¿El otro está incómodo? Cáptalo con 5 habilidades

Compártenos en tus redes:

Todos percibimos en nuestro entorno o a través de los medios de comunicación cómo algunas personas no siguen las recomendaciones sanitarias para prevenir la expansión de la pandemia de Covid-19. Algunas de ellas, además, proponen actividades o maneras de realizarlas que no resultan sanitariamente prudentes, al menos para nuestros estándares.

Estas situaciones pueden tener diferentes consecuencias a nivel social. En general solo llegan a provocar indiferencia u opiniones negativas al respecto que muchas veces ni llegan a expresarse. Sin embargo, otras veces dan lugar a conflictos y encontronazos más o menos serios entre personas desconocidas y también entre amigos o familiares.

Descubre cómo la terapia puede ayudarte a mejorar tu bienestar emocional

Saber más

Dos maneras de prevenir, una misma responsabilidad

A menudo estos pequeños y grandes roces no ocurren únicamente por tener diferentes maneras de enfocar la prevención durante la pandemia, sino también porque falla la comunicación entre las personas. Por un lado, unos no acaban de transmitir adecuadamente la incomodidad o desacuerdo que sienten ante las supuestas imprudencias de los demás. Otros, por su parte, no se dan cuenta de que están siendo imprudentes o no hacen nada por entender la postura de quienes tienen delante.

¿Te sientes más del bando de los “estrictos” o perteneces más al de, por llamarlo de alguna manera, los “despreocupados”? En cualquiera de los dos casos, pero sobre todo en el segundo, hay habilidades comunicativas que debes cuidar para proteger la convivencia cotidiana.

Para que la comunicación funcione es imprescindible escuchar y observar al interlocutor con mucha atención

Todos tenemos responsabilidad a la hora de evitar que las situaciones de conflicto vayan a más y enturbien nuestras interacciones. Para ello, debemos recordar que la mejor manera de enterarnos de algo es poner atención en ello con nuestros cinco sentidos sentidos, observando y escuchando las reacciones que la persona que tenemos delante tiene sobre nuestro propio comportamiento.

Hacer esto es imprescindible como primer paso para interpretar adecuadamente sus mensajes y decidir si vamos a insistir con lo que estamos haciendo o bien vamos a modificar nuestra conducta. Veamos estas habilidades sociales con un poco más de detalle.

Escucha activa

Básicamente se trata de poner atención en lo que me están diciendo para poder interpretar adecuadamente esos mensajes y darme por enterado (o aludido) al respecto. Es decir, para transmitirle al otro que me doy cuenta de sus reacciones, de lo que intenta decirme. Para ello debo evitar centrarme solo en mí, en lo que yo quiero hacer, en lo que yo tengo que decir, y orientar mis sentidos también hacia lo que está manifestando el otro con o sin palabras.

En efecto, la escucha activa nos permite recoger los mensajes verbales y no verbales más evidentes. También captar los dobles sentidos, ironías, peticiones veladas y otros mensajes que puedan estar quedando ocultos tras las palabras literales de nuestro interlocutor.

Es importante tener en cuenta que cuando alguien nos transmite, por ejemplo, su incomodidad, desacuerdo o reproche hacia nosotros no siempre lo hace de una manera directa o explícita. Por eso escuchar activamente al otro es tan útil para darnos cuenta de lo que le ocurre o de lo que está opinando sobre nuestras propuestas o comportamientos.

Observación activa

Escuchamos activamente con los oídos pero también, de alguna manera, con los ojos, incluso con el resto del cuerpo. Es cierto que la mascarilla puede ocultar una parte muy importante de la expresividad de nuestros interlocutores, pero no consigue anularla del todo.

Además de las palabras que oímos, en la comunicación existen pequeños gestos faciales, sonidos (resoplidos, bufidos, suspiros, asentimientos) y silencios, además de gestos más amplios que hacemos con la cabeza y las manos. Comunicarnos incluye captar la gestualidad la persona que habla con nosotros junto con el contenido de sus mensajes y la intencionalidad que hay tras los tonos que utiliza.

Comunicación asertiva

Se trata de no imponer mi punto de vista sino tener en cuenta las razones y opiniones del otro para que la comunicación sea posible de una manera eficaz y positiva. Esto implica, por supuesto, preguntar al otro abiertamente si mi propuesta, mi actitud o mi comportamiento le está incomodando de alguna manera.

La asertividad es un conjunto de habilidades comunicativas, relacionadas estrechamente con la autoestima, que tienen fuertes implicaciones en cualquier interacción humana. Debemos tener cuidado con el lenguaje pasivo-agresivo, las ironías y los sarcasmos, ya que pueden ser malinterpretados. Vigilemos también la dureza del tono y también la de la mirada, porque pueden llegar a resultar intimidantes.

Capacidad de autocontrol

En las relaciones humanas en general y en las relaciones con algún grado de conflictividad en particular, una de las medidas más útiles para que la comunicación no se rompa de mala manera es el autocontrol.

Podríamos definirlo como un derivado o una consecuencia de la asertividad. Se trata de tener contención, saber esperar mi turno pacientemente, no interrumpir, no decir de manera impulsiva lo primero que se me pasa por la cabeza, no callar la voz del otro literalmente con nuestra voz. En definitiva, de hablar bien, ser educados y transmitir al otro que le hemos escuchado.

Actitud flexible

La flexibilidad es lo contrario de la rigidez. Consiste en la capacidad para movernos con fluidez en un entorno cambiante y también para adaptar nuestra mirada a un entorno complejo. Solo así podemos darnos cuenta de los matices y escuchar y observar de manera abierta, desde diferentes puntos de vista.

Cuando somos flexibles no nos limitamos a que prevalezca solo nuestro mensaje, insistiendo en él de manera machacona y despreciativa hacia lo que le ocurre al otro. En cambio, nos abrimos a la posibilidad de comprender la postura de este, al menos de enterarnos de que existe esa postura y que, probablemente, tiene una razón de ser.

Ser asertivos y no querer imponer nuestra postura al otro es muy beneficioso para una comunicación eficaz

En definitiva, todos sabemos que la comunicación a veces es difícil, sobre todo ahora que estamos tan cansados de la pandemia y tenemos tantas ganas de comportarnos de manera normal. Sin embargo, estamos condenados a entendernos y no podemos dejar que los conflictos interpersonales se nos suban a la cabeza. Por eso, si ves que tienes algún problema a la hora de gestionar tus interacciones o tus quedadas y no sabes qué solución ponerle es importante que busques una ayuda algo más especializada y neutral. Pruébalo: los psicólogos estamos aquí para ayudarte.

Descubre cómo la terapia puede ayudarte a mejorar tu bienestar emocional

Saber más

Si te encuentras en peligro o en una situación de emergencia, no recurras a esta web.

Estos recursos te pueden ofrecer ayuda inmediata.