Las fases de un proceso terapéutico

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Existen tantos tipos de terapias como personas que se embarcan en ellas. Aunque es imprescindible seguir una metodología que combine rigor y flexibilidad, sería un error por parte del terapeuta pretender que el paciente encaje al cien por cien con su modelo de terapia, en lugar de adaptar la terapia todo lo posible al tipo de persona que el paciente realmente es.

Independientemente de si una terapia dura un día o dos años, todas tienen un principio y un final y entre medias se hace algo. Esta estructura básica puede sofisticarse todo lo que queramos. Sin embargo, para apuntar un itinerario estándar de un proceso terapéutico de cierta duración vamos a contemplar las siguientes fases:

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Acogida

Siempre hay un primer encuentro con el paciente, un momento en el que nos presentamos, nos vemos y oímos por primera vez. Es entonces cuando empezamos a descubrir mutuamente a quién tenemos delante y junto a quién vamos a caminar. A esta fase, que puede limitarse a la primera sesión o extenderse más allá, la llamamos acogida. Comienza desde el primer instante en que contestamos un mail, una llamada o un whatsapp de nuestro paciente: ahí ya le estamos atendiendo.

Aunque el nivel de trabajo durante esta fase varía de paciente a paciente, en realidad sus funciones principales son conocernos, clarificar los objetivos del paciente, situarle en el proceso que ha iniciado, establecer el contrato terapéutico al que nos acogeremos y sentar las bases de una buena relación entre ambos. En esta fase es mucho más importante hacer esto que el meternos de lleno en las tareas que tiene pendientes el paciente.

Trabajo

Aunque ya estamos trabajando desde el primer momento, una vez resuelta la acogida es el momento de abordar en profundidad y de manera progresiva los aspectos que el paciente desea trabajar de sí mismo. Como en cualquiera de las otras etapas del camino, no hay una duración concreta para esta fase, pero es importante señalar que no podremos llevarla a cabo si previamente no hemos acogido bien. Si la terapia fuera una obra de teatro de cuatro actos, la fase de trabajo equivaldría al segundo y tercero, donde fructifican realmente los fenómenos más significativos del argumento. Así es como va tomando cuerpo, color y forma el cambio que el paciente está buscando.

Aparición de nuevas tareas

La terapia rara vez es un proceso cuadriculado en el que el primer día establecemos una lista de objetivos que vamos trabajando y eliminando de esa lista de manera ordenada hasta llegar al último. Muy al contrario, lo normal es que por el camino vayan apareciendo nuevos temas, ramificaciones de los temas anteriores, nuevos sucesos en la vida del paciente, idas y venidas a partir de la línea marcada que van a complicar el proceso pero también haciéndolo más rico y profundo. Cada asunto que preocupa al paciente es una caja que guarda en su interior nuevos asuntos que están relacionados y que requerirán atención durante el proceso.

Cierre

Si todo ha ido más o menos bien durante las fases anteriores, llegará un punto en que el paciente notará que su bienestar ha aumentado y que el nivel de conciencia sobre sí mismo al que ha llegado ha alcanzado un cierto techo (por el momento). Es el momento de ir planificando el final del camino juntos. Es un final que puede ser temporal (una pausa más o menos larga) o definitivo (sin una fecha de regreso prevista, aunque la puerta puede dejarse abierta).

Aunque hay finales que, ya sea deliberada o involuntariamente, hacen que la relación entre paciente y terapeuta se interrumpa de forma abrupta, lo deseable es llevar a cabo esta fase de manera progresiva y anticipada. Es frecuente espaciar la periodicidad de las sesiones (pasar de semanal a quincenal y luego a mensual, por ejemplo) y fijar una sesión “oficial” de cierre.

Este último encuentro no irá destinado a trabajar tareas en profundidad (eso sería abrir, no cerrar), sino a repasar juntos el camino recorrido e indicar posibles etapas futuras o que han quedado pendientes pero que, por la razón que sea,  no se recorrerán ahora. Habrá que explorar qué ha significado para el paciente el proceso terapéutico en compañía de su psicólogo, además de expresarle qué ha significado para nosotros como terapeutas el haber tenido la oportunidad de acompañarle en su recorrido.

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