¿Cómo gestionar el rechazo?

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A lo largo de la vida todas la personas tenemos que sufrir algún rechazo. Eso significa que, ya desde muy pequeñitos y, por supuesto, en la vida adulta, nuestra vida cotidiana está llena de esas ocasiones en las que la vida nos dice «No».

 

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No hemos sido aceptados en la carrera que deseamos estudiar. La persona que nos gusta nos ha comunicado -o demostrado implícitamente- que no tiene ningún interés en ser nuestra pareja. Hacemos una entrevista de trabajo tras otra y no acabamos de encontrar ese ansiado trabajo

 

Son solo tres ejemplos de situaciones en las que, como adultos, sufrimos lo que podríamos llamar un rechazo. No es fácil asumir esto. Cualquier persona parece estar diseñada para necesitar la aceptación y la validación externas. En definitiva, para que el éxito en cualquiera de sus formas alimente su espíritu y lo llene de motivación.

Sin embargo, la vida real no es exactamente así. Claro que quien más, quien menos, tenemos éxito en múltiples cosas a lo largo de nuestra biografía, ya sea en cosas sin importancia o en proyectos significativos. Pero esos éxitos, esas múltiples veces en las que la vida nos sonríe y nos dice «Sí» se combinan, de vez en cuando, con un rechazo.

 

La cuestión no es si la vida nos lanza un rechazo o no. El rechazo va a llegar. Esas situaciones serán más o menos numerosas, más o menos duras, más o menos espaciadas en el tiempo. Si te implicas en la vida, pasan cosas geniales pero también llegan los noes. La cuestión es cómo los afrontas, el famoso estilo de afrontamiento del que siempre hablamos en psicología.

 

El rechazo, un golpe a la autoestima

 

En este punto tiene un gran interés que observes qué tal andas de autoestima. Si vas tirando a bien, tu estilo de afrontamiento se caracterizará por lo que podríamos llamar “encajar bien el golpe”. De este modo, empatizarás con la otra parte, entenderás los motivos que te da. También asumirás la parte de la información que te falta, entenderás a qué parte de ti va dirigido ese no y sabrás que no es una enmienda a todo lo que tú hagas. Ese rechazo, aunque sea importante y doloroso, será algo puntual de tu biografía, no una mancha aceitosa cuyo cerco se extiende a todas partes.

En cambio, si tu autoestima flojea un poco, o bastante, tu estilo de afrontamiento tendrá un toque más sombrío. Tenderás a pensar que un rechazo sobre un tema concreto es un rechazo general a tu persona, una desvalorización no solo de ciertas capacidades sino de tu valía global. Tenderás a “rumiar” más tiempo en tu mente sobre qué ha ocurrido. Le darás demasiadas vueltas a las misteriosas razones pueden haber llevado a que la vida te haya dicho que no. Tus sentimientos de tristeza y de sentirte “poca cosa” serán intensos y más invasivos.

 

Cambiar drásticamente y en poco tiempo tu estilo de afrontamiento no es un objetivo muy realista. Sucede lo mismo si quieres dar de repente un giro de 180º a tu autoestima baja. Lo que sí es importante es tener en cuenta que, dentro de la persona que tú eres, dentro de tu estilo, hay un bonito margen de acción.

 

Así, puedes entrenar tu habilidad para no engancharte más de la cuenta al dolor que te produce un rechazo y poder evadirte de él si darle vueltas al asunto ya no va a conducir a nada. Es una habilidad que no consiste en conseguir que los rechazos no te afecten (desengáñate: eso nunca sucederá). En cambio, se trata de que evalúes cada rechazo que te haga la vida de una manera más ecuánime. Eso quiere decir que le des a cada cosa la importancia que tiene y no llegues a conclusiones catastrofistas.

Aprende a diferenciar

 

No conseguir ese puesto de trabajo no quiere decir que seas una inútil. Tampoco que estés condenada a optar a puestos que están por debajo de lo que crees merecer. Lo más probable, al menos a priori, es que lo único que signifique es que no has conseguido ese trabajo.

 

De la misma manera, cuando alguien que te gusta te dice que no quiere tener nada contigo, o que no quiere seguir teniéndolo. Pero no quiere decir necesariamente que no seas una persona atractiva e interesante en múltiples aspectos. Lo más probable es que no lo has resultado lo suficiente para esa persona en concreto (igual que la mayor parte de las personas no te lo resultan a ti). Duele, pero no pienses por ello que eres poca cosa.

 

El proceso de fortalecernos y aprender a encajar los golpes que la vida nos da en forma de pequeños y grandes rechazos es imprescindible para poder tener una vida saludable y soportable. Recuerda que, si necesitas ayuda para entrenar esas habilidades, lo mejor que puedes hacer es ponerte en manos de un psicólogo o psicóloga que pueda ayudarte a avanzar en esa dirección. Al menos intentarlo merecerá la pena.

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