La autenticidad, base del desarrollo personal

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Normalmente consideramos que autenticidad es lo contrario de falsedad: algo auténtico es de verdad, genuino, original. En efecto, es así: un bolso de auténtica piel, el sabor de un plato típico preparado con todo el cuidado, un cuadro creado de la nada por su autor, sin atisbo de ser una réplica (aunque sea muy lograda).

Sin embargo, ¿cómo considerar que una persona es auténtica, o que nosotros mismos somos alguien auténtico? Parece difícil determinarlo, a juzgar por lo complejas que somos las personas y lo diversos que son los materiales que nos componen. A veces se dice de alguien: “Es muy auténtico” para decir que es pintoresco, peculiar, carismático. “Yo soy muy auténtica”, puede decir alguien con ánimo de afirmar que no miente, que no oculta, que se muestra tal y como es.

Efectivamente, la autenticidad aplicada a una persona va mucho más allá de lo que podemos decir de una prenda de vestir, un teléfono móvil o un puro habano. Hace referencia a la originalidad y la peculiaridad pero, sobre todo, a la coherencia: la autenticidad nos habla de la verdad de la persona, del grado de correspondencia que hay entre su mundo interno y externo, entre lo que piensa, hace, quiere y necesita. Cuando se da esta coherencia, el bienestar psicológico es mucho más potente.

La autenticidad al cien por cien, como la verdad total o la coherencia perfecta, no existe: es algo utópico y no responde a la realidad de un ser humano normal. Pero sí es posible tejer un hilo conductor que haga que nuestra vida sea auténtica en la medida de lo posible.

En psicología hablamos mucho de autenticidad porque, cuando no existe, cuando la persona siente que su vida no habla del ser humano que ella es, aparece el malestar, incluso el sufrimiento: el sufrimiento de vivir una vida que no es suya, en la que las energías no van destinadas a lograr aquello que la satisface y a lo que se siente llamada, sino a asuntos que, en definitiva, no tienen nada que ver con ella.

La vida perfecta no existe, las desviaciones obligatorias de nuestro camino siempre están ahí. No obstante, es importante explorar qué es todo aquello que nos importa, lo que tiene más valor para nosotros, y orientar nuestros recursos hacia ello, como si ajustáramos la trayectoria de un radar gigante hacia la estrella que queremos estudiar o fuéramos un girasol que rastrea con pétalos, tronco y pipas la luz que necesita para ser.

Por tanto, la autenticidad es uno de los grandes temas a abordar en el desarrollo personal de cada uno de nosotros. Iniciar un proceso terapéutico puede ayudarte a aprender más cosas sobre la persona que eres y, por tanto, sobre la persona que quieres ser. No esperes a estar en dolorosa contradicción contigo mismo: ponte en manos de un terapeuta que pueda ayudarte a orientar tu radar interior, o a mover tus enormes pétalos amarillos en la dirección más adecuada para ti.

 



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