¿Cómo se relaciona la música con los sentimientos?

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Muchas personas se preguntan cómo se relaciona la música con los sentimientos y por qué las canciones tienen un efecto tan potente en nuestras emociones. Seamos o no aficionados a la música, todos sabemos que la mayoría de las canciones son, por su letra, lo que normalmente llamamos “canciones de amor”. También sabemos que, con frecuencia, nos identificamos con lo que dicen o sentimos que las canciones hablan de nosotros. ¿Por qué?

No es raro que esto suceda y que parte de la experiencia musical consista en comprender a fondo cómo se relaciona la música con los sentimientos. Al fin y al cabo, las así llamadas canciones de amor hablan de temas muy identificables y básicos, muy viscerales y que cualquiera puede compartir. Sus letras tratan, básicamente, acerca del proceso de enamoramiento y sobre qué nos ocurre durante una ruptura y lo hacen de maneras normalmente sencillas, fácilmente divulgativas. 

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Las letras de las canciones suelen constituir un tipo de literatura sencilla, más que la estrictamente literaria, que es más elaborada y compleja. Además, la música que las  acompaña les sirve como canal para transmitirse con más potencia, porque aumenta mucho la carga emocional de las palabras. Les proporciona un tono (nunca mejor dicho), una intensidad que normalmente lo verbal no tiene por sí solo. 

Para ver cómo se relaciona la música con los sentimientos podemos hacer el experimento con muchas canciones, algunas de ellas muy populares y conocidas: la letra simplemente leída nos parecerá bonita pero más bien “simplona”. Sin embargo, acompañada de la música, la pieza adquiere una enorme potencia como declaración de amor o desamor. 

Cómo se relaciona la música con los sentimientos

La relación de la música con nuestros sentimientos

En nuestra vida cotidiana muchas veces somos más o menos conscientes de lo que sentimos pero aún no hemos sido capaces de verbalizarlo y esa ausencia de palabras resta claridad a nuestros sentimientos. Nos impide darle un sentido completo a lo que nos ocurre. 

A veces las canciones nos aportan esas palabras y experimentamos que encajan con la emoción que nos está acompañando, incluso embargando, en un momento dado. Entonces, una vez que hemos dado ese paso, nuestra vivencia emocional se vuelve más profunda, más completa. Decimos “Eso es, así me siento yo”

Por eso las canciones pueden servirnos como “tarjetas” ya prefabricadas con las que expresar nuestra experiencia sentimental, sobre todo si no tenemos mucha capacidad para ponerla en palabras, pero también cuando nuestra capacidad lingüística es más avanzada. 

Eso sucede tanto por el mensaje de la letra como en la medida en que va acompañada de su música, porque cuando utilizamos una canción para expresar lo que sentimos la música también le da un tono al sentimiento: lo viste y complementa. En esto se basan las tradicionales secciones de canciones dedicadas en la radio, por ejemplo: quiero expresarte a través de esta canción lo que siento por ti. O, si las cosas ya no van tan bien, quiero enviarte un recadito con esta canción, con la cual lo voy a expresar mejor que con mis propias palabras.  

¿Sentimientos individuales o universales?

Todas nuestras experiencias son compartidas y por eso podemos comunicárnoslas unos a otros, entender lo que les ocurre a los demás y hacernos entender. Porque a nosotros también nos ha pasado: nosotros también hemos querido, añorado, deseado, odiado, nos hemos sentido defraudados, no tenidos en cuenta, valorados o engañados. No obstante, a la hora de la verdad, cuando estamos mal nos da igual que a todo el mundo le hayan roto el corazón: ahora nos lo han roto a nosotros y no hay consuelo para eso, porque el corazón que nos duele es el nuestro, el corazón que se ha roto ahora es el nuestro, no el de los demás. 

Las emociones son las que son y el repertorio es el mismo para todos los seres humanos. En ese sentido la experiencia de cualquier persona en realidad es compartida por todas las demás. Sin embargo, cada uno experimentamos la alegría, la tristeza, el deseo o la frustración a nuestra propia manera. A cada uno le duele lo que le duele, o le alegra lo que le alegra: eso ya es una experiencia privada, particular. Podemos expresarla verbal y no verbalmente, pero los demás no pueden sentir nuestro amor, admiración, nostalgia, alegría o melancolía. 

En realidad, nos tienen que creer a través de lo que ven en nosotros y a través de lo que les decimos y nos entenderán en la medida en que puedan comparar lo que les decimos con sus propias experiencias. Es decir, cuando comunicamos a otros que amamos a alguien, ellos pueden imaginarse de qué se trata y para ello tienen que acudir a su propia experiencia de amor y cotejarlo. Sin embargo, no pueden saber (sentir) exactamente de qué les hablamos, ellos no están en nuestro organismo sintiendo eso. Solo pueden imaginar, identificarse con ello y empatizar con nosotros mediante sus propias vivencias. 

Cómo se relaciona la música con los sentimientos

¿Qué buscamos en las canciones de desamor?

Cada uno sabe por qué escucha este tipo de canciones de manera deliberada o repetitiva y cómo se relaciona la música con los sentimientos que está experimentando. Puede haber diferentes motivos. 

A veces sentimos que las emociones “se nos hacen bola” y las canciones tristes nos ayudan a movilizarlas y poder así expresarlas de una manera más concreta, o desahogarnos. A veces necesitamos “recocernos” en un ambiente melancólico porque eso es lo coherente con nuestro estado interno, es lo que no nos chirría. También hay gente que, precisamente, lo que busca cuando se siente así es desconectar de esas emociones dolorosas e inducirse otro estado de ánimo a través de canciones alegres y festivas. 

Por supuesto, no se trata de buscar empatía en las canciones. La empatía nos la ofrece otra persona, no una canción. Las canciones no nos escuchan ni detectan nuestras necesidades ni nos las resuelven en el marco de una relación. Son las personas las que lo hacen

Sea como sea, si tenemos suerte, al escuchar canciones de “desamor” o rupturas podemos sentir cierto alivio, ya sea conectando más con la tristeza o desconectando de ella. Es como si una pieza dentro de nosotros se colocara en su sitio y percibiéramos mejor cómo se relaciona la música con los sentimientos. 

Lo que hemos aprendido sobre el amor escuchando canciones

Puestos a hacer autocrítica, es importante que nos demos cuenta de cómo las canciones de amor han conformado en nosotros una idea distorsionada sobre este sentimiento y sobre cómo son las relaciones.

Aunque eso lentamente va cambiando, la mayoría de expresiones culturales (canciones, películas, publicidad, etc.) que hemos consumido a lo largo de nuestra vida se basan en la narrativa del “amor romántico”, que incluye una serie de conceptos y también símbolos que nos hacen tener unas determinadas expectativas sobre las relaciones amorosas. 

Ahí están la media naranja, las flechas de Cupido, los corazones “rotos”, la euforia, las alianzas, y por supuesto un determinado lenguaje que hace referencia a una intensidad brutal en los sentimientos, un nivel férreo de compromiso y unidad con el otro y una categorización del otro como único e irrepetible para mí

Todo eso está en las canciones, pero no solo en los boleros (que son muy intensos) sino en la inmensa mayoría de las canciones de cualquier género. Forma parte de lo que consideraríamos nuestra “educación sentimental”. Y, qué duda cabe, no es una educación muy buena que digamos, porque no se corresponde con la vivencia real de muchas personas y esto acaba generando mucha confusión, desconcierto y frustración. 

Las canciones, lo que casi equivale a decir “las canciones de amor”, contribuyen a nuestra construcción como seres que piensan, sienten y actúan. Son uno de los factores, no el único. No olvidemos que nuestras experiencias reales también nos proporcionan un aprendizaje muy importante, pero acudimos a ellas y las interpretamos en función del sistema de creencias con el que ya contamos y que hemos ido configurando desde la infancia. 

Ese sistema de creencias  sobre qué es el amor, cómo debe ser una relación, quién es el otro y qué esperar de él, quién soy yo para el otro, qué tenemos que poner en la relación y cómo comportarnos… puede ir modificándose a lo largo de nuestra vida. De hecho, mucha gente lo altera en la medida en la cual lo que va viviendo no se corresponde con lo que esperaba o con lo que ve en el cine o escucha en las canciones. 

Con canciones o sin canciones, al final lo importante es nuestro bienestar psicológico y la calidad de nuestras relaciones: las que existen, las que deseamos que existan y las que ya forman parte del pasado. Si sientes que, por algún motivo, tu bienestar está perjudicado por este tema, es una buena oportunidad para hacer con ello algo de “trabajo personal”

Esperamos que este artículo sobre cómo se relaciona la música con los sentimientos te haya interesado. Conéctate a nuestro chat y te explicaremos cómo puedes iniciar hoy mismo un proceso de terapia con uno de nuestros psicólogos expertos para poner en orden esa música con su letra.

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