Nido vacío: el cambio en la familia cuando crecen los hijos

 In Dependencia emocional, Familia, Soledad

En la vida de una familia hay cambios importantes que tienen que ver con el ciclo vital. Algunos de esos cambios son previsibles y forman parte de la evolución natural de esas personas. Los psicólogos los llamamos “transiciones normativas”, porque suponen un cambio que consideramos normal: en realidad no son algo inadecuado, aunque a veces generen dolor o desafíos a superar.

Uno de esos cambios más o menos progresivos se produce cuando los hijos abandonan el hogar familiar para vivir de manera autónoma. La casa va vaciándose poco a poco de hijos hasta que el último de ellos vuela, como vuelan los pájaros tarde o temprano tras salir del cascarón para vivir por su cuenta como aves adultas. Por eso, para hablar de este proceso que atañe a cada unas de las personas que lo viven y a todas ellas como familia se utiliza la metáfora del “nido vacío”.

 

Si, como madre o padre, te estás viendo en esta situación, habrás comprobado que el nido se vacía por fuera pero también se vacía por dentro.

Un nido vacío no es solo una casa cuyas estancias parecen ensancharse, una vivienda que se agranda al pasar a ser habitada por menos gente. También es un espacio interior que se transforma. El espacio exterior cambia, quizá con algunas reformas, redecoraciones, nuevos usos para las habitaciones de siempre. El nido interior (el espacio que como padres tenemos reservado en la mente y las emociones para los hijos) también sufre transformaciones. Es un espacio que tiene que ver con la identidad. No dejamos de ser padres cuando nuestra casa se vacía de hijos, pero en los pensamientos y emociones que nos hablan de quiénes somos nos convertimos en los padres de unos jóvenes adultos independientes. En otros casos los seguimos ayudando económicamente, pero también pasamos a ser los padres de unos hijos que han volado para descubrir por sí mismos una porción mayor del mundo de la que veían desde nuestra casa.

Date tiempo. Hay nidos que se vacían más o menos repentinamente y otros cuyo vaciado es largamente anunciado. Sea como sea, una vez que llega el vacío, el silencio, es necesario integrarlo, acostumbrarse a él, a sus nuevas formas, a esa nueva cantidad de aire disponible. Nadie ha dicho que tengas que lograrlo inmediatamente.

Un nido vacío te muestra una pérdida pero no es solo una pérdida. Cuando los hijos vuelan eso genera inquietud, preocupación por ellos, confrontación con lo que la nueva situación dice de nosotros (¿de repente nos hemos hecho mayores, ellos y nosotros, ellos mayores y nosotros viejos?), te produce incomodidades de un signo u otro. También aporta más libertad, más autonomía, más quietud, en definitiva, más disponibilidad para otras cosas.

Está claro que los hijos nos aportan mucho pero es bueno recordar que uno sigue siendo una persona independiente, aunque sea padre/madre de alguien. Piensa que el camino no se ha interrumpido, simplemente ha dado un giro y se ha adentrado en un nuevo territorio. Recuerda: un nido “vacío” no es el final de ningún camino, sino un cambio en la ruta que hasta ahora habéis seguido como familia.

Por eso, no olvides que lo de vacío es solo vacío de hijos-cada-día-viviendo-allí, pero lleno de otras posibilidades. Piensa, por ejemplo, en cómo aprovechar los recursos que la nueva situación te va a traer: más tiempo, más espacio y menos gastos.  

Si tienes pareja, no pierdas de vista que la marcha de los hijos (sobre todo cuando se hace definitiva, es decir, cuando el último o el único hijo se marcha) es un cambio también en vuestra relación. Los problemas que antes se disimulaban por la presencia de los hijos van a quedar ahora mucho más al descubierto. Quizá os miréis en ese momento a la cara con extrañeza y tengáis que recordaros mutuamente que, pasada la vorágine de criar a unos polluelos que ya se han convertido en águilas (o en cisnes, o en jóvenes castores), seguís siendo una pareja y mantenéis una relación que tendréis que reformular entre los dos de acuerdo a la nueva situación.

Vivir como familia la transición vital que llamamos nido vacío no es fácil. Si sientes que este proceso está generando problemas en ti, tu pareja o tu familia es importante que te pongas en manos de especialistas. Los psicólogos estamos aquí para ayudarte a entender lo que está sucediendo y a que lo vivas con toda su naturalidad.



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