¿De qué tengo que hablar con mi psicólogo?

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 21 de abril de 2017

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Hace tiempo examinamos en este blog los posibles motivos que pueden llevar a alguien a acudir a terapia. En aquella ocasión reflexionamos sobre lo natural que es ponerse en manos de un psicólogo cuando sentimos que hay aspectos de nuestro interior que deben ser examinados o sanados, igual que nos ponemos en manos de otros profesionales cuando nos duele cualquier otra parte del cuerpo. 

Imagina que ya has dado ese paso. Has detectado que hay ciertas áreas de tu vida que pueden ir mejor. Has fijado una cita con un profesional de la psicología. Estás en la consulta (o frente a la pantalla de tu ordenador, si haces terapia online) y probablemente te estás preguntando: ¿Y ahora, qué?

Es una pregunta muy normal, sobre todo si no tienes costumbre de realizar “trabajo personal” o te ha costado dar el paso de llegar hasta ahí. No te preocupes por ello. ¿Has oído alguna vez que el cliente siempre tiene la razón? En la consulta de un terapeuta sucede algo parecido. Tú estás ahí para ti y lo que traes para trabajar durante ese rato, incluso cuando ni siquiera tú sabes lo que es, está bien tal y como está.

Eso no quiere decir que tengas un papel pasivo en tu proceso o que esperes que sea el terapeuta el que siempre haga todo el trabajo, adivinando día tras día lo que tú necesitas. Recuerda que cada vez que te encuentras con tu psicólogo tienes un rato para ti pero que ese rato no es eterno: tiene una duración y un coste y se supone que tú quieres sacarle el máximo provecho. Una vez pasada la primera o la segunda sesión, que suelen servir para que tu psicólogo y tú os conozcáis, es tu responsabilidad realizar las tareas que te encargue y poner en ellas tu máxima atención, detectando los temas que habrá que tratar en vuestro siguiente encuentro. Tu psicólogo va a ayudarte a clarificar lo que necesitas y cómo lograrlo de manera progresiva pero, para que él pueda guiarte, necesita que tú también tengas suficiente interés en ello.

Lleva un diario de tu terapia. No hace falta que escribas páginas y páginas, bastará con algunos apuntes que recojan lo más importante que habéis hablado o aquello que más te ha resonado. Algunos pacientes toman notas durante la sesión, para que no se les escape nada.

Habla abiertamente con tu terapeuta, redirígele hacia los temas que tú quieres tratar. A veces, cuando los psicólogos vemos varios caminos a tomar en la conversación, no acertamos con el que es clave ese día para el paciente. Díselo con confianza y hablad de todo aquello que sientas que no está funcionando entre vosotros.

A no ser que ese día sientas que necesitas silencio absoluto, ten pensado el tema que quieres tratar en la sesión que vas a tener. No importa si lo que te ronda la cabeza te parece un tema poco importante. Te sorprenderá comprobar hasta dónde se puede llegar tirando de un hilo que al principio parecía insustancial.

Por último, sobre todo si es la primera vez que estás delante de un profesional contándole tus problemas, es normal que sientas cierta vergüenza, que no tengas claro cómo contárselo o que temas la reacción que vas a escuchar por parte de esa persona. Sin embargo, recuerda que estás delante de alguien que va a acompañarte (no a condenarte), que todo lo que hables va a quedar entre vosotros y que te pase lo que te pase tu historia es importante y tiene un valor. Confía en tu psicólogo y deja que te ayude a dar los siguientes pasos.


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