La muerte: diferentes formas de afrontarla según la cultura

Por Raquel Ruiz Juárez
Publicado 02 de noviembre de 2017

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Finales de octubre… calaveras de todos los tamaños y colores en las tiendas, telarañas y calabazas, esto es lo que podemos ver estos últimos años cuando se acerca el día de Todos los Santos o el día de los Santos Difuntos, o como lo conocen en otros países, Halloween. Seguro que todos hemos oído (o incluso hemos dicho) que esta celebración, relacionada con la muerte o los fallecidos, no tiene nada que ver con nuestras tradiciones. Sin embargo, las calles llenas de puestos de flores, cementerios abarrotados de visitas de familiares a sus seres queridos, velas encendidas todo el día… todo esto quizá suene más a lo que estamos acostumbrados a vivir en estos primeros días de noviembre en España.

Podríamos hablar de infinidad de diferentes rituales, de hecho, si revisáramos todos estos eventos culturales, nos daríamos cuenta de que hay, probablemente, tantas celebraciones de este día como visiones diferentes sobre el concepto de muerte.

Todos entendemos que cuando alguien muere, se produce una pérdida y con ella, una respuesta emocional en nosotros, el duelo. Durante el período de duelo se producen diferentes procesos tales como reubicación de la persona que ha fallecido, adaptación a las situaciones de nuestra vida en la que ya no está, expresión de nuestro dolor… No obstante, cómo entendemos y elaboramos esta pérdida, es decir, cómo vivimos el duelo, va muy asociado a nuestra localización geográfica.

 

 

Por ejemplo, en la cultura occidental, donde se fomenta el apego por lo material, cuando un ser querido fallece, se celebra un funeral en el que se le honra. Este apego por lo material nos empuja a intentar conservar o retener, sobre todos los medios nuestros bienes físicos, nos impide “soltar” o “dejar ir” aquellas cosas por las que hemos desarrollado afecto, sean situaciones, objetos o personas. Esto podemos observarlo en la situación del funeral, en la que generalmente, todo lo que rodea a este rito tiene un tinte triste y melancólico. Todos reconocemos el significado de una persona (últimamente, sobre todo personas mayores) vestida completamente de negro. El luto, ese tiempo en el que se adoptan costumbres como vestir de negro o no acudir a ciertos eventos festivos, es otra forma de demostrar la tristeza que se siente por la pérdida del ser querido, incluso pasado un tiempo.

Sin embargo, vayámonos a México, por ejemplo. En este país cuando se celebra el Día de los Muertos, las calles se llenan de color y de figuras de esqueletos adornados con flores para honrar a los que ya no están. A diferencia de cómo lo vivimos nosotros, comida, bebida y música son ingredientes que no pueden faltar para recordar al ser querido en esta gran fiesta. Incluso los niños están familiarizados con el tema de la muerte, algo que en nuestra cultura, a día de hoy sigue siendo un tabú.

 

¿Cómo puede afectar esta diferencia, a la hora de entender la muerte, en un proceso de duelo?

Como sabemos y la mayoría de nosotros habrá experimentado, cómo se supera la muerte de un ser querido depende de diferentes aspectos. El duelo varía en función de cómo ocurrió y qué rol tenía esa persona en nuestras vidas, pero también aspectos relacionados con nuestros recursos personales.

Algunos de estos recursos personales a los que tenemos acceso pueden ser nuestra resiliencia o capacidad de hacer frente a las situaciones adversas, el cuidado de nuestra salud mental, nuestra capacidad para expresar y canalizar nuestras emociones y, lo queramos o no, nuestra cultura.

 

 

Es muy probable que los niños mexicanos que hemos comentado, que están familiarizados con el proceso de muerte, puedan reaccionar de una forma más adaptativa ante la pérdida de un ser querido. Perder el miedo a hablar sobre el tema, permitirnos incluirlo en nuestras conversaciones, acercarnos al concepto de pérdida, puede ayudarnos a desarrollar cierta aceptación que nos sirva de ayuda cuando tengamos que enfrentarnos a un proceso tan duro como es el de perder a una persona cercana.

En este sentido, dejar atrás la cultura del apego y el tabú que se ha generado en torno al tema de la muerte, puede ayudarnos a encontrar un punto intermedio en el cual nos permitamos expresar nuestro dolor y aceptar la pérdida como un proceso inevitable.

 

 

¿Cómo afrontar de mejor manera la muerte?

Quizá no lleguemos nunca a organizar un funeral como lo hacen los indígenas Toraja, quienes celebran la muerte con los ahorros de una vida que van destinados a la gran fiesta de despedida de la misma, su funeral. Puede que tampoco lleguemos nunca a ver la muerte como una liberación que nos permite evolucionar a un ser mejor, como ocurre en el budismo. Sin embargo, quizá sí que podamos empezar de manera individual un proceso de enriquecimiento personal en el que seamos capaces de entender la pérdida de una forma que nos sea más liviana y acorde con nuestra realidad.

Nosotros somos los que decidimos cómo afrontar esta situación dolorosa y convertirla en un recurso más que nos ayude a aprender a vivir sin ciertas personas en nuestra vida.

Además, cuando no nos sintamos capaces por nosotros mismos siempre podremos contar con la ayuda de profesionales de la salud mental para ayudarnos a elaborar esta pérdida de la mejor manera posible.


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