Aprende a reducir tu ansiedad con 6 sencillos pasos

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 23 de marzo de 2017

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Nos hemos familiarizado con el término “ansiedad”. Además de servir para titular boleros, parece haberse convertido en uno de los grandes males de nuestro tiempo.

Como sucede con el estrés, un poco de ansiedad no viene mal: si no nos activáramos lo suficiente, si no nos preocupáramos nunca por nada, no seríamos capaces de levantarnos de la cama, todo sería demasiado lento y no podríamos ni sumar dos más dos. Nuestro organismo necesita una cierta dosis de presión para funcionar y cuenta con los mecanismos necesarios para activarse, realizar las tareas correspondientes y, una vez finalizadas estas, desactivarse lo suficiente como para continuar con lo que toque hacer.

Sin embargo, a veces, las tuercas y tornillos de esos mecanismos se desajustan (pueden aflojarse, estar demasiado apretados, incluso hay a quien se le pierde alguno). Entonces nuestro patrón de activación-desactivación deja de sernos útil y empieza a generarnos problemas. Por eso, muchas personas demandan cada vez más las terapias online de ansiedad.

Esto es lo que pasa cuando una ansiedad normal o manejable se vuelve excesiva, de tal manera que entramos en un estado de inquietud, preocupación y activación fisiológica que no tiene ninguna utilidad, que nos desgasta y que, si se descontrola demasiado, puede llegar a transformarse en un problema de salud de cierta gravedad.

Si sientes que tienes un nivel de ansiedad demasiado alto seguramente estarás notándolo en tu cuerpo, tus emociones y tu mente. No se manifiesta igual en todo el mundo. Hay quien desarrolla problemas digestivos o de la piel o a quien le da por dormir mal, dándole vueltas a la cabeza sin ser capaz de desconectar. Por otro lado, es probable que, si te fijas, observes que estás preocupado por algo (o por todo) o bien que estés intentando controlar que demasiadas cosas salgan como tú quieres sin acabar de conseguirlo. Hay una buena razón para eso: la ansiedad es una pariente muy cercana del miedo.

Cada uno es como es y no hay nada de inadecuado en ello. Además, no tiene sentido que, si eres una de esas personas muy inquietas, activas y con tendencia a preocuparte o a sufrir demasiado por todo, pretendas convertirte de la noche a la mañana en un campeón de la quietud y la relajación. Sin embargo, es importante que busques la manera de encontrarte mejor, porque lo cierto es que una ansiedad excesiva que se mantiene en el tiempo es perjudicial para tu salud. Recuerda que no estamos aquí para preocuparnos por todo ni para sufrir, sino para ocuparnos de la vida sin hacer de todo una amenaza.  

  • Lo primero, para. Si consigues parar, aunque solo sea cinco segundos, ya has dado el primer paso para destensar los nudos que te aprietan por dentro. No se trata solo de que notes que tienes ansiedad, sino de que seas plenamente consciente, aunque solo sea durante esos cinco segundos, de que tienes ansiedad.
  • No te pelees con tu ansiedad o estarás echando leña al fuego. “Guerra a la guerra” puede quedar bien en un graffiti pero no te ayudará a relajarte. Si entras en peleas con la ansiedad estarás peléandote contigo mismo. No es una manera muy amable de tratarte y tampoco es un buen método para relajarte: solo añadirá más tensión.
  • Prueba lo contrario. Tolera un poco esa inquietud que parece estar apretándote por dentro, dale un poco de espacio en lugar de taponarla y luego vuelve a parar. Eres tú quien tiene la ansiedad, para que ella no te tenga a ti hay que dejarla que moleste un poquito y luego parar.
  • Revisa tus hábitos cotidianos, puede que te estén acelerando más de la cuenta. Toma decisiones concretas, intentan prescindir de aquellas actividades que te están sobrecargando y que no son necesarias. Cuídate: ten horarios ordenados, come bien y, sobre todo, prioriza el descanso: dormir mal nos altera mucho más que no comer.
  • Utiliza tu cuerpo para modular tu nivel de ansiedad. No se trata solo de repetirse en voz baja “Relájate, relájate, relájate”, sino de hacer ejercicios reales de relajación (por ejemplo aquellos que tengan que ver con respiraciones profundas). Puedes combinarlo con ciertos deportes que te ayuden a liberar el exceso de energía.
  • Plantéate aprender alguna técnica de meditación. Algunas son muy fáciles de practicar y, aunque no siempre relajan, sí que te ayudarán a tolerar tu malestar interno y a ver en su justa medida ciertas cosas que te preocupan.

Sobre todo recuerda que, por encima de todas las prisas y acelerones, lo importante es tu bienestar. Si crees que la convivencia con tu ansiedad se está volviendo complicada es conveniente que contactes con algún experto que te ayude a entender qué está pasando y cómo puedes ponerle solución.


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