La edad y sus cambios

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Hoy, 1 de octubre se celebra el día Internacional de las Personas de Edad. Con ese motivo vamos a tratar sobre algunos de los aspectos positivos que acompañan al proceso de hacerse mayor y que, con frecuencia, caen en el olvido.

 

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Conforme avanza la edad no solo maduramos a nivel físico, sino también a nivel psicológico. Parece que cuando pensamos en las características típicas de la vejez vienen a nuestra mente los signos físicos habituales, como canas, flacidez, calvicie y también, por qué no, depresión, ansiedad…

 

La realidad es que, con el aumento de edad, llegan otros cambios psicológicos que resultan más atractivos. Estas transformaciones nos protegen de sufrir patologías relacionadas con la salud mental. De hecho, pese a los estereotipos, las personas mayores, sufren menos depresión y ansiedad que los adultos más jóvenes.

Hay algunas diferencias a tener en cuenta, por ejemplo, cuando somos jóvenes las preocupaciones giran, sobre todo, en torno a las relaciones sociales, el trabajo, el hogar. Son preocupaciones que van acorde a la situación actual en la que nos encontramos en ese momento: es el momento de establecer una red social de apoyo bien consolidada y de encontrar pareja. También lo es de formar una familia -si es que eso es lo que se quiere- y de ser independiente económicamente, entre otras.

 

Sin embargo, conforme vamos creciendo y madurando y vamos consiguiendo esos objetivos esas preocupaciones se transforman. Ahora importa más el cuidado de la familia, el ser capaz de resultar de ayuda a nivel económico a nuestros seres queridos y también cuestiones relacionadas con la pérdida de roles, como pasar de ser una persona que trabaja a estar jubilado o la pérdida de familiares y amigos.

 

Todo esto va reforzando en el adulto mayor una serie de estrategias de afrontamiento que se consideran muy positivas. Esas estrategias actúan protegiendo la salud mental de la persona.

 

Vamos a mencionar algunas de ellas que probablemente ya os suenen.

 

Resiliencia

 

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, la resiliencia es la capacidad de salir fortalecidos de situaciones adversas. No se trata de aguantar el chaparrón y ya está, sino de hacer frente a las dificultades, sentir que hemos aprendido algo y que, de alguna manera, hemos añadido una experiencia que nos resultará de ayuda en el futuro.

 

Esta capacidad de comportarse de una forma resiliente ante los diferentes obstáculos que nos plantea la vida se ve reforzada en quienes tienen más edad. Estas personas han pasado por muchas experiencias a lo largo de toda una vida, puede que muchas de ellas hayan sido positivas pero podemos estar seguros de que también las ha habido de un carácter más negativo.

Cuando vivimos una situación complicada, desplegamos nuestro abanico de recursos para hacerle frente y estos acaban perfeccionándose con el tiempo, ya que esto -al fin y al cabo- es un entrenamiento. De esta forma, veréis a las personas de mayor edad reaccionar con tranquilidad ante situaciones que a nosotros mismos a nuestros años o cuando éramos más jóvenes nos hubieran desbordado.

 

Por poner un ejemplo, perder a un ser querido cuando somos jóvenes puede resultar no solo doloroso, sino que puede llegar a incapacitar y paralizar nuestra vida durante un tiempo. Las personas mayores se enfrentan constantemente a pérdidas de diferentes tipos y son capaces de afrontarlas de una manera mucho más resiliente.

 

Edad y aceptación

 

La aceptación es una cualidad que favorece la salud mental de muy diferentes formas. Ser capaces de aceptar las circunstancias actuales, no desde un punto de vista derrotista y resignado, sino desde la apertura a la experiencia que venga -sea positiva o negativa- permite tener un mayor contacto con la realidad.

A menudo nos encerramos en nuestra mente pensando en cómo cambiar cosas que no están a nuestro alcance, rechazando ciertos aspectos de nosotros mismos, sufriendo. La aceptación nos ayuda a vivir con nuestras limitaciones, a tomar decisiones basadas en lo que realmente está sucediendo y no en lo que nos gustaría que ocurriera.

 

Todo esto se encuentra mucho más presente en el adulto mayor. Puede que se estén enfrentando a una etapa de pérdidas contra las que no pueden luchar: si eres mayor, vivirás cambios físicos aunque no quieras, dejarás de trabajar, perderás roles y personas. Entrar en un estado de agitación y negarse a ver que esa es la realidad que les toca vivir puede generar mucho más malestar que el hecho de procesar a nivel emocional todos esos cambios.

Adaptación

 

Por otro lado, tanto la resiliencia como la aceptación van de la mano de la adaptación. Cuando somos muy jóvenes a menudo intentamos adaptar las circunstancias externas a lo que nosotros queremos. Nos cuesta adaptarnos a un cambio que no habíamos previsto y que no nos resulta muy atractivo. Conforme avanzamos en edad, aprendemos que hay diversas maneras de continuar con nuestro día a día sin que se nos vaya la vida en ello y una de esas formas es adaptándonos. Adaptarse a una situación, a un cambio, a una persona, todo requiere de flexibilidad, de aceptación de la situación y también de poner en marcha recursos como la capacidad para solucionar de problemas.

 

Las personas mayores deben adaptarse a los cambios físicos y de su entorno. Puede que les encante pasar el rato con familiares pero que su familia no tenga suficiente tiempo como para visitarlos a diario, por lo que tendrán que encontrar la forma de cumplir su objetivo. También habrá personas que han disfrutado tanto con su trabajo y con la actividad que ahora no quieran jubilarse. Quienes estén en esta situación tendrán que encontrar la manera de mantenerse activos llevando a cabo aquello con lo que disfruten aunque no sea en su puesto laboral.

 

Estos procesos, entre otros muchos, van entrenándose con el tiempo y la experiencia, con la edad. Por lo que, tanto si eres un adulto que va haciéndose mayor como si eres alguien muy joven, no te olvides de que la vejez no es solo una etapa de pérdidas, sino que también hay ganancias. La vida se enriquece y se amplían los recursos que te protegen y te permiten sentir bienestar y tranquilidad.

 

Si sientes que esto no encaja con tu experiencia personal, no dudes y consulta con un profesional, estamos aquí para ayudar a reforzar esos recursos y que puedas llevar esta nueva etapa de la forma más adecuada para ti.

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