Luz de gas: la manipulación dentro de la pareja

Por Paloma Fernández Villar
Publicado 25 de junio de 2018

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La luz de gas es una forma de maltrato psicológico en la que se altera la percepción de la realidad de la víctima haciendo que crea información falsa sobre sí misma.

Esta expresión tiene su origen en la película Gaslighting, dirigida por George Cukor en 1944. La cinta narra la historia de un hombre que manipula el entorno para hacer creer a su esposa que está perdiendo la memoria y el sentido de la realidad.

El problema de la luz de gas es que es muy sutil y resulta difícil de detectar tanto por el entorno de la víctima como por ella misma. Se trata de un proceso continuo que, poco a poco, acaba con la confianza de la víctima en su propio juicio.

Aunque normalmente este fenómeno aparece en situaciones de violencia de género no es algo que solo realicen los hombres, sino que puede ser llevada a cabo por mujeres. No obstante, en este artículo nos centraremos en el papel que juega en algunas relaciones de pareja marcadas por la manipulación de él hacia ella.

¿Cómo detectar luz de gas?

 

  • La víctima no es consciente de este maltrato psicológico

 

La víctima casi nunca es consciente de que está siendo maltratada y esto se debe a que no hay un ataque directo, como ocurre en el maltrato físico. El agresor comienza poniendo en duda hechos simples como, por ejemplo, situaciones que han ocurrido realmente: “No digas tonterías, si eso nunca ha pasado”, “Si tan segura estás de eso… dime qué dije yo”.

Se empieza a poner en tela de juicio todo lo que la víctima hace o dice, incluidos sus propios sentimientos o pensamientos sobre determinados temas: “Si a ti nunca te ha gustado eso, ¿ahora sí?”.

Estas agresiones se dan a diario, por lo que la víctima empieza a habituarse y a cuestionarse a sí misma.

 

  • La víctima empieza a dudar de sí misma

 

Cuando tu entorno más cercano se empeña en que estás exagerando y que lo que piensas o dices no tiene ningún sentido, empiezas a dudar de ti misma. Te preguntas si realmente estás perdiendo la cabeza: “Quizá esté exagerando o no lo recuerdo bien”. Es tal la fuerza de la luz de gas que consigue que la víctima llegue a perder el sentido de su propia identidad.

La mujer que lo sufre no se atreve a opinar o tratar de explicarse por miedo a sentirse juzgada y, sobre todo, por no decepcionar a su pareja. Llega a plantearse si la culpa es suya y duda de todo su alrededor.

 

  • La víctima tiene dificultades para tomar decisiones sencillas

 

La duda que se crea en la víctima promueve que no confíe en su propio juicio y dificulta que pueda tomar decisiones por sí misma. Cuando consideras que lo que piensas o sientes no es real, hasta la decisión más mínima se convierte en un quebradero de cabeza en el que necesitas la ayuda de otra persona para poder decidir.

El propósito de la luz de gas puede ser más o menos consciente por parte del agresor y consiste en conseguir el control total sobre la víctima. De hecho, es posible que el agresor decida tomar esas decisiones por la víctima haciéndola creer que ella no tiene esa capacidad: “Quita, ya lo hago yo, que tú no sabes”.  Esto daña tanto la autoconfianza de la mujer que lo sufre como la confianza en su propio entorno.

  • La víctima miente a su familia y amigos

La mujer maltratada se encuentra en un ambiente en el que no se siente segura, pero desconfía tanto de sí misma y de su alrededor que no es capaz de pedir ayuda.

Al principio busca excusas para justificar el comportamiento del agresor y llega a creer que lo está “haciendo por su bien”. Recordemos que la luz de gas es un proceso complejo e imperceptible en el que la culpabilización de la víctima es uno de los mecanismos principales.  El agresor utiliza el papel de víctima y pide disculpas por sus actos, fomentando la culpa de la mujer maltratada: “Parece que piensas que soy el malo de la película, siento que ya no confías en mí”.

La víctima siente vergüenza y miedo por lo que es difícil poder hablar de ello con su familia o amigos. De manera general el maltratador manipula a la víctima para tratar de aislarla. De esta forma, la víctima no tiene contacto con la realidad y no puede considerar otro punto de vista de la situación. Se consigue que pierda todo tipo de apoyo social que permita cuestionar la luz de gas.

En algunos casos la familia y los amigos también quedan embaucados por la mentira del maltratador y empiezan a dudar del criterio de la víctima: “¿Estás segura de esto?, parece que dudas bastante”.

  • La víctima se siente agotada

 

Este tipo de maltrato resulta agotador, es difícil de comprender y, sobre todo, de explicar. Esto dificulta a la hora de denunciar porque las víctimas no son conscientes del maltrato psicológico que están viviendo. Cuando toda tu realidad queda invalidada no te planteas que estás sufriendo un maltrato.

La mujer maltratada se siente cansada de estar justificándose y de vivir con esa culpabilidad.  Empieza a confiar en que es lo que se merece y queda anulada como persona.

Si te has sentido identificada con lo que has leído o piensas que tu pareja puede estar tratándote de esta manera es muy importante que compartas lo que te ha ocurrido con un profesional que puedes orientarte y valorar contigo el riesgo que estás corriendo dentro de tu relación. Los psicólogos estamos aquí para escucharte y, sobre todo, para creerte. Da el paso.



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