Ludopatía: cuando el juego se convierte en el problema

Por Jose Luis López Hernández (psicólogo)
Publicado 17 de agosto de 2018

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¿Qué es la ludopatía?

Clínicamente, la ludopatía se define como el comportamiento de juego desadaptativo, persistente y recurrente que altera la vida personal, familiar o profesional.

La persona ludópata muestra una pérdida de control sobre la propia conducta. Se observa en ella un fracaso a la hora de resistir el impulso, sensación creciente de tensión antes de llevar a cabo el acto y la experiencia de placer al llevarlo a cabo, en cierta forma se puede considerar una conducta adictiva.

¿Cómo es una persona con ludopatía?

En estas personas existe una preocupación excesiva por la opinión de los demás y también es frecuente encontrar una adicción al trabajo. Cuando el individuo se queda sin dinero para continuar jugando, puede verse arrastrado a conductas de carácter antisocial. Son personas con una gran tendencia a mentir y, por ello, son poco creíbles sus testimonios.

En muchos casos, este juego patológico o ludopatía se ve asociado a trastornos del estado de ánimo, trastorno por déficit de atención con hiperactividad, abuso o dependencia de sustancias, intentos de suicidio y trastornos de la personalidad.

Se estima que entre el dos y el tres por ciento de la población general adulta padece ludopatía. Un tercio de la población diagnosticada son mujeres.

El inicio del trastorno se produce de forma gradual en la vida adulta, aunque en ocasiones ocurre de forma súbita, ya que está muy relacionado con los estados de ánimo tanto depresivos  como ansiosos. Por tanto, un momento de alta tristeza o de mucha ansiedad puede terminar desencadenando un problema de juego patológico.

 

Tipos de jugadores

No podemos tampoco ser alarmistas con el tema del juego. No se puede catalogar a una persona de ludópata por el simple hecho de jugar. De hecho, en muchos casos es una actividad social positiva. Por ello se han diferenciado diferentes tipos de jugadores, desde el más sano al más patológico, en cuatro niveles.

Nivel 1: jugador social o controlado

Persona que juega regularmente con la única finalidad de entretenerse, controlando la actividad de tal manera que puede dejarlo cuando quiera. No obstante, cuanto mayor implicación vaya teniendo en el juego más posibilidad para pasar a los siguientes niveles.

Nivel 2: jugador profesional

Es un jugador que también ejerce control sobre la conducta de juego, a través del estudio, con la finalidad de obtener beneficios.

Nivel 3: jugador problema

Este jugador juega casi todos los días y el gasto ocasionalmente llega a causarle problemas. Este jugador tiene menos control sobre la conducta de juego que los tipos anteriores, pero su vida no se encuentra afectada de manera global. Pero mucho cuidado, porque son jugadores que se encuentran en la línea del jugador patológico. Si en algún momento se da algún factor precipitante (como una depresión o algún período de intenso estrés) o si las deudas se elevan mucho, pueden terminar convirtiéndose en jugadores patológicos.

Nivel 4: jugador patológico

Es una persona dependiente del juego y sin ningún control sobre esta conducta. Todo su funcionamiento general se encuentra alterado.

De jugador social a jugador patológico

Como hemos comentado, para pasar de un nivel de jugador a otro se dan diferentes fases, en general no es algo que ocurra de repente, si no de forma gradual. En concreto se identifican tres fases por las que pasa un jugador hasta convertirse en jugador con ludopatía.

Fase 1: Fase de ganancias

La persona juega poco y en ocasiones obtiene ganancias, lo que aumenta su optimismo y autoestima, haciendo que minimice en su mente las pérdidas obtenidas. Empieza, poco a poco, a gestarse el problema que se desarrolla en la siguiente fase.

Fase 2: Fase de pérdidas

Tras un aumento de la frecuencia de juego, las pérdidas se van incrementando y también lo hacen las deudas, completándose así un círculo vicioso que hace que el jugador juegue cada vez más a menudo para poder afrontar esas pérdidas crecientes. Es en esta fase en la que comienza el deterioro familiar y laboral y no se reconoce el problema. La familia se suele hacer cargo de las deudas, lo que no hace sino acrecentar el problema. En esta fase ya podemos hablar de un problema de control de impulsos.

Fase 3: Fase de desesperación

El jugador recae en la conducta del juego y trata de ocultarlo, esta vez intentando hacer frente a las deudas por sí mismo, recurriendo en muchos casos a conductas como la prostitución o bien a robar.

Para cuando es descubierto por el entorno en esta fase, el deterioro de la vida del jugador es completo. La ludopatía se llega muchas veces a asociar con consumo de alcohol u otras drogas. Se observa tanto malestar físico como psicológico e incluso aumenta la probabilidad de cometer suicidio.

Mantener el problema

El juego en todas sus vertientes se encuentra muy disponible para toda la población. Casas de apuestas, salas de bingos, casinos, máquinas en bares, aplicaciones móviles

Esta facilidad para acceder al juego, está suponiendo un problema a todos los niveles. Personas cada vez más jóvenes que comienzan apostando como parte de un juego social. Sin embargo, la situación empeora cuando se trata de poner remedio a este problema. La publicidad, todas las retransmisiones deportivas, los nuevos locales… Resulta muy complicado mantenerse separados de tanta estimulación que lleva a constantes recaídas en la conducta problema.

Tratar la ludopatía

El tratamiento del juego patológico se ha de llevar a cabo desde un abordaje completo y multidisciplinar.

Para asegurar una mayor tasa de éxito es necesario contar con la ayuda de todo el entorno familiar y social. Pero es fundamental el trabajo individual de la persona con ludopatía. Asistir a terapia para tratar las causas del inicio y mantenimiento del problema.

También se han mostrado efectivas las terapias en grupo, a imagen de las utilizadas en el tratamiento de otras adicciones como el alcohol o los estupefacientes.


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