. Podemos admitir que hay muchos tipos de usuarios de apps de ligue y que no todos son igual de intensos ni militantes. De este modo, puede haber personas que las tengan descargadas por si acaso pero que luego no las usen, personas que solo las descarguen cuando las van a usar y luego las quiten y personas que, simplemente, sean “muy organizadas” con lo que tienen descargado en su móvil.

Admitido. Quitando estos tres tipos de usuarios, lo cierto es que no tiene mucho sentido descargar una app de ligue que no uso, instalar y desinstalar cada dos por tres una app de ligue y esconder y silenciar mi app de ligue si no tengo ningún problema en que alguien se entere casualmente de que está en mi móvil al primer golpe de vista u oído.

Guillotina Grindr

El mundo gay abrazó desde el primer momento las prestaciones que ofrecen las apps de contactos. Al fin y al cabo, para cualquier minoría siempre es útil contar con herramientas que agilicen los encuentros entre sus miembros. Su buque insignia es Grindr, que, años después de su aparición, sigue siendo la aplicación para ligar más utilizada en este colectivo.

El uso de Grindr es bastante sencillo: puedes crear un perfil con diversos datos “de interés” sobre tu físico y gustos sexuales -entre otros aspectos- y acompañarlo de varias fotos, o bien un perfil completamente vacío que te permita ver sin ser visto. Una vez que detectas a un chico interesante puedes darle un toque o hablarle sin más preámbulo, así como enviarle fotografías y notas de audio.

Una vez más, hasta aquí todo fácil, divertido y, en principio, aceptable. Pero no. Porque, si todo el mundo lo hace -o lo ha hecho- y si buscar sexo lúdico y sin compromiso no es nada malo, ¿por qué hacerse un perfil vacío o enseñar una foto en la que no se ve la cara? Y lo que puede llamar aún más la atención: ¿por qué esa obsesión con pedir explícitamente “discreción”? Sencillamente porque un gay con teléfono móvil y conexión a internet no deja de ser alguien ancestralmente entrenado para sentir vergüenza hacia sus gustos.

No hablamos, por supuesto, de personas que se niegan a enviar fotos en las que salen desnudas aunque recorten su cara, ya que está muy bien por quien las envía pero también es muy razonable que no se quiera hacer. Hablamos de lo paradójico, por no decir absurdo, que resulta estar en una app de ligue sin enseñar, al menos, la cara.

Excusas para no hacerlo hay muchas (quienes las emplean las llaman “explicaciones razonables”). Sin embargo, las razones verdaderas de todos esos usuarios se resumen en una: te avergüenzas de usar Grindr. En ese caso, no importa si te avergüenzas de usarlo por la presunta mala reputación de esta app, si te avergüenzas de estar en una app orientada fundamentalmente a la búsqueda de sexo (entre otras cosas) o si te avergüenzas porque estás siendo infiel a tu pareja y quieres pasar desapercibido.

La cuestión es que, aunque la uses, te avergüenzas. Y esta sensación de incomodidad e inadecuación por hacer algo que consideras moralmente reprobable va unida a la falta de asertividad. Es decir, a la poca capacidad para trascender los prejuicios en contra del sexo lúdico (o la búsqueda 2.0 de pareja) y admitir abiertamente que dedicas parte de tu tiempo a ello, por ejemplo, a través de una aplicación telefónica. El resultado es ese esperpento tan frecuente de observar la pantalla de Grindr como si fuera un paisaje de la isla de las cabezas cortadas y a esa lluvia de peticiones sintetizadas en el sobado eslogan: “Doy y pido discreción”.

Equipo Tinder

La otra app de ligue emblemática es Tinder, utilizada tanto por gais como por heterosexuales. Ambas son idénticas en lo básico: vemos nuestros perfiles, me interesas, te intereso, quedamos… o no. Como hemos dicho, con Grindr la interacción se puede establecer de manera relativamente sencilla (te veo, te hablo) mientras que en Tinder tiene que establecerse un match entre dos personas, de manera que yo acepto que tú me hables. Esto promueve que haya más pasos hasta lograr la interacción y, por tanto, que el ritmo de la misma sea más pausado y reflexivo.

Como ya hemos dicho, a algunas personas les cuesta admitir que utilizan apps para conocer gente con intenciones erótico-festivas, sobre todo si las utilizan mucho. Desgraciadamente, no todo el mundo se siente cómodo admitiendo que su vida sexual se nutre de las apps o que ha conocido a su actual pareja a través de una quedada más o menos furtiva. O bien considera que puede admitirlo solo si ha sido a través de una determinada app.

Es difícil decirlo con rigor, pero da la impresión de que Tinder ha venido a solventar parcialmente el problema de la vergüenza. No lo ha hecho del todo, cierto, pero sí ha permitido que muchas personas que buscan algún tipo de pareja (sí, también pareja solo sexual) encuentren un contexto en el que esa búsqueda sea presentable públicamente, al menos para sus estándares.

De este modo, alguien te dice que ha conocido a alguien y cuando le preguntas si lo ha hecho en Grindr levanta las cejas escandalizado mientras contesta: “Por Dios, no, ¡en Tinder!”, como diciendo “¿Por quién me tomas?”. O bien una pareja comenta cómo se conoció, admite con presunta naturalidad que fue a través de una app, pero añade la coletilla: “Pero no a través de la app que estás pensando”, dando a entender que ciertas apps no son (tan) presentables en sociedad y que su relación no viene de ahí. Ellos son diferentes.

A pesar de lo que algunos usuarios de algunas apps se esfuerzan por creer, en realidad todas persiguen el mismo objetivo y todos sabemos cuál es. En cualquier caso, cada una tiene sus códigos internos y va dando lugar a una manera particular de comunicarse y de negociar los encuentros. Esto provoca que, poco a poco, cada una vaya atrayendo hacia sí a diferentes tipos de usuarios aunque -no nos engañemos- muchas apps en realidad comparten los mismos solo que estos se comportan de manera algo diferente en cada una.

Lo que olvidan quienes hacen distinciones rígidas entre apps presentables y apps que no lo son es que desde hace siglos se sabe que todos los caminos conducen a Roma. Aun así, este estilo de proteger la propia reputación sigue estando extendido.

Es importante tener claro para qué funcionan estas apps, conocer las normas no escritas de cada una y poner límites entre lo que quiero y no quiero hacer al usarlas

Por otro lado, cabría pensar que es igual de presentable quedar con alguien para un encuentro sexual sin muchas preguntas que quedar para ir dos veces al cine y una a cenar, pero ya hemos visto que esas personas no lo entienden así o, por lo menos, negarán haberlo entendido. ¿Por qué esta falta de asertividad? No hay duda de que los prejuicios sociales sobre cómo deben gestionarse las relaciones sexuales y afectivas, además de otras reticencias personales, dificultan tener una vivencia abierta y satisfactoria de las apps. Desgraciadamente, también animan a algunas personas a hacer juicios de valor sobre las costumbres de otras en sus propias apps.

Sea como sea, si a pesar de todo participas en el universo app de ligue queremos que tengas en cuenta las siguientes sugerencias:

Aprende a usarlas

Tómate tu tiempo para aprender cuáles son los códigos de comunicación que se usan en esa app en concreto y también cuál es el protocolo mínimo. No es muy difícil, normalmente ese protocolo se expresa a través de iconos (uno solo o combinado con otros), frases hechas que sirven para iniciar la conversación o sacar temas clave, y costumbres más o menos asumidas (qué tipo de fotos mostrar, qué hacer cuando alguien no me interesa, a quién debo o no debo contestar, etc.). Si ves que un elemento se repite y no sabes qué significa, simplemente pregúntaselo a alguien y matarás dos pájaros de un tiro: te enterarás de cómo funcionar mejor y, quién sabe, igual te sirve para romper el hielo con esa persona.

Decide qué quieres enseñar

Monta tu perfil solo con aquella información con la que estés cómodo/a pero piensa que una gran parte de lo que consigas va a depender de esa primera impresión. Sé coherente: si quieres potenciar tu parte intelectual e interesante quizá eso quede desdibujado si todas tus fotos son de piscina para arriba; por otro lado, si quieres que la gente se dé cuenta de la persona rabiosamente atractiva que eres no va a ser muy fácil si todas tus fotos son de lejos, esquiando o con el abrigo puesto.

No marees

En la jerga de diferentes apps de ligue, marear es el acto de hacer perder el tiempo a alguien con quien sabes que no vas a quedar para nada. Puede que no lo tengas todavía muy claro y te tomes un poco de tiempo para decidir si esa persona te interesa o no, pero no lo confundas con tontear indefinidamente o “calentar” a alguien (ya sea calentar la cabeza u otras zonas) si ya sabes que luego vas a desaparecer. El tiempo y las expectativas de la gente no son un juguete. No juegues con ellos.

No pierdas tu tiempo

Igual que no debes marear a nadie, no dejes que nadie te líe ni inviertas tiempo en seguir la interacción con alguien solo por mera cortesía. Una vez que has decidido que esa persona no te interesa lo suyo es que cortes la conversación para que tanto tú cómo la otra persona podáis dedicaros a otra cosa. No te dejes abrumar por la insistencia de alguien ni, por supuesto, entres en discusiones absurdas solo porque hayas dado con una persona conflictiva que va buscando pelea. Es una app de ligue, no es una cumbre de mandatarios y embajadores para decidir la paz mundial reflexionando juntos durante horas sobre el porvenir de la humanidad. Ten las cosas claras, corta cuanto antes y no que no te líen.

Por eso, ante todo, asertividad

Si no quieres revelar algún dato, no lo reveles. Si no te gusta enviar cierto tipo de fotografías, no las envíes (y recuerda advertirle a la otra persona antes de que ella lo haga que tú no lo harás). Si no te gusta esa persona, no quedes. Si quedas y descubres que no te gusta, acaba la quedada cuanto antes. Si ya estáis haciendo lo que sea que estéis haciendo y por lo que sea la situación ha dejado de ser cómoda o divertida, despídete y no mires atrás.

Ni croqueta ni bicho

No dejes que unas cuantas personas que no te conocen te hagan concluir que no eres sexy o interesante solo porque no quieren quedar contigo a través de una app. ¿No dicen las madres que para un roto siempre hay un descosido? Pues eso, un poquito de autoestima, que si no es con este será con el otro. Recuerda que ni eres alguien a quien nadie tocaría ni con un palo ni eres una estrella caída del cielo que le puede gustar a cualquiera.Y si piensas que esas personas que a ti te han gustado están todo el día quedando con quienes quieren estás en un grave error: nadie le gusta a todo el mundo y eso no convierte a la persona en fea, tonta, poco atractiva o antipática. Simplemente la convierte en humana. No midas tu sex appeal solo por tus resultados en una app de ligue, sobre todo si todavía no te has asegurado de que estás usándola correctamente y que no estás en pleno despiste.

Y, sobre todo, no te avergüences de que te guste el sexo, ni de que prefieras conocer a alguien bien antes de tener relaciones sexuales ni de intentar que todo eso pase a través de una app. El problema nunca han sido las herramientas, sino el uso que hacemos de ellas. ¡Buena suerte!

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