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¿Cómo identificar a las personas tóxicas?

Si nos paramos a pensarlo, el calificativo de “personas tóxicas” es bastante agresivo, aunque podamos sentir que está plenamente justificado en el caso de algunos individuos por su manera de comportarse en sus relaciones interpersonales. 

De este modo, a un nivel técnico no hablaríamos de “personas tóxicas” ya que, además de ser un término muy descalificativo (aceptable en en el lenguaje coloquial pero no tanto académicamente) también es muy relativo: hay que explicar a qué nos estamos refiriendo. En psicología hablaríamos, más bien, del efecto destructivo que ciertos rasgos de la personalidad de alguien, o su falta de habilidades interpersonales, tienen en sus relaciones, en su bienestar y en el de su entorno. No obstante, por simplificar y de manera contextualizada, utilizaremos en este artículo la expresión coloquial.

Para ello observamos cuál es su manera de dirigirse a los demás y relacionarse con ellos, cómo son sus relaciones amistosas, de pareja o de familia. Además, las personas somos complejas: no nos comportamos exactamente igual en todos los escenarios ni todas las personas despiertan en nosotros las mismas facetas. Por eso podemos resultar tóxicos o destructivos en algunas relaciones y, sin embargo, funcionar con relativa calidad en otras. En los casos más graves todas las relaciones de la persona están afectadas.  

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Rasgos de las personas tóxicas

Una persona puede “emitir toxicidad” de muchas maneras y lo percibimos cuando al interactuar con ella la relación acaba siendo problemática, nos hace sentir mal o, directamente, ese individuo abusa de nosotros o nos manipula. 

Existen tantos tipos de “toxicidad” en las personas o en las relaciones como, precisamente, personas. Cuando nos sentimos recurrentemente incómodos dentro de una relación (incomprendidos, presionados, abusados, no tenidos en cuenta, anulados, manipulados, desmotivados…) tenemos que examinar qué es exactamente lo que nos hace sentir mal cuando estamos en compañía de esa persona. ¿Es lo que dice?, ¿es cómo lo dice?, ¿nos trata mal realmente o es solo que su actitud no conecta con nosotros, pero el trato es correcto y no abusador? 

Hay gente que resulta “tóxica” porque su pesimismo constante nos exaspera y nos hunde. Otras personas resultan tóxicas porque siempre quieren tener la razón y dominar la comunicación. Son rígidas y resulta muy difícil comunicarse con ellas porque no escuchan ni tienen en cuenta al otro, le impiden sistemáticamente autoafirmarse, solo ellas tienen razón y acaban resultando muy anuladoras

Debemos saber que no todas nuestras relaciones funcionan bien siempre porque no siempre funcionamos bien en todas nuestras relaciones. A veces, por el motivo que sea, podemos como personas tóxicas (en algún grado) por ejemplo con nuestra pareja pero tener relaciones de amistad o familiares razonablemente sanas. O bien podemos ser hijos o padres relativamente despóticos y anuladores pero conectar perfectamente con nuestra pareja y que la otra persona no se sienta mal con nosotros. Obviamente, cuanto más extremas son las diferencias entre nuestras relaciones más sospechoso resulta, pero está claro que esa versatilidad existe. 

Una relación necesariamente implica a dos personas y se volverá tóxica solo con que alguna de las dos personas insufle toxicidad en ella. Lo interesante no es tanto si el tóxico es uno o los dos miembros de la relación, sino que es la dinámica entre ellos la que se vuelve perniciosa. Obviamente, al examinar las causas de que esto ocurra, puede ponerse muy de manifiesto que se debe sobre todo a la actitud de una de las dos personas. 

Cómo identificar a las personas tóxicas

Lo primero es tomar conciencia de cómo nos hace sentir una relación en general, no de manera puntual, porque un mal día lo tiene cualquiera. Es decir, examinar cómo me siento habitualmente cuando estoy con esa persona, o cómo esa persona me hace sentir. 

Luego ya determinaré si eso se debe a que él o ella pertenece al grupo de las personas tóxicas o bien si es una cuestión mía, pero lo primero es tomarle el pulso a la relación tomándome el pulso yo. Puedo probar a preguntarme: cuando estoy con esta persona, ¿tiendo a sentirme significativamente desanimado, asustado, anulado, incómodo, incomprendido, manipulado…? 

A continuación podemos plantearnos a qué se debe esa sensación: ¿es por cómo se comporta ella o son figuraciones mías, debidas a mis miedos o mi falta de asertividad? Esto siempre es muy subjetivo y, a menudo, puede ser una mezcla de las dos cuestiones: las relaciones son complicadas. 

En general, se trata de hilar fino y observar cuándo una persona es honesta o no. Cuándo es flexible, si escucha y da espacio al otro o intenta acaparar el poder en la relación. Si me trata bien o me trata mal, o me trata presuntamente bien pero en realidad es puro paternalismo para sentirse ella mejor y amarrarme. A no ser que la persona claramente insulte y maltrate, no hay termómetros perfectos para medir esto más allá del primer punto: si de manera repetida tiendo a sentirme incómodo en la relación es que algo pasa.  

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Cómo actuar ante una persona tóxica

Depende del rol que ocupe en nuestra vida y, por tanto, del nivel de dependencia que tengamos respecto a esa persona, que puede ser nulo o muy alto. También influye si nuestra relación se circunscribe a nosotros dos o bien tenemos un entorno en común. 

Si la persona que me resulta tóxica es un amigo aislado, es relativamente fácil alejarlo de mí una vez que he tomado conciencia de que me resta más que de lo que me suma, a no ser que yo sea una persona más bien sumisa o dependiente. En ese caso me costará mucho soltar amarras. 

Sin embargo, si la persona tóxica es mi madre, mi pareja o un miembro de mi grupo habitual de amigos entonces no es tan fácil cortar (matar la relación), sino que lo que hay que hacer es, de momento, transformar la relación guardando una distancia prudencial y más adelante ver si hay que seguir dando pasos hacia el alejamiento. 

Para ello hay que aprender a diferenciarse de esa persona, tomar distancia real y simbólicamente, informarse a un nivel “teórico” sobre cómo son las relaciones sanas y cómo son las personas tóxicas y aprender a poner límites a la inercia que existirá de volver a acercarnos… 

Si la relación tóxica se vuelve demasiado difícil de cortar entonces ya hay que contar con la ayuda profesional, especializada, de un psicólogo que pueda acompañarnos en el proceso de ver qué está ocurriendo. 

Conéctate ahora a nuestro chat y una de nuestras psicólogas guía te explicará cómo empezar hoy mismo tu terapia online con el terapeuta más adecuado para tu caso. 

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