Astenia primaveral: ¿verdad o mito?

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Como ya habrás notado, hace unos días comenzó la primavera. La época de las flores, de los días que se alargan y de pedir las vacaciones de verano en el trabajo, si tienes trabajo. Como todo hito del calendario, en esta sociedad nuestra, amante de las pautas y las pastillas, estos días cuentan con su propia etiqueta pseudodiagnóstica. Sí, por fin se ha encontrado un nombre para el malestar que sientes. El elegido para la ocasión es “astenia primaveral”.

Por fin una explicación

Según la RAE, astenia quiere decir “Falta o decaimiento de fuerzas caracterizado por apatía, fatiga física o ausencia de iniciativa”. ¿La estás sintiendo? No lo negamos, tú eres quien está dentro de tu cuerpo. Sin embargo, ¿estas semanas son las únicas del año en las que la sientes?, ¿lo que sientes se debe a que ya es primavera en el mundo multicolor del policonsumo? Seamos serios: todos sabemos que eso no es verdad.

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Una cosa es que el clima, la luz y la temperatura influyan en nuestro cuerpo, mente y emociones. Esto ocurre permanentemente a lo largo del año, no solo cuando acaba marzo y empieza abril. Pero otra cosa, bien distinta, es que al “desinfle” que -por alguna razón- se achaca a que la estación ha cambiado le demos poco menos que apariencia de trastorno y busquemos/ofrezcamos pautas para afrontarlo con apariencia de rigor.

No podemos psicologizarlo todo. No podemos describir cada pequeño fenómeno que nos ocurre cada día como un síntoma para cuya solución hay que seguir una presunta receta… que no es más que sentido común puesto con guiones.

Lo que ocurre es que esta psicologización es muy cómoda: todo se debe al clima, al cambio de luces, de temperatura, de hábitos… La causa siempre está fuera, en el exterior, en los otros. Parece que somos esclavos de un sinfín de síndromes que van sucediéndose unos a otros en ciclos cada vez más pequeños.

Cuando el calendario es un DSM paralelo

El DSM es el manual que empleamos los psicólogos para determinar si una persona presenta o no un determinado trastorno mental. Pues bien, en los últimos tiempos el calendario parece estar cogiendo un cierto aire de DSM. Así, más que festividades y ciclos lunares parece que cada X hojas toca hacer frente a un desafío en cuanto a la salud mental.

De hecho, a este paso habrá que enfrentar un nuevo síndrome ansioso-depresivo cada tres semanas, ya que cuando no es la astenia con que comienza la primavera es la ansiedad ante las vacaciones. Ahí presentamos el correspondiente cuadro ansioso debido al miedo a estar perdiéndonos algo o que nuestro viaje no esté a la altura de la tendencia esta temporada en Instagram.

Superada esa crisis llega la depresión posvacacional pero que no cunda el pánico: a principios de septiembre saldrán en el telediario algunos psicólogos recomendándote -en un alarde de sabiduría- que te des un poco de tiempo y te incorpores progresivamente al trabajo, ¡qué alivio!

Una vez que superes esta depresión no te relajes porque llega la depresión otoñal por la reducción de horas de luz, parece un milagro que la humanidad haya sobrevivido a semejantes desafíos. Sin olvidar, por supuesto, la gran hecatombe fisiológica que supone para millones de personas el modificar una hora (¡una!) su reloj.

Esta fatalidad no es sino el preámbulo del cuadro de estrés agudo que supone la llegada de las terroríficas navidades. Nos referimos a esos días que todo el mundo odia aunque lo niegue porque nadie quiere parece el grinch en su oficina. ¿Hemos acabado ya el maratón psicopatológico? No, después de las fiestas entrañables llega la angustiosa cuesta de enero, que, debido al cambio climático, casi está fusionada con la astenia primaveral… y vuelta a empezar.

No soy yo, es mi astenia

Puede que toda esta palabrería cumpla varias funciones para mucha gente. Por ejemplo, puede satisfacer nuestro fetichismo: las cosas que tienen nombre son más atractivas que las que no lo tienen. También alimenta nuestro narcisismo: si lo que me ocurre en este instante tiene un nombre que parece científico entonces me siento más especial.

No olvidemos tampoco que resuelve nuestra necesidad de poner etiquetas muy comerciales -aunque sean absurdas- a cosas que, simplemente, son normales y siempre se han llamado como lo que son: la vida. O de poner etiquetas a cosas que nos pasan por la mente y el cuerpo de una manera mucho más aleatoria de lo que el sistema quiere hacernos creer. Es decir, que acabas creyendo de manera acrítica que no es que esta semana estés durmiendo mal porque de vez en cuando el cuerpo se descoloca y punto, qué va, es la astenia primaveral, que afecta tanto…

Ante la astenia, naturalidad

En definitiva, actuar de esta manera nos viene genial para no responsabilizarnos de lo que nos ocurre. Como decíamos en el anterior apartado, escurrimos el bulto: no es que yo tenga pequeñas o grandes cosas a las que prestar atención estos días, o que simplemente no me pase nada, sino que es la astenia primaveral, que habla por mí. Es la depresión postvacacional, que habla por mí. Es que -aunque vivo en España- en octubre no recibo la suficiente radiación solar y eso me descompensa… Por eso vigilaré las semillas ecológicas que corresponde tomar en esta estación y tomaré mis suplementos alimenticios hipsters en lugar de comerme una buena macedonia y darme un garbeo al solete, no vaya a ser.  

También es una excusa fantástica para que los telediarios, las revistas y los blogs de diferente calidad puedan rellenar con contenido fresco y llamativo aquellos espacios que podrían ser destinados a otros asuntos quizá más serios o concienzudos. ¿Recuerdas cuando al invierno se le llamaba «invierno» y no sucesión de ciclogénesis explosivas alternadas con vórtices polares? Pues aplícalo a la psicología y que fluya la magia.

Sí, dirás que este artículo está cayendo en esa práctica. Sin embargo, estamos dispuestos a sacrificar por una vez nuestro buen nombre si conseguimos llamar tu atención. Si conseguimos, en resumen, recordarte que no debes llamarlo astenia primaveral cuando lo que quieres decir es que tienes un poco de alergia, has dormido mal y (oh sorpresa) estas semanas ir al trabajo te da más pereza de lo habitual porque ves el solecito tan bueno que hace y piensas en lo maravilloso que sería disfrutarlo bajo la sombrilla de una terraza.

Cuidarse más allá de la primavera

Comer bien, dormir bien, no abusar del alcohol ni del café, beber mucha agua, hacer ejercicio físico de acuerdo a tus capacidades, buscar actividades agradables, programar adecuadamente tu agenda… Observarás que las páginas de psicología (y de cosas que no son psicología) están plagadas de recomendaciones en este sentido dirigidas a combatir tu clara e inequívoca astenia primaveral.

¿Son malos consejos? Evidentemente no, son estupendos. Por eso te recomendamos que los sigas en primavera. Y en invierno, y en el entretiempo y, si es el caso, durante el monzón. Son sugerencias obvias que, aplicadas de manera regular y sin caer en extremismos, te van a ayudar a encontrarte bien en cualquier época del año.

Te ayudarán especialmente ahora que todo el calendario es como un apocalipsis zombi de la depresión post, la depresión pre, la astenia, el estrés postraumático y los consejos bobos para problemas que, en la mayoría de los casos, hay que traducir como “vida humana normal y corriente, sin glamour psicopatológico”.

Cada cosa por su nombre

Cuídate y disfruta de la primavera si el polen te lo permite pero no te hagas ideas raras. No lo llames astenia primaveral cuando quieres decir pereza. No lo llames astenia primaveral cuando lo que deberías es planificar mejor. No lo llames astenia primaveral cuando lo que pasa es que te sientes un poco rara por comer una hora antes o una hora después que ayer. No lo llames astenia primaveral cuando lo que quieres decir es que tienes calor.

La creatividad es fantástica pero tengamos un poco de criterio. Ponerle un nombre solemne a fenómenos naturales o -directamente- inexistentes con el afán de sobrediagnosticar a la gente puede ser muy bueno para ciertas marcas, pero no para el desarrollo personal de las personas.

En cualquier caso, si te sientes muy afectada por un cuadro severo de astenia primaveral no te preocupes. Según los expertos, se te pasará por sí solo en cuestión de unos días, cuando tu cuerpo se haya habituado. Y si las semillas, infusiones y posturas de pilates especialmente indicadas para la primavera fallan siempre te queda la mejor baza: consulta con un psicólogo y veamos de cerca qué está ocurriendo de verdad.

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