Del ataque de pánico a la agorafobia: salir del círculo

Por Jose Luis López Hernández (psicólogo)
Publicado 08 de junio de 2018

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En un principio se suele definir a la agorafobia como miedo a los espacios abiertos, como si fuera lo contrario de la claustrofobia, pero hacerlo así no es muy correcto. De hecho, la agorafobia se puede definir casi como una extensión de la claustrofobia.  Veamos cómo las situaciones que provocan claustrofobia también son evitadas por las personas con agorafobia.

La agorafobia se define como el miedo a estar en lugares o situaciones de los cuales pueda ser difícil o embarazoso escapar o en los que no pueda disponerse de ayuda en el caso de tener un ataque de pánico o síntomas similares a los del pánico, pero vamos paso a paso…

Ataque de pánico

También llamado ataque de ansiedad. La definición médica del ataque de pánico es la siguiente:

Periodo discreto de terror o malestar muy intenso, que comienza de forma brusca, alcanzando su nivel máximo en diez minutos o menos y que aparece junto a una sensación de peligro o muerte inminente. También implica un impulso urgente de escapar y manifestaciones de activación del sistema nervioso entre las que se encuentran: palpitaciones, sudoración, temblores, ahogo, náuseas, mareo o miedo a morir.

Estos ataques son mucho más comunes de lo que en principio nos puede parecer y se ha calculado que alrededor de un 30% de la población ha sufrido o sufrirá algún ataque a lo largo de su vida.

 

Del ataque de pánico a la agorafobia

La mayoría de las personas que sufren algún ataque de pánico lo sufren de manera aislada y tienen bastante claro por qué les ha sucedido. Probablemente en un momento de mucho estrés, ya sea por algún tema laboral, de estudios o por un conflicto interpersonal.

Estas personas toman conciencia de que han ido elevando sus niveles de ansiedad sin ponerle remedio hasta llegar al límite que su cuerpo y su cabeza podían soportar. Entonces ya tienen un mecanismo de control. Si sé de dónde viene el ataque y cómo he llegado hasta este punto, piensan, entonces puedo hacer que no me vuelva a ocurrir. No es algo sencillo pero al menos la persona siente cierto control sobre esta ansiedad.

Sin embargo, hay un grupo entre las personas que sufren estos ataques que no tienen claras las causas y la manera en que ha ido evolucionando su ansiedad hasta llegar a ese punto. Son los que la psicóloga Melanie Klein definió como crisis de angustia inesperadas.   

Círculo vicioso

Tras estos ataques de pánico se empieza a establecer un círculo vicioso negativo de ansiedad.

Cuando la persona se encuentra en situaciones que le recuerdan a ese pasado ataque de ansiedad (que son muy diversas ya que, al ser ataques inesperados, en principio pueden deberse a cualquier cosa) empieza lo que en psicología se conoce como “ansiedad anticipatoria”. Es decir el hecho de creer que voy a tener ansiedad, que algo me va a provocar malestar, es suficiente para ya sentir esa ansiedad. Por tanto, ya no es necesario estar en una situación temida para desencadenar el ataque de pánico. Ahora ya solo basta con pensar en ello. De esta manera se empiezan a evitar cada vez más y más situaciones que la persona prevé que pueden producirle ansiedad.

Y de esta forma se empieza a gestar lo que llamamos agorafobia. La persona poco a poco deja de hacer actividades por miedo a la ansiedad. Y, cuando se quiere dar cuenta, se encuentra aislada (en el peor de los casos) en su casa, en su espacio seguro.

Cuanto más tiempo dure esta evitación más compleja es de eliminar. Cuando llevamos mucho tiempo sin enfrentarnos a algo esto hace que nos creamos cada vez menos capaces de realizarlo, así que tendemos a evitarlo cada vez más, cerrándose así este círculo vicioso de la ansiedad.

 

Algunas situaciones agorafóbicas 

Una de las situaciones más agorafóbicas que se puede dar es, por ejemplo, estar en el dentista o en la peluquería. Y no es por miedo al dolor o a un terrible corte de pelo. Si nos ponemos a pensar en lo que guardan en común estas dos situaciones entenderemos rápido la problemática de la que hablamos.

Tanto si estás con el succionador de saliva puesto o con los rulos y el tinte son situaciones en las que no puedes escapar. O al menos no inmediatamente. En estas situaciones la persona con agorafobia se siente atrapada y ese pensamiento, esa sensación, dispara de forma vertiginosa los niveles de ansiedad.

Se pone de nuevo en marcha la rueda de la agorafobia. La persona empieza a sentir que no tiene escapatoria, que en cualquier momento le va a dar un ataque de pánico y que no va a poder hacer nada para evitarlo.

Las situaciones agorafóbicas más descritas por los pacientes son:

  1. Estar fuera de casa
  2. Estar en lugares concurridos
  3. Estar en teatros, restaurantes, centros comerciales o iglesias
  4. Estar en espacios cerrados como ascensores o túneles
  5. Viajar en transportes públicos como autobuses, trenes, aviones o metros
  6. Conducir, especialmente si es en autopista o en un atasco
  7. Estar en un puente
  8. Hacer cola
  9. Estar sentado en el dentista o en la peluquería

Salir de la rueda de la ansiedad

Como hemos ido viendo poco a poco las situaciones agorafóbicas van haciéndose cada vez más numerosas hasta que pueda llegar el punto de no querer -o no poder- ni salir de casa.

En ese contexto es muy complicado empezar a trabajar para ir eliminando los síntomas de ansiedad. Afortunadamente en la actualidad están surgiendo nuevas terapias, como las terapias online, que permiten a los profesionales de la salud mental acercarse a las personas que sufren agorafobia desde sus casas, sin tener que trasladarse a las diferentes clínicas.

Gracias a estas nuevas metodologías se puede empezar a abordar el problema directamente con el paciente y establecer metas terapéuticas que vayan eliminando esas barreras que el paciente siente como insuperables.

Si necesitas más información sobre este tipo de terapias, metodología o resultados no dudes en contactar con nosotros.


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