La emergencia sanitaria en 7 frases

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¿A que cuando el 1 de enero brindaste después de las uvas –venga esa copa parriba– y enviaste tus últimos buenos deseos para el Año Nuevo no estabas pensando precisamente en este pedazo de… bueno, en este pedazo de 2020 que te estás pegando?

Me hago una idea. Y también me imagino que estás empezando a detectar que la vida cotidiana (comer, comprar, vestirse, entretenerse) empieza a volverse un pelín repetitiva, ¿verdad? Por si no fuera poco, te habrás dado cuenta de que esto incluye el lenguaje, la comunicación, la manera de hablar en estos tiempos aciagos. Porque además de aciagos son, como cualquier otro tiempo, proclives a la creación de sus propias etiquetas, esos latiguillos que van haciendo fortuna según se van repitiendo incansablemente y que al final, a fuerza de ser reproducidos, acaban por significar poco menos que nada.

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El momento histórico actual no es ajeno a este fenómeno, sino pródigo en él. No llamo a dicho momento como iba a llamarlo (cuestión de inercia), porque incurriría en una de las muletillas a las que estoy haciendo referencia. Sin embargo, sí voy a analizar por un momento varios de esos hashtags orales que cascabelean estos días a nuestro alrededor, porque yo de matemáticas justito, pero un poco de lengua siempre me ha parecido de lo más oportuno.

Ahora más que nunca

Complemento circunstancial de tiempo y ahora también de modo que precede a todo consejo, anhelo, petición y cualquier otro comentario delante del cual se quiera poner. El “Ahora más que nunca” es al lenguaje del confinamiento lo que la pasta, el arroz y el pan de molde caro son a la gastronomía: una superficie versátil que lo aguanta todo, lo admite todo y que, además, con huevo alimenta más. Es una expresión empleada principalmente por periodistas, políticos que discursean desde la serenidad en lugar de hacerlo desde el golpismo y ampliamente utilizado en publicidad.

Quién nos iba a decir que…

Que íbamos a estar así, que se nos venía esto encima, que fíjate qué felices éramos y no lo sabíamos, que para estas alturas de abril todavía seguiría esto, que… No nos lo iba a decir nadie, efectivamente, de ahí el shock anafiláctico en el que se encuentra la humanidad (excluyendo a los adivinos del pasado, los listos, los profetas y los cuñados, también llamados bocazas en una versión más enojada).

Cuando todo esto acabe

Es la manera de sublimar en cuatro palabras un mes y medio de espera desesperada. Suele ir acompañada de un “Ya queda menos” bastante poco de fiar y una retahíla de propósitos de post-confinamiento que incluyen indefectiblemente el consumo de mucha cerveza al aire libre, el intercambio compulsivo de abrazos y, en casos extremos, un curso de puenting.

Yo creo que para ese día ya estamos, ¿no?

Afirmación expresada en forma de deseo muy tímido cuando se intenta programar algo en la agenda de acuerdo a las obligaciones de la cuarentena pero se quiere creer que se podrá llevar a cabo con las condiciones de la vida de antes. Suele pronunciarse con la boca pequeña y ser contestada con un vacilante “Tú esperaté…” con retintín.

La vida de antes

Término utilizado para referirnos a todo aquello que sucedió entre los albores de la civilización y el pasado 14 de marzo de 2020 (o algunos días antes, para los pioneros del teletrabajo por coronavirus). Normalmente se pronuncia con un deje nostálgico apretao, como de contención de lagrimita, a medio camino entre la rabia, la frustración (llamada “cabreo” en el lenguaje de la calle) y la tristeza.

Volver a la (nueva) normalidad

Expresión empleada para aludir a una vida futura ardientemente deseada que no se sabe cómo va a ser ni cuándo llegará pero a la que se atribuyen cualidades de la familia de la normalidad de siempre mezcladas con la normalidad de ahora (es decir, de entonces, de cuando sea ese momento que, maldita sea, no llega nunca).

La actual situación

Eufemismo obsesivamente utilizado para no repetir los sintagmas “emergencia sanitaria”, “confinamiento”, “la situación de anormalidad en la que nos hemos instalado” y “crisis del coronavirus”. Muy frecuente en todo tipo de declaración, escrito o cualquier cosa a la que se quiera imprimir una cierta solemnidad con un toque sobrio, sin cargar mucho en el drama. Cuando la persona correspondiente se harta de ser sobria y sí quiere drama pero demostrando que ella sí ve series muy presuntuosas entonces complementa la expresión “la actual situación” con el término distopía o distópico, señalando que no se trata de algo futuro sino que “ya está sucediendo” o simplemente “ya está aquí” (si dispone de menos caracteres).

Decía el bueno de Wittgenstein que los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo. Suponiendo que tuviera razón, quizá convendría que nos replanteáramos la manera que tenemos de hablar, no vaya a ser que nuestro mundo acabe haciéndose tan pequeño que un virus acabe por llenarlo por completo.

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