Distimia: ¿sabes distinguirla de la depresión?

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La distimia se caracteriza por un estado de ánimo bajo, sin llegar a ser depresivo, pero sostenido en el tiempo. Con los síntomas que muestra el paciente no se puede decir que esté pasando por un episodio depresivo mayor, puesto que muestra menos síntomas que las personas que padecen este trastorno. Pensemos que cuando una persona se encuentra en depresión su vida se queda prácticamente paralizada. En muchos casos no son capaces de levantarse de la cama y presentan, por tanto, significativos problemas laborales, familiares y sociales.

En la distimia los síntomas no son tan graves como en la depresión, y la persona suele ser capaz de llevar una vida más o menos normal. Sin embargo, la desventaja frente a la depresión reside en la duración de los síntomas, ya que estos suelen darse de forma crónica.

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A la persona con distimia se la suele definir como una persona triste, melancólica. Han llegado a interiorizar la tristeza como una característica personal propia. Suelen ser personas muy pesimistas,  con poca esperanza en el futuro.

Socialmente tienden a sufrir de aislamiento y este no es voluntario. Normalmente sus conversaciones tristes y su estado de ánimo terminan alejando a las personas de su entorno, lo que no hace sino agravar los síntomas.

Curso y prevalencia de la distimia

A pesar de contar con pocos estudios, se toma como referencia un trabajo de la década de los ochenta realizado en Estados Unidos en el que se establece que la distimia afecta a un 3% de la población.

Además, se ha visto que afecta al doble de mujeres que de hombres y que existe mayor prevalencia en grupos de mayor edad. De este estudio se observa que la distimia se da el doble entre solteros que entre casados y aparecen más casos en medios urbanos que en rurales.

El inicio del trastorno suele ocurrir en torno a la edad de 20 años, precedido por un acontecimiento negativo importante, aunque esto no es necesario.

En los casos en los que el trastorno comienza antes de esa edad se ha comprobado que el pronóstico es peor, ya que los síntomas pueden durar más tiempo y ser más resistentes al cambio.

Yo soy así, no necesito ir al psicólogo

EL mayor problema que nos encontramos en los pacientes con distimia ocurre porque sus síntomas en principio no son suficientemente graves como para que paralicen su vida. Se acostumbran a vivir así y creen que es algo normal. Además no podemos olvidar que son personas pesimistas que tienen poca confianza en las mejoras.

Es justamente el no tratar esos síntomas desde inicio lo que lleva a cronificar el problema. De hecho puede terminar evolucionando hacia episodios de depresión mayor, lo que se denomina depresión doble.

La depresión doble se caracteriza por momentos de depresión muy aguda dentro de un contexto de bajo estado de ánimo continuado. Estos picos de depresión remiten a los pocos días o semanas, pero dejan una huella profunda en el paciente.

Convivir con la distimia

El mayor problema que encontramos en los pacientes con distimia se da en el tema de las relaciones sociales y de pareja.

La persona que convive con alguien afectado por la distimia suele sentirse muy frustrada. Los intentos por procurar la mejora en el estado de ánimo de estas personas suelen terminar en fracaso. La enfermedad poco a poco se va convirtiendo en el centro de la relación. Se observa, incluso, que estas personas terminan viendo cómo su estado de ánimo va decayendo junto con el de la persona distímica.

Desde la psicología se aconseja que se tome cierta distancia de estos síntomas depresivos y, aunque resulte difícil, no convertir en el tema principal de comunicación la tristeza casi permanente que sufren. Es fácil que el deseo de ayudar o, incluso, “salvar” a la persona querida se lleve por delante no solo la relación, sino también parte de la salud mental de las personas cercanas a ellos.

Tratar la distimia

Para evitar que estos síntomas se conviertan en crónicos o que evolucionen, se recomienda acudir a especialistas en salud mental lo antes posible.

Desde la psicología se ofrecen muy diversos tratamientos para tratar la distimia. Como en muchas ocasiones, es algo que sufre el paciente durante muchos años, de modo que el tratamiento no se circunscribe únicamente a estos síntomas, sino que requiere de una intervención mucho más global.

En el inicio de la terapia se abordan los sentimientos negativos del paciente, tanto de presente como de futuro, con técnicas muy diversas como la proyección (poder visualizar un futuro cercano, crear metas y trabajar en la motivación) y la catarsis (explosión de sentimientos)

Cuando se pasa a una segunda fase del tratamiento, con el paciente ya más animado y orientado al resultado, se realiza un tratamiento personalizado para completar las áreas deficitarias del paciente. Por ejemplo se pueden emplear técnicas de mejora de las habilidades sociales o de manejo de estrés.

Si crees que sufres distimia o que alguien cercano a ti presenta esta problema y buscáis atención especializada y profesional no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

 

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