¿Cómo quieres estar dentro de 10 años?

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Cierra los ojos y viaja al futuro: ¿dónde te ves dentro de 10 años? ¿Qué te gustaría hacer? ¿Cómo te gustaría estar? Seguro que todo eso que estás imaginando suena mejor que bien. 

Ahora vienen las (malas) noticias. Si de todo lo que has imaginado solo pudieras conseguir una cosa, ¿con cuál te quedarías? 

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Estas preguntas surgieron en el transcurso de una conversación casual a través del canal interno de la empresa (son tiempos de teletrabajo). Cinco minutos después se habían convertido en una encuesta informal acerca de las expectativas existenciales de todo aquel dispuesto a pensar sobre el asunto y contestar. 

Imaginar, desear y decidir

Parece una pregunta muy tópica. Tanto, que en el ámbito profesional se ha convertido en uno de los grandes éxitos de las entrevistas de trabajo: ¿a quién no le ha preguntado algún reclutador dónde se visualiza dentro de X tiempo y qué logros le gustaría haber alcanzado para ese entonces?

Sin embargo, no es una pregunta fácil. Es cierto que algunos de nuestros colaboradores la contestaron en un minuto. Se trata de quienes ya emplean parte de su tiempo en pensar sobre cómo les gustaría que fuera su futuro y por eso tienen la respuesta muy disponible. 

Otros, en cambio, pidieron tomarse varios días para poder contestar. Y tiene mucho sentido. Pensar en cómo te gustaría que fuera tu vida dentro de unos meses probablemente no implica un gran compromiso: te guste o no, lo más probable es que sea exactamente igual a como es ahora. Por el contrario, cuando hay que manejar un plazo mucho más amplio, nos tomamos más molestias a la hora de elegir la respuesta con la que más cómodos nos sentimos.

En realidad, este ejercicio requiere, ante todo, un esfuerzo de síntesis: imaginar cómo nos gustaría que fuera nuestra vida pasados 10 años (o, al menos, hacia dónde parece que nos encaminamos) y ser capaces de destilar aquello que verdaderamente consideramos valioso. Es decir, aquello de lo que, pase lo que pase, no querríamos prescindir para tener una vida agradable. 

Así que ahí lo tienes: ¿te has preguntado alguna vez cómo te gustaría que fuera tu vida dentro de 10 años? Prueba a planteárselo también a cinco, seis o siete personas de tu entorno. ¿Crees que cada uno contestará una cosa completamente diferente? 

Quizá pienses que lo importante es relativo y que cada persona responde algo muy original. Pues no te creas. No hemos llevado a cabo una indagación rigurosa ni científica, pero sí hicimos el experimento con un buen grupo de personas, de diferentes edades, profesiones y lugares de residencia. 

Obviamente, cuando hablamos con ellas no les pedimos “Cuéntame qué es lo que más te importa en la vida”. Eso hubiera sido demasiado previsible. Al contrario, tiramos de su imaginación e invitamos a estas personas a pensar cómo les gustaría que fuera su vida dentro de 10 años y qué es lo que seguro no debería faltar en ese futuro. 

¿Y adivinas qué? 

En efecto: lejos de contestar cada uno cosas muy diferentes, lo cierto es que hay bastante consenso tanto en lo que las personas con las que hablamos imaginan como en aquello que consideran que no puede faltarles cuando haya pasado el tiempo. 

Viajar al futuro deseado

Por lo visto, si el genio de la lámpara no nos da tres opciones sino solo una, todos tenemos nuestros deseos más o menos claros y nos parecemos más entre nosotros de lo que cabría pensar. Y acabamos poniendo el acento en lo mismo: la salud y las relaciones son innegociables. 

Y es que cuando nos dan a elegir, lo queremos todo pero cuando tenemos que elegir, nos quedamos con lo importante

Lo primero que observamos viendo las diferentes respuestas es que, al realizar este ejercicio, la mente se va inevitablemente  a las grandes categorías: la salud, las relaciones, el trabajo y otros proyectos personales (formar una familia, formación, viajar, etc.).

Es decir, cuando le preguntas a la gente cómo le gustaría evolucionar hace referencia por encima de todo a la salud física y psicológica y la calidad de las relaciones, además del trabajo, la vida familiar y otras aficiones y pasiones. 

Esto sucede en personas que consideraríamos relativamente jóvenes, es decir, que están entre los veinte y los cuarenta años. Sin embargo, si habláramos con individuos de más edad, cabe pensar que el énfasis en la salud y en la calidad de las relaciones se haría, si cabe, más intenso. 

En cualquier caso, para llegar a ello, hay que hacer un viaje en el tiempo a través de nuestro cerebro. 

Al iniciar ese trayecto, lo primero que tuvieron en común todas las personas a las que pedimos su respuesta fue comentar lo difícil que era el ejercicio. Para empezar, hay que combinar imaginación con deseos, fantasías y realismo. 

Además, contestar a esta pregunta implica parar, examinar la vida tal y como es en el presente y formular un deseo para dentro de 10 años que no es solo un deseo sino, sobre todo, un compromiso con uno mismo: cómo quiero estar de aquí a 10 años, cómo de lejos estoy de conseguirlo y qué tendría que empezar a hacer para acercarme a ese punto. 

Pensar en nuestro futuro de una manera concreta y seleccionar aquel elemento que no puede faltar es más que un ejercicio de imaginación: implica un posicionamiento respecto al propio proyecto vital que puede resultar incluso abrumador para algunas personas. La tentación en esos casos es mirar para otro lado en lugar de intentar contestar a la pregunta. 

El punto de encuentro: ¿dónde coincidiremos?

Si pudiéramos sintetizar todas las respuestas que obtuvimos y confeccionar una respuesta media, habríamos hablado con una persona hipotética de treinta y pocos años a la que le preguntamos por su estado general dentro de una década. 

Esa persona se ve (o quiere verse) lejos de la temida crisis de los 40 justo cuando le tocaría empezar a vivirla o haberla dejado atrás. Como hemos indicado, lo que más le importa es la salud y, a muy poca distancia, haber progresado en su trabajo, aunque no queda muy claro si eso significa tener un puesto más alto, saber más de lo suyo o trabajar menos horas. 

Muy empatadas con el trabajo, a nuestro retrato robot le importan mucho sus relaciones de amistad y familiares: pase lo que pase quiere haber estructurado una familia junto a su pareja o, por lo menos, seguir disfrutando de las maravillosas amistades con que cuenta ahora mismo.

Por supuesto -y en esto también hay algo muy generacional- no vive en el mismo sitio donde vive ahora: cuando hayan pasado 10 años se habrá mudado a una casa mejor, mucho más bonita, no importa si es un ático de ensueño en el centro de la ciudad o una casita sencilla en el campo. 

Entre medias, para que no le falte de nada, va a dejar tiempo para aprender idiomas, viajar y seguir formándose en su profesión y en lo de más allá. 

La verdad es que es una vida que suena muy bien, ¿no te parece? De hecho, dan ganas no solo de que llegue sino de ver qué derroteros hará falta recorrer durante los próximos años para realizar esa fantasía. 

Por cierto, ¿cómo va tu propia reflexión? ¿Se aleja mucho de lo que hemos descrito hasta ahora?

La importancia de regresar al presente

De todos modos, seguro que si estás leyendo este artículo ya tienes edad suficiente para saber que la vida a veces nos lleva a metas inesperadas, o a las metas que hemos deseado pero después de dar unos cuantos rodeos. 

Es importante fantasear e imaginar cómo queremos estar dentro de un tiempo y, sobre todo, poner en marcha las acciones que sean necesarias para lograr ese objetivo. Sin embargo, siempre existirán multitud de variables que van a desviarnos del punto al que queremos llegar, y la mayoría de las veces ni siquiera sabemos cuáles son o cómo controlarlas

Por eso, sin dejar de soñar y sin dejar de comprometernos con nuestro futuro, es fundamental recordar que nuestra vida es ahora. Es decir, que la búsqueda no empieza más tarde sino que ya está sucediendo. 

Esa vida a veces se pone muy insatisfactoria o muy cuesta arriba. O hay visibilidad reducida, como en los días de niebla, y no sabemos hacia dónde tirar. Por eso, si más que vivir estrictamente en el presente lo que te ocurre es que estás completamente perdida/o, entonces conviene que te pongas en manos de un profesional que pueda ayudarte a aclarar qué es lo que verdaderamente te importa y qué puedes empezar a hacer ahora mismo para que eso que te importa empiece a estar presente en tu día a día. 

Los psicólogos estamos aquí para eso. Déjanos ayudarte a diseñar tu camino. 

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