Convivir con el cáncer: cosas que puedes tener en cuenta

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El 4 de febrero se celebra el Día Mundial contra el Cáncer. Como sabes, en este blog nos gusta hacernos eco de este tipo de acontecimientos porque nuestra razón de ser como plataforma de terapia online es trabajar por la salud de las personas. Es evidente que una enfermedad así tiene un fuerte impacto en el bienestar psicológico de quienes la padecen y en el de sus allegados.

Quizá estás leyendo esto y conoces a alguien -puede que una persona cercana- que lleva tiempo lidiando con un cáncer, o que acaba de recibir el diagnóstico, o está luchando con la desesperanza ante un tratamiento que no acaba de dar los resultados esperados. Quizá hace tiempo que tú pasaste por ello. Quizá lo estás viviendo en estos momentos. Sea como sea, sabemos que no es una circunstancia fácil: la incertidumbre, el deterioro físico, la interrupción parcial o total de los proyectos cotidianos constituyen un desafío a todos los niveles que no es fácil de manejar.

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Ante un diagnóstico reciente

Dale un espacio a tus reacciones. Recuerda que estas pueden consistir en pensamientos de todo tipo que se te pasen por la cabeza, sensaciones físicas, emociones de distinto signo que a veces pueden entrar en contradicción, conductas que pones en marcha porque -de alguna manera- sientes que alivian tu malestar o que te permiten movilizar la energía que se está poniendo dentro de ti…

Nuestras estrategias de afrontamiento son muy diversas pero siempre van a estar dentro de una de esas cuatro categorías (pensamiento, emoción, conducta y cuerpo). Familiarízate con ellas, ponlas a tu servicio, recuerda que son la manera que tu “sistema” tiene de manejar la experiencia de un diagnóstico de enfermedad grave y de pronóstico relativamente incierto como es un cáncer.

Busca apoyo. Es algo que debes hacer durante todo el proceso. Hazlo a tu manera. No se trata de ir compartiendo con todo el mundo que tienes cáncer y todo lo que eso significa para ti. Se trata de que entiendas que no tienes por qué pasar esto en soledad. Está claro que habrá momentos en que necesites replegarte hacia tu interior, como quien se refugia en sus cuarteles de invierno para recobrar fuerzas, pero también habrá otros en los que necesites que alguien te oriente, escuche, motive o te ayude con algún recado.

Recuerda que más información no es más conocimiento. A veces los diagnósticos no se completan con una única entrevista con tu médico, sino que hay que pasar varias fases hasta tener claro todo lo que puede estar claro… y eso lleva tiempo. Mientras tanto, e incluso después, puedes tener la necesidad de informarte por tu cuenta para completar las lagunas de información y sentir mayor seguridad de cara a la noticia de que tienes cáncer.

La información es poder, pero es importante saber dónde buscarla, cómo diferenciar información útil de palabrería (o de contenidos correctos pero que no hablan de tu caso) y cuándo parar de buscar. Tu médico, asociaciones de afectados, páginas web oficiales y rigurosas en internet, etc. pueden ser buenas fuentes de información. Trastear indiscriminadamente por internet, en cambio, puede ser aterrador y, sobre todo, completamente innecesario, igual que escuchar las historias de cáncer de todo tu vecindario de manera inconexa y descontextualizada. La información que obtengas debe servirte para darte poder, no para confundirte o llenarte de angustia.

Encajar un diagnóstico tiene sus fases, dales un espacio. Recibir un diagnóstico de cáncer es, literalmente, una manera de tomar conciencia de que acabas de perder parte de tu salud. Tu salud es importante, así que lo normal es que la reacción posterior a su pérdida (temporal o definitiva) sea también intensa. Como ya hemos comentado en este blog, el duelo es un proceso complejo en el que no hay atajos, y que tampoco sigue un curso lineal y previsible. Entender este funcionamiento caótico de tus reacciones te ayudará a transitar por ellas.

Mantén la esperanza. A no ser que tu médico te informe de que no hay absolutamente nada que hacer (en cuyo caso tu esperanza deberá enfocarse en otros asuntos que no se refieran a tu curación -aunque estas palabras te parezcan muy crudas o irrealizables, puede hacerse), estará bien que te permitas mantener una esperanza realista en que las cosas pueden ir bien.

Eso te ayudará a emprender el tratamiento correspondiente con una actitud positiva y, ya que tienes que estar donde tienes que estar, por lo menos enfocar tu situación con un cierto optimismo.

Esperanza de que todo va a ir bien no significa edulcorar el diagnóstico ni negar la realidad. Se trata de dar un espacio en tu experiencia interior a las posibilidades reales que tienes de que todo concluya felizmente, de la misma manera que le das un espacio a la posibilidad real de que el proceso acabe mal.

Si tienes que acompañar a alguien durante el proceso de la enfermedad

Sé paciente. Cuesta muchísimo, nadie lo sabe mejor que tú. A la persona con cáncer también le está costando. Analíticas, pinchazos, ratos interminables en el médico, incertidumbre, retrocesos, miedo, indescriptibles molestias físicas… Tener paciencia en un momento así parece algo heroico para todos los implicados, pero puede ser un buen objetivo en el que fijarte, siempre dentro de tus posibilidades. Con la paciencia sucede algo parecido a lo que sucede con la esperanza: aparentemente son un imposible, pero al menos con pensar en ellas puedes experimentar un cierto alivio dentro de lo malo.

Permítete mostrar tu dolor, eso también acompaña. Es tentador pensar que lo que más conviene o ayuda a la persona con cáncer es mostrarnos fuertes, enérgicos, alegres y optimistas. Parece que eso será lo único que mantendrá el barco a flote y que, si nosotros permanecemos con esa actitud -auténtica o no- ella/él acabará contagiándose de ello y todos estaremos contentos.

Sin embargo, hay ocasiones en que la persona con cáncer se siente sola en su desesperación y poco identificada con la gente de su entorno si ve que todo el mundo se sostiene fuerte como un roble. Puede sentir que sus reacciones son inadecuadas o que no hay un espacio para ellas. A veces ver que los otros están afectados y abatidos -temporalmente- por lo que nos ocurre nos vincula emocionalmente a ellos y nos hace sentir que les importamos.

Muéstrate disponible. No siempre es fácil determinar qué necesita una persona con enfermedad grave y qué espera ella de nosotros en circunstancias así. No obstante, con nuestra actitud, con pequeños gestos y, por supuesto, sencillos recordatorios verbales, podemos informarle de que estamos aquí, dentro de lo que podemos y sabemos hacer, para lo que ella necesite (no para lo que necesitemos nosotros). Lo más seguro es que esa persona, dentro de su corazón, se sienta agradecida por contar con nuestra presencia, aunque no nos lo manifieste.

Puedes ayudar de muchas maneras, no te agobies. Por eso, porque no todo el mundo tiene que hacer de todo y nadie tiene absolutamente toda la disponibilidad y dotes fantásticas de acompañamiento, recuerda que hay muchas maneras en que puedes ser útil para la persona con cáncer. ¿No sabes cómo? Pregúntaselo directamente, no des por hecho que él o ella van a darse permiso para pedirte algo que necesitan, o que ya saben que a ti te haría ilusión poder serles de ayuda con algo. Háblalo directamente.

Cuando todo ha acabado favorablemente

Vuelve a la vida, a todo eso que no has podido hacer hasta ahora o a todas esas cosas nuevas a las que nunca habías dedicado tu energía pero que ahora sí que te apetecen. Hazlo a tu ritmo: aunque parezca lo contrario, no hay prisa, no tienes que comerte la vida con voracidad, 

basta con que lo hagas con buen hambre.

Ya lo has pasado suficientemente mal antes, no tenses ahora. Por eso, re-incorpórate tranquilamente a la vida sin tratamientos, sin médicos, sin revisiones permanentes, sin espadas pendiendo sobre tu cabeza. Puedes hacerlo, no es ninguna traición a la tormenta que acabas de atravesar, al contrario: es un homenaje que te haces a ti y a tu vida.

Elige el enfoque que quieres darle a tu vida actual: puedes extraer las lecciones que te ha dejado el cáncer o, simplemente, limitarte a celebrar que ya te encuentras bien y que todo ha ido según lo esperado, sin más profundidad ni solemnidad. Ambas opciones son correctas. La cantante Luz Casal, que lleva varios años conviviendo con el cáncer, ha llegado a afirmar en alguna entrevista que «La enfermedad es lo mejor que me ha pasado». Sea como sea, prueba a pensar durante un momento en lo siguiente: ¿cómo quiero vivir a partir de ahora?

Cuando no se puede vencer al cáncer

Date (o da a la persona que está en esa situación) un tiempo para encajarlo. Este es un paso más en tu proceso, un paso trascendental. Da igual lo que creas que se espera de las personas en una situación así: pienses lo que pienses, sientas lo que sientas, está bien. Aún tienes tu vida y puedes emplearla reaccionando como mejor te ayude. No hay una única manera de hacerlo, en este momento solo existe tu manera y no hay ninguna mejor ni más adecuada.

Permite que tu vida se organice según tus necesidades. Tu tiempo es tuyo y tu bienestar es prioritario. Así de sencillo.

Como decíamos antes, busca apoyo. No tienes por qué estar solo a no ser que lo necesites. Habrá momentos en que necesites mirar hacia dentro y alejarte un poco de todo el mundo; otras veces te reconfortará contar con la compañía de la gente importante para ti, o simplemente de gente que sientas que te comprenderá y te escuchará. Seguro que a ellos, aunque a veces no sepan qué decirte o cómo actuar delante de ti, les gustará mucho sentir que están a tu lado y que cuentas con ellos. La decisión es tuya, el ritmo lo marcas tú.

Date un tiempo para organizarte, ver qué tienes qué hacer, cómo poner orden. A muchas personas les ayuda arreglar sus asuntos relacionales y logísticos mientras aún tienen capacidad para ello, eso les aporta la tranquilidad de que no se dejan pendiente nada importante. Hay muchas maneras de despedirse de las cosas, de la vida, de las personas (no te metas presión con esto: ¿sabes un secreto? despedirse no es obligatorio).

En definitiva, el cáncer pone a prueba muchas dimensiones de quien lo padece y de las personas de tu entorno. Tanto si tú eres el afectado como si tienes que acompañar a alguien cercano en este proceso piensa (no nos cansamos de repetírtelo) que no estás solo. A nivel profesional, pero muy cercano, los psicólogos estamos aquí para ayudarte con ello, no dudes en recurrir a nosotros si nos necesitas.

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