Mi batalla contra la ansiedad: 12 semanas de terapia online

Por ifeel
Publicado 04 de julio de 2017

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Soy una chica reservada y me cuesta bastante hablar de mis problemas. De hecho, ahora que lo pienso, son pocas las personas que están al tanto de lo que pasa en mi vida interior. Conozco gente que le cuenta lo que le pasa a todo el mundo: su familia, amigos, el portero, el taxista y hasta al camarero de la esquina. A mí me ha costado mucho conseguir hablar sobre mi ansiedad.

Yo, sin embargo, aprendí de pequeña que cada uno tenía que hacerse responsable de sus cosas y no cargar a los demás con sus problemas. Y así he hecho siempre, me lo he comido todo sola.

Todo comenzó cuando tenía 25 años. Había terminado la carrera y estaba buscando curro. Fue ahí cuando comencé a sufrir ataques de ansiedad que me fueron consumiendo poco a poco. Las continuas negativas cada vez que mandaba un currículum, las semanas sin respuesta, la incertidumbre, sentir que mi vida no avanzaba y que me quedaba estancada mientras los demás progresaban… todo se fue acumulando.

La sensación iba y venía. Por épocas la controlaba y por supuesto nadie sabía nada de lo que me pasaba. No le di mucha importancia en su momento, ‘son cosas de la vida’, ‘es un mal momento’, ‘ya pasará’, pensaba.

Al principio los ataques aparecían en momentos importantes, luego en cualquier situación: cuando iba a perder el autobús, antes, durante y después de las dichosas entrevistas de trabajo, cuando un amigo no me respondía un mensaje. La ansiedad se apoderaba de mí y me paralizaba. Las veces que intenté hablar sobre ello sentía que mi pareja, mis amigos o mi familia no me entendían. Sé que su intención era buena, pero me decían cosas que no sólo no me servían, sino que me hacían sentir peor… Así que opté por encerrarme aún más en mí misma.

Una tarde a última hora, un mes después de dejarlo con mi pareja, exploté. No podía más, sólo tenía ganas de llorar y llorar hasta que me dejara de doler el corazón.

Ahora que miro hacia atrás, con 31 años, me doy cuenta de todos los disgustos que me hubiera ahorrado si hubiera escuchado lo que mi cuerpo me decía. Si sólo hubiera buscado ayuda profesional antes. Yo era muy deportista y sí, ‘mente sana en cuerpo sano’, pero a veces un cuerpo sano simplemente no basta: hay que cuidar la salud mental.

Aquel día toqué fondo, sentía que había perdido el control por completo. No sabía a quién acudir y me encontré como caída del cielo con ifeel, una plataforma de psicólogos online. Jamás, jamás antes, me hubiera planteado esa opción, pero estaba desesperada y sentía que no tenía con quien hablar. Yo que no era capaz de hablar con mi mejor amiga, ¡imagínate con un desconocido!

Y así fue cómo me encontré contándole mi vida a una psicóloga cuya cara nunca vería. Le hablé como no había hablado con nadie en mi vida antes, necesitaba soltar todo lo que llevaba dentro. Me escuchaba y a medida que me iba respondiendo me daba cuenta de que hacía muchísimo tiempo que no me sentía comprendida. Mientras escribía no hacía más que llorar y llorar, pero a medida que ella me iba hablando, me iba calmando. Como un niño que de repente encuentra el consuelo de su madre. Me calmó, me preguntó cosas sobre mí  para conocerme y me hizo entender que lo que yo necesitaba era el apoyo de un profesional. Ahora que lo veo en retrospectiva, esa fue la primera sesión de terapia

Esta psicóloga fue quien me conectó con Maribel, una psicóloga especialista en ansiedad con un currículum bastante impresionante y la que a día de hoy sigue siendo mi terapeuta. Cuando empecé estaba rota y no sabía a dónde acudir, estaba hecha todo un lío. Y así fue cómo me animé a dar el paso y comenzar una terapia.

A medida que avanzaba la terapia, mi mente se aclaraba. ¿Cómo había tardado tanto tiempo en hacer esto? ¡Ojalá hubiera empezado a los 25 y no a los 31!  Escribir se convirtió para mí en una herramienta fundamental. El simple hecho de tener que organizar todos mis pensamientos y sentimientos y plasmarlos por escrito fue toda una catarsis introspectiva. Y todos los días recibía respuestas de Maribel. Poder compartir toda mi historia con alguien completamente imparcial y de manera totalmente anónima, que además te ayuda a reorganizarla, ha sido una maravillosa experiencia. Solemos confiar en amigos o familiares, pero siempre tienen opiniones un poco sesgadas, porque al fin y al cabo existe una relación sentimental. Sin embargo, un psicólogo es un profesional cuyo trabajo es precisamente escucharte y equiparte con las herramientas para que tú misma puedas salir adelante.

Al releerme me daba cuenta de todas mis contradicciones y me obligaba a reflexionar para aclarar lo que buscaba en mi vida. Con la ayuda de Maribel empecé poco a poco a pensar en lo que yo quería, en vez de seguir haciendo lo que los demás consideraban bueno para mí.

A veces recaía en un ataque y sentía que todo el trabajo había sido en vano. ¡Lo que habrá tenido que aguantar Maribel conmigo en esos momentos! Pero cuando se pasaba la crisis y charlaba con ella, me daba cuenta de todo el progreso que había conseguido. Desde aprender a controlar mi respiración, hasta tomar conciencia del origen de mi ansiedad.

El comienzo fue duro. No era capaz de reconocer muchas cosas, pero no hay un día en el que no me sienta alegre de haber dado el paso aquella horrible tarde. Nunca quiero volver a sentir lo que sentí en ese entonces, y esa es mi motivación para seguir aprendiendo a manejar mi ansiedad y buscar mi felicidad.

Tengo que ser sincera: sigo en terapia y sé que me queda camino por recorrer. Aún tengo momentos difíciles o situaciones que no consigo controlar, pero siento y vivo de otra forma, y creo que hasta mi gato lo nota.  

Han sido muchos años con la ansiedad como compañera, pero estoy aprendiendo a vivir con ella. Sé que es una batalla que voy a ganar. Como siempre me dice Maribel, es sólo una cuestión de tiempo, constancia y actitud.


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