Cuidar la salud mental en la empresa: 4 elementos básicos

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Todos pasamos mucho tiempo en el lugar de trabajo. Eso puede ser bueno para nuestra salud mental o bien un auténtico problema. Trabajemos en lo que trabajemos, la “oficina” es el lugar donde nuestro bienestar interior puede resentirse y también donde tenemos una oportunidad para cuidarnos a nosotros y a quienes trabajan a nuestro lado.  

Cada lugar de trabajo es un mundo igual que lo es cada persona. Por eso, al evaluar qué podemos hacer para cuidar de nuestra salud mental en el lugar de trabajo veremos que hay infinidad de factores que pueden potenciar o destruir nuestro bienestar psicológico. ¿Por qué? Porque no a todos nos afectan igual las mismas cosas ni tenemos las mismas necesidades. 

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Si quieres cuidar la salud mental de tus trabajadores no te compliques y ve a lo básico: espacio, tiempo, condiciones y relaciones

Aun así, no debemos agobiarnos por no saber llegar a un punto medio que contente a todos. Tampoco por pensar que siempre se nos va a escapar algo porque hay tantos factores que influyen en la salud mental de los trabajadores que es imposible potenciarla de una manera objetiva.

¿Por dónde empezar a cuidar la salud mental en la oficina?

Muchas veces no sabemos para dónde tirar como trabajadores o como responsables de nuestros equipos. En esos casos, el punto de partida para sondear el nivel de salud mental que hay en nuestra empresa es tirar de lo básico: tener en cuenta unas cuantas cosas que, indiscutiblemente, tenemos que preservar para mejorar la salud mental en el entorno corporativo o, al menos, no destrozarla. 

A continuación te hablamos de cuatro de esos factores primarios en los que debes fijarte. Aquí te damos unas líneas generales que luego tú tendrás que adaptar a tu realidad particular como trabajador y, por supuesto, a aquello que sea factible en tu entorno laboral. Simplemente tómalas como unas ideas de las que partir. Aprovecha para ver qué otros elementos tendrías que añadir a tu lista para poder elevar tu nivel de bienestar o el de las personas con las que trabajas. 

1.Espacio físico y bienestar psicológico

No te pierdas en florituras sobre la salud: empieza vigilando que el espacio sea adecuado para la tarea y lo más agradable posible para las personas. De acuerdo, los milagros no existen y la fábrica, el despacho o el comedor dan para lo que dan. Sin embargo, recuerda que lo que sí existe es la capacidad para cuidar del orden, la iluminación, la temperatura, unos materiales mínimos o una distribución coherente del mobiliario. 

El espacio físico influye mucho en lo bien o lo mal que podemos llegar a encontrarnos, independientemente de la tarea que estemos haciendo. No importa si somos trabajadores rasos o si somos directivos: siempre que podamos tenemos que procurar que las condiciones materiales en las que estemos trabajando sean adecuadas y amables, que no generen rechazo. Que la gente tenga una silla cómoda y una mesa lo suficientemente amplia, que haya luz, que no haga un excesivo calor o frío, ruidos insidiosos o trastos por enmedio y, por supuesto, que las personas no estén hacinadas… Empecemos la casa por los cimientos. 

2.Organización adecuada del tiempo

La organización del tiempo es crucial para que nuestro mundo interior funcione y que, por tanto, podamos trabajar bien. Podemos evaluarla de dos maneras. La primera consiste en ver en qué medida un trabajador dispone de horas suficientes y adecuadas para la realización de su tarea.

Desde este punto de vista, si le faltan horas la consecuencia va a ser agobio, estrés y sensación de no llegar porque la exigencia es difícilmente asumible. Además, la persona vivirá con una permanente sensación de inseguridad por posibles errores cometidos debido a las prisas. Por el contrario, si hay un exceso de tiempo libre la consecuencia será utilizarlo de manera desordenada por efecto de la dispersión. Además, la persona se aburrirá y sentirá que tiene  que fingir que trabaja mucho, lo cual es muy pesado. También puede ocurrir que el jefe le reproche que no produzca durante todas sus horas cuando en realidad no es culpa suya que no haya tarea que hacer, con lo que las relaciones entre distintos niveles se verían perjudicadas.  

La otra manera de observar la organización del tiempo ya no depende de la empresa sino de la responsabilidad individual. Cada uno debe evaluar la manera en que sabe distribuir la realización de sus tareas en función del tiempo que tiene. Para ello debe tener en cuenta el diferente nivel de importancia de esas tareas y buscar la mejor manera de llevarlas a cabo. En otras palabras, debe potenciar su capacidad para ser responsable, eficiente y saber organizarse. El talento está muy bien, pero solo siendo ordenados podemos sacar el mayor partido posible a las horas por las cuales nos pagan. 

3.Cuidar las relaciones entre compañeros

Si hay algo que puede refrescar o hundir el bienestar subjetivo de una persona son las relaciones con sus iguales en el entorno de trabajo. En otras palabras, la calidad de sus interacciones y vínculos afectivos con sus compañeros directos. 

Todos sabemos que un trabajo puede ser el más feo del mundo pero que, si lo desempeñamos al lado de gente maravillosa, se hace llevadero e, incluso agradable. Por el contrario, un trabajo puede gustarnos más o menos pero, si nos rodea gente con la que no conectamos en absoluto o que no nos trata bien, puede acabar convirtiéndose en una tortura cotidiana

Los compañeros de trabajo no tienen por qué ser mis amigos. Lo importante es que tengamos claro que, amigos o no, podemos apreciarnos y forjar entre nosotros relaciones de cooperación, afinidad y confianza. Eso va a mejorar el estado de ánimo de todos, así como el nivel general de motivación. Lo has adivinado: si estamos contentos y motivados la calidad de la tarea que realizamos tenderá a subir como la espuma.

4.Relaciones entre distintos niveles

Las relaciones interpersonales en el lugar de trabajo no se establecen solo con los iguales, es decir, con los compañeros directos. También se construyen con los superiores y, si se tienen, con los subordinados. 

Evidentemente, las relaciones entre distintos niveles de la jerarquía de la empresa tienen sus peculiaridades respecto a aquellas que forjamos con nuestros compañeros de nivel. Sin embargo, ambas tienen algo en común: hay que cuidarlas con mimo, porque eso es importante para trabajar bien y es importante para la salud psicológica de todos

A veces, como trabajadores, vemos a nuestros jefes como desconocidos, inalcanzables o autoritarios y eso no ayuda a trabajar a gusto. Por otro lado, cuando nos toca desempeñar un puesto de coordinación o autoridad, nos podemos encontrar con que no sabemos manejar bien la distancia que hay entre nuestro nivel en la jerarquía de la empresa y el de nuestros subordinados. A veces no encontramos el registro correcto para relacionarnos con ellos, lo que hace que el ambiente se resienta. Ambos escenarios son perjudiciales para la realización de nuestras respectivas tareas y, desde luego, van a hacer que todos nos sintamos más incómodos (menos “felices”, si lo prefieres) en el lugar de trabajo. De ahí que sea importante vigilar que esto no ocurra. 

Es fundamental cuidar las relaciones entre compañeros y también entre diferentes niveles jerárquicos dentro de la empresa

Para ello, debemos encontrar la habilidad de manejar la autoridad asociada a nuestros roles, sin pasarnos ni quedarnos cortos. Si logramos hacerlo con madurez, cordialidad y simpatía, fomentaremos un clima emocional de confianza en la oficina en lugar de trabajar en el reino de la frialdad o, en el peor de los casos, del miedo. 

En definitiva, tener un estatus laboral diferente no implica estar condenados a odiarse, machacarse mutuamente o transigir con lo intolerable. Implica que, desde posiciones de autoridad diferentes, se está trabajando en equipo para sacar adelante la tarea. Esto se hará de forma más eficiente y, sobre todo, más saludable, cuanto mejores sean las relaciones entre jefes y empleados

Acabamos de proponerte solo cuatro elementos muy básicos que pueden influir para bien o para mal en tu salud mental cuando trabajas y también en la salud de las personas que te rodean. Échales un vistazo, piensa qué estáis haciendo bien y qué estáis haciendo mal, seguro que hay cosas muy sencillas que hoy mismo podéis cambiar para encontraros mejor. 

Si descubres que la cosa es más seria de lo que parecía, entonces quizá hay que pasar al nivel de la ayuda profesional: recuerda que los psicólogos también nos encargamos de estas cosas y podemos ayudarte a ti o a tu equipo a proteger vuestro bienestar. Piénsatelo, estamos aquí. 

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