Los 3 errores más comunes en una entrevista de salida

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Como sucede en las entrevistas de trabajo, salir airoso de una entrevista de salida puede llegar a ser un arte. Los artistas nacen con talento pero también tienen que entrenarse para darle forma. Por eso, sobre todo si dentro de poco tienes programada tu entrevista de salida, es importante conocer qué tienes que poner en práctica pero también cuáles son los errores más previsibles que podrías cometer. 

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1. Ataques directos a la empresa, supervisores o compañeros 

Aunque tengas toda la razón del mundo y desees que quien te entrevista sepa cómo te sientes verdaderamente, mostrar agresividad o rencor hacia la empresa deteriora tu imagen como trabajador y te pone en riesgo respecto a futuros procesos de selección tanto en esta empresa como en otras. 

Piensa que los reclutadores se piden referencias entre sí antes de futuras incorporaciones: no quieres que el día de mañana alguien le vaya a quien quieres que te contrate con el cuento de que eres un trabajador problemático y agresivo, ¿verdad? 

¿Qué no debes decir?

“Me habéis parecido todos una panda de sinvergüenzas y no veo la hora de salir por esa puerta. Estoy deseando ver cómo esta empresa se hunde”.

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¿Por qué es un error? 

Por varias razones. Incluso aunque tengas toda la razón y te quedes “tan a gusto” después de decirlo, frases así son comentarios extremadamente agresivos, es poco probable que tengan un efecto útil a medio plazo en ti o en la empresa, ponen a tu entrevistador a la defensiva y, lo peor de todo, dañan tu imagen como trabajador. 

¿Qué hacer si estoy muy enfadado?

En tu entrevista de salida no tienes por qué decir que todo ha sido maravilloso, especialmente si esto es radicalmente falso, porque te dejaría en una posición muy incoherente. No obstante, lo asertivo es decirlo suavemente y con educación, incluso indicando un área de mejora para la empresa: “La verdad es que hay cosas que en el futuro pueden ir mejor si se modifican algunos hábitos y se tiene en cuenta que (…). De este modo creo que será mejor para todos y evitará que algunos trabajadores puedan sentir que (…)”. 

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2. Respuestas complacientes, planas o que denotan indiferencia

Algunas respuestas, sin ser agresivas, pueden dar al entrevistador la impresión de que no te estás tomando en serio la entrevista o de que, al fin y al cabo, no es un problema para la empresa que alguien con puntos de vista simples o poco elaborados se marche. Recuerda que, independientemente de tu vinculación con la empresa, te conviene ofrecer una imagen de máxima profesionalidad incluso aunque estés a punto de dejar el trabajo.

¿Qué no debes decir?

“No mejoraría nada. Todo bien”. 

¿Por qué es un error?

Porque desperdicias una oportunidad para transmitir una crítica constructiva y para demostrarle con ello al entrevistador que eres un trabajador con cosas interesantes a aportar a su empresa. 

¿Qué hacer si no tengo gran cosa que decir?

Probablemente te tomaste un rato para pensar cómo enfocarías la entrevista. Piensa en las respuestas que preparaste previamente cuando anticipaste las preguntas que te podían hacer, son tu comodín: “Creo que la empresa tiene un enorme potencial si se decide a incrementar tal cosa, mejorar tal otra y poner en práctica tal cosa, en caso de que quiera conseguir tal objetivo”. 

No hace falta que regales más detalles si no te apetece, pero dejarles con una pildorita de lo que te vas a llevar a otra empresa te añade un valor del que quizá se acordarán el día de mañana. 

3. Poner el foco en lo que no has hecho

Como sucede tan a menudo en los procesos de selección, los nervios, el exceso de franqueza o la falta de preparación nos hacen transmitir mensajes que nos perjudican en lugar de sacarnos a relucir. Los nervios no van a desaparecer del todo, aunque puedes aprender a contenerlos. El exceso de franqueza llega cuando tenemos la guardia baja, y la guardia baja suele venir de no haber preparado la entrevista suficientemente. La consecuencia es que, incluso con frases muy sutiles, el entrevistador llega a la conclusión de que tu rendimiento ha sido pobre y no es un problema que te marches. 

¿Qué no debes decir?

“Me habría gustado hacer tantas cosas (que no he hecho), ojalá hubiera podido dedicar tiempo a aquello, qué pena no haber enfocado las cosas en aquella dirección en vez de en esta”. 

¿Por qué es un error?

Porque pone el foco en lo que no has hecho o logrado en lugar de en tus logros y tu rendimiento. 

Es evidente que hay cosas que nos gustaría haber hecho y que no han sido posibles por causas ajenas a nuestra voluntad, pero quizá el entrevistador no conozca las razones o bien no tenga el mismo punto de vista. No le recuerdes lo que te ha quedado pendiente (ese es su trabajo). 

Tu entrevistador no necesita conocer tu frustración (a no ser que tú quieras deliberadamente que la conozca) sino quedarse con una idea de tu paso por la oficina que a ti te favorezca. Ya se encargará él de los matices y contrarréplica si quiere buscarlos. 

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¿Qué hacer si quiero hablar de lo que no ha ido tan bien? 

No pasa nada por ser autocríticos o tener frustraciones respecto a lo que el trabajo no ha sido. Eso sí, sin perjudicarnos: “Además de todo lo que logramos, habría sido genial poder alcanzar también aquel otro objetivo. Creo que eso supone un gran aprendizaje para el equipo que se queda y también para mí, así que en el fondo me queda esa espinita pero no es nada comparable con la satisfacción de lo que sí he hecho”.

Las relaciones a veces son felices y otras son más conflictivas. Lo importante es que, en el momento de acabarlas, podamos ponerles fin de una manera constructiva y que no nos perjudique. 

Si el hecho de hacer la entrevista de salida te ha revelado alguna dificultad importante más allá de lo laboral o hay algo que llevas arrastrando desde hace tiempo, es bueno que lo hables con un psicólogo para empezar a ponerle solución. 

También puedes sugerir a tu entrevistador que incluya la terapia online y el asesoramiento al equipo de recursos humanos entre sus beneficios sociales. Es una buena recomendación que puede activar hoy mismo a través del programa de bienestar emocional que ifeel pone a disposición de las empresas para que estas puedan cuidar de la salud mental de sus equipos. Piénsatelo y, en cualquier caso, recuerda que estamos aquí. 

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