Ansiedad social: ¿por qué es un problema?

Por Andrea Miras Ramos (psicóloga)
Publicado 09 de mayo de 2018

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El ser humano toma iniciativas y asume retos. Por eso no es de extrañar que la ansiedad tenga una presencia casi universal en nuestra vida. Una entrevista de trabajo, defender una tesis o estar frente a una situación potencialmente peligrosa son ejemplos de vivencias que la mayor parte de la población afronta en algún momento de la vida. A menudo, este estado mental de gran inquietud e inseguridad se somatiza con taquicardia, manos sudorosas, preocupación, aceleración de la respiración, aprensión y rigidez muscular, entre otras.

Sí, es muy probable que tú también hayas experimentado estas características en alguna ocasión pero, ¿fue en respuesta al miedo a algo específico, a la ansiedad o a una fobia? Veamos qué las diferencia.

El miedo es una emoción básica provocada por la aparición (real o simbólica) de un estímulo que interpretamos como una amenaza. Es decir, el miedo puede aparecer tanto si la amenaza es real como si es imaginada.

Por lo tanto, el miedo ha sido caracterizado como una emoción negativa que hay que evitar, aunque lo cierto es que tiene la función de proteger al organismo de peligros potenciales para su supervivencia.

Sentir miedo, como cualquier otra emoción, es algo positivo. Lo importante aquí es aprender a gestionar nuestras emociones de manera que resulte útil para nosotros y podamos actuar de acuerdo a nuestros valores y creencias, en lugar de tratar de evitarlas o controlarlas. Gestionar nuestro miedo de forma funcional sería suponer que la situación a la que nos enfrentamos requiere de nosotros más entrenamiento, espera o la ayuda de otro.

La ansiedad puede definirse como un gran miedo o inquietud (a veces indeterminado, sin motivo aparente) caracterizado por la anticipación de un daño o desgracia futuros, acompañada de síntomas de tensión en el organismo.

Por su parte, la fobia se manifiesta como un fuerte miedo a determinadas situaciones cuya característica principal es la irracionalidad y la falta de justificación de dicho miedo desde el punto de vista de la supervivencia de la persona y siempre acompañada de una sobreactivación del sistema de defensa del organismo.

¿Son las fobias un problema psicológico?

Sí, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales, que es el referente que empleamos los psicólogos para determinar si una persona padece un trastorno mental concreto, las fobias están clasificadas dentro de los trastornos de ansiedad en tres grandes grupos: agorafobia, fobia específica y fobia social.

La fobia social -o ansiedad social- se caracteriza por un miedo o ansiedad intensa o persistente (al igual que ocurre en los otros dos grupos de fobias) en una o más situaciones sociales en las que la persona percibe que puede ser expuesta a la evaluación de los demás. Las fobias sociales suelen comenzar en la adolescencia y giran en torno al miedo a ser juzgado por otras personas. Varios estudios han mostrado que es uno de los trastornos de ansiedad más frecuentes en la población general, entre un 1.6 y 7% de la misma las padecen.

No obstante, es un trastorno frecuentemente subdiagnosticado debido a que tiende a confundirse con condiciones pasajeras propias de la adolescencia. Por ello, se estima que el porcentaje podría ser mucho mayor.

El temor a actuar de manera humillante o vergonzosa ante los demás puede producir crisis de angustia tan importantes que podrían derivar en crisis de pánico, aislamiento social y en un patrón de conductas destinadas a evitar cierto tipo de actividades y situaciones sociales que acabarían por empobrecer las relaciones familiares, sociales y laborales.

¿Cuáles son las características de las fobias sociales?

Según los datos epidemiológicos y al contrario que la mayoría de las fobias, las fobias sociales se presentan sin distinción del género.

Algunas personas temen que los síntomas de su ansiedad se perciban y, en consecuencia, sean rechazados. Por ejemplo una persona con miedo a la sudoración puede evitar dar la mano o comer alimentos picantes; una persona con miedo a sonrojarse puede evitar actuar en público; alguien con miedo a hablar en público puede evitar hacer una exposición oral en clase y, en consecuencia, examinarse de más materia en un examen escrito.

La situación social estresante tiende a ser evitada mientras sea posible. Es muy importante trabajar la autoestima y ensanchar la espalda para aceptar las críticas. Todos somos valiosos y la diferencia individual enriquece al grupo. La evitación no hará que la angustia desaparezca pero, quizá, aceptar aquellas condiciones que no se puedan cambiar y el compromiso para actuar de acuerdo a tus valores y creencias, permitan atravesar ciertas situaciones sin sufrimiento.

 

Tengo ansiedad social, ¿y ahora qué?

El tratamiento psicológico para las fobias sociales se ha abordado de forma exitosa mediante la relajación, el entrenamiento de habilidades sociales, la exposición controlada de la persona en forma de ensayos de conducta en el ámbito del grupo terapéutico y la interrupción de pensamientos negativistas de fracaso o humillación para que te abras a la posibilidad de tener experiencias satisfactorias donde no haya lugar para el temor.


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