Felicidad y confinamiento, ¿un imposible?

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El 20 de marzo está declarado como Día Internacional de la Felicidad por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

No hay una receta muy concreta para pasar este día que le pueda servir a todo el mundo. Si queremos que sea un día especial, dentro de la monotonía en que nos hemos tenido que instalar, es el día perfecto para permitirnos aquello que no nos permitimos normalmente: comer algo especial, pasar dos, tres, cinco minutos asomado a la ventana o el balcón simplemente por el placer de tomar el aire o el sol, abrir una botella y brindar con algo (si tenemos con quien) o convocar a nuestros amigos a una videoconferencia colectiva, cada uno con su aperitivo, para no perder el contacto… 

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No desesperarnos en la cuarentena

Es importante asumir que va a haber días -lamentablemente, más de uno- en que sí nos vamos a sentir más hundidos o desesperados de la cuenta. No hay atajos para pasar este tipo de experiencias. No tienen por qué ser una tortura si nuestras condiciones son favorables pero tampoco pretendamos hacer milagros: la situación es la que es y da para lo que da. Ahora bien, cada uno elige, dentro de las cartas que le han tocado en esta partida, si le echa más leña al fuego de su desesperación (y de la desesperación ajena) o si hace un esfuerzo por remar a favor

Y remar a favor no significa hacer nada solemne o muy grande: preguntar de vez en cuando a tus amigos qué tal lo llevan o sustituir las frases derrotistas tipo “qué mal todo” por mensajes un poco menos cargados. No es necesario repetir constantemente ni que esto no es para tanto ni que todo va a ir bien tarde o temprano: el pensamiento mágico o la positividad superficial no van a solucionar las cosas. Es mucho más potente, más auténtico a nivel interpersonal decirse, simplemente, “Si necesitas algo, dímelo” o un simple “¡Ánimo!”. 

Cada uno elige, con las cartas que le han tocado, si añade desesperación o si rema a favor

También creo que es importante motivarse a uno mismo, y a los demás, sintiéndonos parte activa en la solución a esta emergencia. No somos sujetos pasivos que se limitan a cumplir las recomendaciones, sino que cada vez que cumplimos las recomendaciones estamos contribuyendo a la solución de una manera mucho más eficaz de lo que imaginamos. Cada esfuerzo individual suma al esfuerzo colectivo y es lo que va a funcionar. 

¿Qué hago con la ropa y la ducha?

Ducharse todos los días, cambiarse de ropa y vestirse más o menos “de calle”… Son pequeños detalles y no hay que volverse loco con esto, más allá de la debida higiene, entre otras cosas porque no van a obrar ningún milagro. Ni hay que sacarse brillo para estar en casa ni ponerse de punta en blanco. No obstante, el observar ciertos hábitos de aseo e indumentaria puede ser de ayuda. 

Siempre adaptados a la realidad de que estamos en casa y no estamos ensuciando tanto como si trabajáramos fuera, ni nos tiene que ver tanta gente, darnos un duchazo y quitarnos el pijama o el chándal para teletrabajar permite marcar diferencias y aporta estructura a nuestra vida cotidiana ahora tan doméstica. Igual que es importante separar claramente los horarios de trabajo y de ocio aunque estemos trabajando desde casa, la ropa y la ducha pueden contribuir también a ello. 

Es obvio que no nos pondremos el traje y la corbata o la falda y los tacones para estar en nuestra habitación trabajando, pero podemos utilizar una vestimenta «media» para marcar que ahora es trabajo y, luego cambiarnos para estar en el sofá, o para dormir, porque además es como funcionábamos cuando no estábamos confinados en casa. En cualquier caso ahora lo importante es que cada persona encuentre su metodología para estar más cómoda, lo cual puede llevar su tiempo hasta establecerse. 

Mantener la calma

Son días difíciles, no pretendamos hacer milagros. De todos modos, si ves que te estás tensando demasiado tienes que tirar de lo que tienes alrededor, ahora ya no vale darse un garbeo o correr unos kilómetros en la cinta del gimnasio. Cambia de canal, apaga la tele, ponte una canción marchosa y pégate un baile, rompe la dinámica, no te sobrecalientes viendo más y más telediarios o buscando más y más información sobre el COVID-19 en internet. Llama a una amiga que sepas que es tranquila y que sabe calmarte, sal a la ventana y coge aire, ponte a limpiar la casa, ordena los armarios, revisa tus papeles por si puedes romper algunos y descargar un poco. Sobre todo para el ritmo, pon tu foco en otra cosa que te distraiga de tu fuente de angustia y respira profundamente. No pasa absolutamente nada, vas a poder calmarte antes de lo que imaginas

También aprovecha estos días para dar rienda suelta a tu creatividad: pintar, escribir, hacer un collage, cocinar, dibujar… Es muy estimulante, es decir, activa nuestra mente, es entretenido, nos ayuda a poner nuestra atención en algo diferente a lo que sale por los medios o bien nos ayuda a sacar nuestras rumiaciones, a ordenar nuestro pensamiento, a que se nos ocurran nuevas ideas. La creatividad no se refleja solo en el texto o la pequeña obra de arte que podemos crear, sino en cómo nuestro pensamiento y nuestras emociones fluyen de manera diferente mientras nos entregamos a esa tarea. 

Tan bueno es mantener ciertos hábitos de la vida anterior a la emergencia como aprovechar para hacer aquello que antes no podíamos

Con carácter general, este es un buen momento para hacer todo aquello que nos permita pasar esta temporada lo mejor posible siempre que no haga daño a nadie y que esté dentro de las recomendaciones médicas. Tan bueno es mantener en la medida de lo posible ciertos hábitos de la vida anterior a la emergencia para no tener una sensación de ruptura total de la cotidianidad como aprovechar estos días para hacer aquello que normalmente no hacemos: ordenar, ver películas/series pendientes, leer todo eso que nos quejamos de no tener tiempo para leer o conversar con las personas que viven con nosotros y a las que normalmente dedicamos poco tiempo. A veces es tan sencillo pero tan agradable como jugar a un largo juego de mesa si estamos en familia, cocinar algo rico juntos si estamos en pareja o hablar un buen rato por teléfono con alguien a quien queremos si vivimos solos. 

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