¿Cómo saber si tengo una depresión?

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Puede que en este momento te estés haciendo esta pregunta: ¿tengo una depresión? o, si la tengo, ¿cómo puedo salir de ella? Responder a este tipo de cuestiones no es fácil, ya que la depresión no es un problema de salud mental simple.

No obstante, puedes empezar utilizando este artículo para tomarle el pulso a tu estado de ánimo a nivel general. Hazlo con flexibilidad e intuitivamente, es un comienzo. Si aún sigues teniendo dudas cuando llegues al final, siempre puedes plantearse la posibilidad de consultar con un profesional. Desde luego, es importante que lo hagas si te estás encontrando particularmente mal a nivel anímico.

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Creo que tengo una depresión

En muchas ocasiones los límites entre una salud mental normal y un trastorno del estado de ánimo son difusos. Es posible que en tu estado de ánimo haya un cierto “fondo depresivo” o que seas una persona más bien melancólica y pesimista. Eso no quiere decir exactamente que tengas una depresión en el sentido clínico del término, sobre todo si funcionas bien en otras áreas importantes de la vida y conservas una relativa capacidad para disfrutar y relacionarte.

Sin embargo, si te identificas con expresiones del tipo “Mi vida no tiene sentido”, “Mi vida no vale la pena” o “Todo en la vida me cuesta un esfuerzo terrible desde que me levanto” ha llegado el momento de tomar medidas más allá de la reflexión.

La depresión tiene que ver con nuestra percepción del tiempo, nuestra autoestima y lo que esperamos de las personas de nuestro entorno

En cualquier caso, párate un momento a pensar en estas cuestiones: ¿Me encuentro bien en mi día a día? ¿Estoy a gusto con el conjunto de mi biografía o, al menos, con mi vida actual? ¿Mis relaciones personales funcionan o siempre son problemáticas? ¿La vida es sufrimiento o hay un poco de todo? Es una manera de empezar a evaluar tu estado de ánimo y, sobre todo, tomar conciencia de la postura desde la que vives tu vida.

Veamos con algo más detalle la influencia que nuestra satisfacción vital, nuestras relaciones interpersonales y nuestra percepción de nosotros mismos tienen en la depresión.

Los tiempos y la depresión

Es importante que seas consciente de cómo te relacionas con el tiempo. No se trata solo de si el día se te hace muy largo o muy corto (que también) sino, particularmente, de qué percepción tienes de tu propia biografía: cómo valoras tu pasado, presente y futuro. Es decir, te proponemos que observes tu estado de ánimo desde un punto de vista que llamaríamos existencial.

Para ello, presta atención a las siguientes afirmaciones:

-Nada tiene sentido
-La vida no merece la pena
-Haga lo que haga mis problemas no tendrán solución
-Siempre pienso en si volviera atrás, si pudiera evitar, si tomara otras decisiones, si yo hubiera sabido…

¿Cómo te sientes al leerlas? ¿Te identificas con alguna de ellas, incluso con todas? ¿Te resuenan mucho o poco? Tómate unos minutos para pensar en ti, en lo que ha sido tu vida en su conjunto, en las circunstancias que te tocan vivir ahora y en cómo percibes tu futuro. De este modo podrás calibrar los niveles de frustración, melancolía, satisfacción, miedo, esperanza y demás emociones con los que afrontas tu vida en sus tres tiempos.

La relación con el pasado a veces es problemática pero hay que asumirla, igual que debemos aprender a vivir en el presente incluso aunque el futuro nos resulte amenazante. Si armonizar todo esto te resulta imposible toma buena nota e intenta consultarlo con un especialista.

La relación con las personas del entorno

Las personas con depresión tienden a tener una visión negativa o insatisfactoria de cómo son tratadas por los demás, tanto ahora como en el pasado o en el futuro. Esta visión podría resumirse más o menos en la frase “Los demás no me dan lo que yo merezco”.

Todos podemos tener esta sensación en un momento u otro de nuestra vida, pero pensar así a un nivel más profundo y continuado hace que los vínculos con las personas del entorno se resientan. Es importante evitar que se debiliten las conexiones sociales, que son tan importantes para el bienestar subjetivo de cualquier ser humano y para intentar que alguien venza la depresión si ya se ha instalado en ella.

Fíjate en estas afirmaciones:

-En mi familia nadie me escucha
-Mis amigos no me entienden
-Mi pareja no me atiende como debería

¿Cómo te sientes al leerlas? ¿En quiénes piensas cuando piensas en “los demás”? ¿Desde cuándo tienes la sensación de que las personas de tu entorno no te escuchan, no te entienden o no te dan lo que tú te mereces?

Tómate unos minutos para pensar en tus relaciones personales: la familia, la pareja, los amigos, los compañeros de trabajo, la gente de tu vida pasada y presente. De este modo podrás evaluar la percepción que tienes actualmente de tu red social, es decir, de la calidad de tu relaciones y de los vínculos con las personas importantes de tu vida.

La relación entre autoestima y depresión

La depresión es un problema de salud mental complejo que no se reduce solo a estar “muy triste” sino que tiene una estrecha relación con la manera que tenemos de definirnos y de valorarnos a nosotros mismos. Es decir: para observar nuestro estado de ánimo también tenemos que observar qué pensamos de nosotros mismos.

Imagínate que la depresión es un edificio y que vas a dibujar un boceto de ese edificio. Pues bien, esa estructura que has dibujado tiene que incluir un ala sostenida por tres pilares: insatisfacción con uno mismo, percepción de ineficacia/inutilidad y parálisis. Vamos a examinarlas más de cerca.

1.Disgusto con uno mismo

Habría que estudiar en profundidad cómo se concreta esto en cada caso, pero a menudo este disgusto profundo tiene que ver con un autoconcepto pobre y negativamente valorado, además de con los problemas a la hora de relacionarnos que ya hemos mencionado. La frase típica que resume esto sería “No valgo lo suficiente” o “Nada me sale bien”.

2.Sensación de incapacidad

La persona con depresión o con un estado de ánimo cercano a la depresión tiene una visión de sí misma marcada por la indefensión: tiende a percibirse como incapaz de solucionar su propia situación y ejecutar de manera eficaz las diferentes tareas de su vida. Por eso, a menudo la terapia para tratar la depresión incluye un apartado destinado a fortalecer las habilidades de la persona y mejorar sus estrategias de solución de problemas.

3.Parálisis anímica

Si has leído acerca de los síntomas de la depresión recordarás las palabras anhedonia, abulia y apatía. Efectivamente, la depresión dificulta el disfrute y además paraliza y “desinfla” la motivación, las ganas de hacer cosas. Es importante fijarse en si un periodo de desánimo vital más o menos puntual va convirtiéndose en un trastorno grave. El trastorno estaría caracterizado por un estado de desgana y desmotivación muy acusadas que hacen que la persona pierda el interés por la vida que hay más allá de su pequeño espacio y de su mundo interior. En efecto, en la depresión desaparece la ilusión por el futuro y aumenta el desinterés hacia los asuntos presentes, cuyo disfrute se hace cada vez más difícil.

Ser una persona melancólica no es tener una depresión. Si llevas tiempo encontrándote mal es el momento de consultar con un psicólogo

Tómate unos minutos para pensar en tu nivel de energía y de “tono” vital. ¿Te identificas con algunas de las cosas que acabamos de decir sobre la desmotivación, la desgana y la dificultad para disfrutar de actividades que antes sí disfrutabas? Si tus respuestas van en una dirección muy negativa quizá ha llegado el momento de que te plantees consultar con un especialista antes de que ese estado de desánimo profundo se siga estructurando y luego sea más complicado salir de él.

En definitiva, debemos tener en cuenta que cada depresión es diferente y que existen muchos grados de depresión, pero que con la ayuda profesional adecuada es posible que tu estado de salud mental mejore mucho. Si es tu caso, al menos merece la pena que intentes salir de esa depresión, por tu salud y por el bienestar de las personas que te rodean. Plantéatelo y da el paso. Los psicólogos estamos aquí para ayudarte.

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