¿Cómo aprovechar al máximo tu estancia en el extranjero?

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¿Has pensado en irte un año fuera y estudiar en el extranjero? ¿Ya has llegado a un nuevo país y has iniciado tu aventura estudiantil? Aunque todos sabemos que lo primero es el deber y luego la diversión, también estamos de acuerdo en que queremos estirar el tiempo para sacar el máximo partido de nuestra estancia. 

Entre lo académico y lo que hagas en tu tiempo de ocio, en el momento de marcharte llegarás a una conclusión sobre cuánto has “aprovechado el tiempo”. En este artículo vamos a darte 8 consejos para que puedas optimizarlo con un razonable nivel de satisfacción pero sin morir en el intento Seguro que te ayudarán.  

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1. Ponte metas realistas 

Aunque suene contradictorio… no busques máximos: la perfección no existe. Puedes dejarte cosas para el futuro, igual que cuando haces un viaje como turista, solo que esta vez el viaje ha sido un poco más largo. De lo contrario, tu experiencia de vivir fuera se convertirá en un maratón, no en una fuente de disfrute. 

Infórmate bien antes de llegar a tu destino para hacerte una primera composición de lugar, pero procura no inflar tu fantasía. Recuerda que lo que pone en las guías y lo que sale en los documentales es solo una aproximación que muchas veces no tiene mucho que ver con lo que luego vas a percibir con tus propios sentidos

Mención aparte merecen los testimonios de otras personas: está bien recabar opiniones pero, como en cualquier ámbito de la vida, cada uno cuenta la fiesta según cómo se lo pasó en ella y no siempre se opina bajo un objetivo rigor científico. 

2. Diseña tu propio mapa de aprovechamiento

No te exijas imposibles pero tampoco intentes planificar tu año fuera según un estilo que no es el tuyo. Manténte alerta ante la presión del lobby “Ya que estás” y la de su compañero, el lobby “¿Que no has ido a…?”. Estas dos formas de presión son complementarias entre sí y aparecen siempre que le anuncias a la gente el viaje o temporada en el extranjero que vas a hacer o bien cuando regresas. 

Haz tus propios planes, no te dejes influir «para mal» por el estilo de los demás

La primera forma de presión, la de “Ya que estás”, en realidad adopta la forma de “recomendación manipuladora”: en teoría la persona te está haciendo una amable sugerencia como aportación a tus planes -normalmente sin que esa sugerencia haya sido requerida por tu parte. Sin embargo, suele expresar una proyección de su propio estilo, sus gustos, sus planes, las cosas que él o ella harían en tu lugar pero sin tener en cuenta lo que a ti te apetece. 

Quizá lo que dice esa persona es una buena idea pero quizá a ti no te apetece hacer todas esas cosas que, ya que estás allí, se supone que deberías hacer para sacar el máximo partido de tu viaje o tu año fuera de casa. Quizá sobre el terreno no es tan fácil como parece. Quizá lo valoras como opción pero no es tu prioridad. Quizá, insistimos, no tienes el menor interés en hacerlo aunque ya estés allíy no pasa absolutamente nada

La segunda presión es la del lobby estupefacto: ¿Que no has ido a…? Estas personas suelen regañarte a tu regreso, cuando das cuenta de todas las cosas que no has hecho aunque ya estabas allí. En ese momento llega un reproche de lo más impertinente: ¿Cómo es posible que, estando allí, ¡ya que estabas allí!, no fueras, no hicieras, no te pasaras por, no te tomaras un, no visitaras…? La respuesta adecuada a estas impertinencias es la misma que en el anterior caso: ¿Que cómo es posible? Porque no tuve tiempo, porque no encontré la manera, porque surgió un impedimento o porque -esto es lo más común- no tenía el más mínimo interés en hacerlo. 

Sobre todo recuerda que puedes defenderte de esta presión externa, que es probable que hayas interiorizado en algún momento, de manera educada y asertiva. Los demás expertos en tu vida tendrán que vivir con ello. 

3. Prográmate adecuadamente para vivir en el extranjero

A veces no disponemos de todo el tiempo o el dinero que nos gustaría cuando nos vamos a estudiar fuera y eso nos quita un gran margen de maniobra. Otras veces la ciudad a la que vamos es especialmente grande y compleja (y, por tanto, con un potencial de cosas interesantes por hacer muy diverso, pero también abrumador). 

Por eso, a veces aprovechar al máximo el tiempo es hacer las tres o cuatro cosas importantes que sientes que no puedes dejar de hacer… y dejar todo lo demás para ocasión más venturosa. 

No nos cansamos de decirlo: es tu vida, no la de los demás, así que ¡orden y libertad! No pasa nada si luego cambias mil veces de planes. Al fin y al cabo, es tu año, no el de los demás. Piensa antes de ir, pero también cuando ya te hayas instalado, qué es lo que haría que tu año estuviera amortizado al máximo. Busca tu propia manera de aprovechar el tiempo. Haz una lista de las cosas que te gustaría hacer y ve cumpliendo objetivos. Si ya estás allí y sientes cierta frustración por no estar aprovechando al máximo tu año-de-vivir-fuera piensa qué te falta y ponte en marcha en la medida de tus posibilidades. No hay otra opción, nadie lo va a hacer por ti

4. No te rindas

Nunca es tarde para aprovechar al máximo tu año. Aprovechar el año no es quemar el año. El partido de fútbol acaba en el minuto 90 y no antes, ¿verdad? Pues tu año fuera también acaba en cuanto el avión despega para llevarte de nuevo a casa

Hasta ese instante puedes aprender, disfrutar, repetir todas las veces que puedas aquellas experiencias que más te hayan gustado, comer o beber por última vez eso que te ha encantado y que no tendrás en tu lugar de origen, visitar por (pen)última vez tus lugares favoritos, tomar algo con alguien especial para despedirte, conectar con la que ha sido tu ciudad de adopción durante unos meses como un hogar improbable y que has ido construyendo sobre la marcha, con más o menos disgustos y, por supuesto, más o menos satisfacciones. 

Mientras estés allí no hay prisa, tienes tiempo. La ciudad va a seguir ahí mañana, no tienes que apuntarte a todo, ni hacer de todo cada día. Descansar, leer, estar en casa en lugar de permanentemente viajando o pasear sin un rumbo determinado son maneras perfectamente válidas de aprovechar el tiempo. No engullas la ciudad, simplemente vívela a tu manera.

5. Mente abierta para vivir fuera

Patéate la ciudad, no hay mejor manera de conocerla. Ve más allá de los tópicos, piensa que tu año fuera como estudiante no se reduce a un calendario de clases pero tampoco a un programa prefijado de monumentos y selfies previsibles. 

Dentro de tu estilo y de lo que las circunstancias te permitan, apúntate a los eventos que tengan lugar en las casas de gente local, no solo en bares: conocerás la ciudad por dentro y tendrás una idea un poco más aproximada de cómo vive la gente en este país, al menos la gente de este país con la que tú te relaciones. No tienes que estar en todos los saraos, hagas lo que hagas siempre te vas a estar perdiendo algo así que quítate presiones absurdas y selecciona bien, desde tu espontaneidad, qué cosas quieres hacer, en qué actividades y con qué personas quieres emplear tu tiempo

Si eres aficionado al cine y la literatura, procura ver películas y leer libros de autores de ese lugar, a ser posible en la lengua original. Come cosas de allí, consume productos locales. Quizá tu tarjeta de crédito está tiritando pero recuerda que siempre hay muchos planes apetecibles que son baratos o, incluso, gratuitos. Pregunta, sal de casa. Intégrate. 

6. Déjate sorprender paso a paso

Como ya hemos dicho en este artículo, la experiencia es tuya y de nadie más. No hay más normas ni exigencias que las que tú te impongas dentro de tu contexto. Fuera rigideces, disfruta de tu libertad. 

Si la ciudad a la que llegas es muy grande y te resulta abrumadora, ve abarcándola  poco a poco. Comprobarás -es una ley universal que no falla- que, según vas recorriéndola y dejando atrás la novedad de las calles y las distancias, la ciudad se encoge y se vuelve menos amenazadora

Sin prisa, pero sin pausa, puedes seguir disfrutando de tus actividades favoritas hasta que despegue tu avión de regreso

¿Verdad que tu año fuera acaba cuando el avión del viaje de vuelta despega? Pues hasta ese entonces continúa la experiencia. Cuando te quede poco tiempo y no sepas dónde ir, aprovecha para echarle un ojo a ese lugar en concreto, o a ese barrio, que en principio no te decían nada. Quizá están más alejados del centro, pero no dejan de pertenecer al sitio donde has vivido los últimos meses. Quién sabe, puede que te lleves una agradable sorpresa y descubras sitios interesantes. En el peor de los casos seguramente te darás un garbeo por un sitio completamente aburrido, pero no se podrá decir que no apuraste la ciudad al máximo, al menos en ese sentido. 

7. Ante todo, asertividad

O los demás te arrastrarán a su propio aprovechamiento. Aunque al principio te parecerá que tienes todo un año por delante, lo cierto es que las semanas y los meses empezarán a correr velozmente mucho antes de lo que te imaginabas al deshacer las maletas. Por eso es importante que tengas claras tus prioridades y sepas satisfacer tus intereses y bienestar de una manera adecuada. 

En resumen, la metodología consiste en lo siguiente: si te apetece hacer algo, sencillamente hazlo. Si te apetece hacerlo acompañado, busca una buena compañía. Pero si no la encuentras, no importa, hazlo igual, aunque no haya nadie más. Los demás no tienen por qué acompañarte a todo ni tiene por qué apetecerles lo mismo que a ti. Idealmente todo es más divertido cuando se comparte pero, ¿qué prefieres, hacerlo aunque sea tú solo/a y no quedarte con las ganas o quejarte de que nadie te acompañó a hacerlo y, por tanto, te quedaste con las ganas

Piénsalo, es una manera de responsabilizarte de tu tiempo y de forjar tu propia cotidianidad.  No importa si eres de esas personas que no se imagina a sí misma yendo sin compañía al cine, a un museo, de paseo o de excursión al pueblo de al lado. ¿Y si pruebas a hacerlo? Ninguna de esas cosas implica subir al Everest sin oxígeno pero, en cambio, pueden llegar a ser muy agradables. Si te apetece hacer algo, hazlo, no esperes

8. Manténte en el presente

No puedes aprovechar al máximo tu año fuera si estás permanentemente con la mente (incluso con el cuerpo) en tu lugar de origen. Muchas personas se dejan arrastrar por la nostalgia, quizá un cierto nivel de dependencia, su incapacidad para instalarse en su nuevo espacio o la tentación de vuelos baratos a su lugar de origen y así se pasan su año fuera como estudiantes yendo y viniendo. 

Otras, aunque no se desplacen físicamente, emplean gran parte de su energía en estar pendientes de lo que han dejado atrás en lugar de dejar espacio para su vida actual en la nueva ciudad a la que se han trasladado. 

Es cierto que a veces te apetece tomarte un descanso de tu nueva vida y es saludable que te lo permitas. Estudiar fuera no es una competición a ver quién aguanta más meses seguidos sin volver a casa ni tiene por qué implicar una desconexión total de tu vida anterior. De acuerdo, pero, en condiciones normales, es importante que recuerdes dónde estás y para qué has ido allí o la experiencia de estar un año estudiando fuera va a perder gran parte de su sentido… y se va a poner muy cuesta arriba. En definitiva, vale más estar a tope en uno de los dos lugares que dividido a medio gas entre los dos

Esperamos que estos consejos te ayuden a disfrutar al máximo de tu temporada como estudiante en el extranjero. Si cuando estés ahí ves que la cosa se complica demasiado, no te martirices. Quizá es el momento de pedir ayuda profesional, así que una terapia online puede ser una buena solución si en la ciudad donde estás viviendo ahora no se habla tu lengua materna. Plantéatelo, puede ser una muy buena decisión para cuidar de ti. 

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