¿Amor o proyección? Ten relaciones más sanas

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Enamorarse, especialmente a primera vista, es un ejemplo clásico de un mecanismo psicológico llamado proyección. Respondemos a una  imagen interior, una imagen ideal y, por tanto, no nos estamos relacionando realmente con la persona que conocemos o tenemos cerca, sino con esa imagen. De aquí provienen grandes decepciones románticas.

¿Cómo comenzar a vivir el amor de un modo más real y evitar las frecuentes decepciones resultantes de dicha proyección?

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Tradicionalmente la psicología ha definido la proyección como el proceso de atribuir a otros lo que pertenece a uno mismo, de tal forma que aquello que percibimos en los demás es, en realidad, una proyección de algo que nos pertenece.

Puede ser un sentimiento, una carencia, ideas, preocupaciones, deseos, miedos, inseguridades y recursos, una necesidad o un rasgo de nuestra personalidad. El concepto de proyección aparece publicado por primera vez en la obra de Sigmund Freud en un trabajo en 1896.

La proyección se observa muy fácilmente, por ejemplo, cuando sentimos que hay algo en otra persona que nos irrita muchísimo. No entendemos muy bien por qué pero algo hay en ella que nos cabrea profundamente, que nos molesta incluso de un modo poco justificado. De alguna forma es el inconsciente el que está funcionando. Observa en dicha persona muy probablemente un rasgo de nosotros mismos del que nos avergonzamos profundamente.

¿Te suena esta situación? Nuestra mente lo detecta en el otro y lo odia en el otro. Pero en realidad son nuestra propia imagen y nuestro autoconcepto los que están en juego. Este es un típico ejemplo para ver cómo funciona la proyección.

Enamoramiento como proyección

Bien, ya sabemos lo que es una proyección. No hay mejor ejemplo de proyección que el amor romántico o el enamoramiento mágico por el que todos pasamos alguna vez, sea o no correspondido. ¿Sabemos diferenciar un amor sano y maduro de este amor romántico?

Parece ser que, a medida que crecemos y entramos en la edad adulta, sabemos un poco mejor qué es lo que estamos haciendo en el complicado terreno emocional. Sin embargo, seguimos sucumbiendo a la gran confusión que representa enamorarse a través de la proyección. Tal vez la manera más gráfica de ver esto es con el amor a primera vista.

¿Existe el amor a primera vista? Definitivamente, sí.  O, mejor dicho, existe el enamoramiento a primera vista. El amor es otra cosa. Diversos estudios han profundizado en este fenómeno y las conclusiones son claras. El amor a primera vista es una ilusión que responde a una memoria sesgada del momento en el que nos cruzamos con aquella persona.

Los mecanismos que están subyaciendo a este fenómeno son dos. Por un lado, una fuerte atracción física o deseo sexual por la otra persona. Por otro, el deseo inconsciente de ver en la otra persona la correspondencia a un sentimiento de implicación emocional.

 

Dejarse llevar… suena demasiado bien

El deseo y la atracción existen como tal, el resto es la proyección psicológica. Ahora imagínate que esta proyección se da por las dos partes. Ya tenemos un enamoramiento correspondido, pero solo ilusoriamente. Ambos enamorados no están respondiendo a lo que la otra persona es en realidad, sino a la idea que cada uno, por factores inconscientes propios, ha decidido crear del otro en su mente. Sobra decir que ambas proyecciones no superarán la prueba de realidad pasado un corto periodo de tiempo. Por tanto, ambos enamorados se exponen a la frustración y desencanto que supone despertar, nunca mejor dicho, del encantamiento.

El deseo sexual y la atracción son los elementos que pueden mantener viva esta ilusión, pero solo por un corto periodo.

No somos culpables de dejarnos llevar por estas fugaces ilusiones, por esa suerte de sensaciones que nos atrapa en segundos y cambia totalmente el curso de nuestros días. Lo intenso y fugaz nos atrapa. Además, culturalmente estamos adoctrinados para que ocurra así. Innumerables películas y canciones refuerzan esta idea de que el amor romántico existe, que el flechazo obedece a algo profundo y misterioso.

Por eso nos precipitamos sin medida a esa necesidad de que sea realmente amor a primera vista y así poder vivir la película. Se nos olvida que las películas duran una hora y media.

Examinemos más profundamente algunos de esos mitos con los que hemos crecido y que decididamente debemos desterrar para poder tener relaciones reales y plenas.

Mitos del amor romántico

 

  • Es mi media naranja

 

“Existe una persona absolutamente complementaria a mí que llenará mi vacío y me librará de la soledad”. La media naranja es una idea basada en el concepto de que en alguna parte del mundo existe otra persona diseñada y destinada a ser nuestra pareja ideal. Por no hablar de que el concepto de “la media naranja” parte de la premisa de que no somos una naranja entera, por tanto somos una pieza que está en continua búsqueda de su otra mitad.

La realidad es que si fuéramos una pieza de fruta seríamos una pieza entera. Y así es como debemos asumir el encuentro con otro, desde la conciencia de que ya somos seres plenos. Por otro lado, es bastante obvio que entre millones de seres humanos vamos a sentir atracción y complicidad por muchos de ellos y no solo por uno. Este mito también podría relacionarse estrechamente con el mito de “El amor de mi vida”.

 

  • Quien no cela no ama

 

Sentir celos no tiene nada que ver con amar al otro. Tal vez tiene que ver con sentir miedo, tener una baja autoestima, tener baja tolerancia a la frustración, pero no tiene nada que ver con el amor. Los celos no dejan de ser un eufemismo de los sentimientos de miedo y envidia.

Habría dos  grandes miedos detrás de las reacciones de celos: ser rechazado o abandonado y la posibilidad de que exista alguien mejor que uno. Se trata de una concepción inmadura del amor, se quiere poseer al otro u otra, no hay una mirada empática de la pareja. Por desgracia, tradicionalmente desde la concepción del amor romántico se han entendido los celos como la expresión de la máxima pasión que sentimos al enamorarnos perdidamente.

 

  • Mito de la omnipotencia del amor

 

El amor todo lo puede. Si tienes amor tienes todo. Si te ama morirá por ti. El amor todo lo puede y todo lo cuida y es suficiente por sí solo para que una relación funcione. Y así un largo etcétera de frases provenientes de la tradición del amor romántico occidental.

 

  • Los opuestos se atraen. Los que se pelean se desean

 

Este mito contiene un mensaje implícito delicado, al fin y al cabo implica la normalización del conflicto: se interpretan las peleas, los abusos verbales y las faltas de respeto como muestras de pasión. Y si hay pasión se deduce que hay amor. Otra equivalencia que resulta falaz. El deseo de posesión y dominación también provoca reacciones pasionales. Y no hay nada amoroso en todo ello. La realidad parece demostrar que cuantas más cosas se tienen en común, mejor se entienden las parejas.

 

La construcción de relaciones igualitarias

El principal problema de todos estos mitos aquí descritos es que son aceptados en su conjunto por una gran parte de la población. Por tanto, hay una visión general muy distorsionada de lo que es el amor y esto puede llevar a justificar y aceptar comportamientos que en condiciones normales no serían aceptables. Por ejemplo, no es casualidad que cada vez se asocie más la tendencia a asumir mitos románticos con la violencia de género. Esto se debe, precisamente, a esa aceptación de conductas anormales. ¿Cuáles? perseguir a alguien, no dejar de pensar ni un minuto en qué hará la otra persona, obsesionarse con la actividad en sus redes, sus fotos, sentir celos…etc.). El hecho de sentirse enamorado o enamorada no debería poder justificar ese tipo de conductas de acoso.

Parece difícil no caer en el amor romántico, presente en nuestra sociedad desde hace siglos y parece que seguimos enganchados a él. No obstante, sí podemos empezar a concienciarnos de cuándo estamos cayendo en este tipo de relaciones. Eso ayudará a evitarlas o intentar reconducirlas hacia un tipo de relación diferente. Un espacio de realidad, de  igualdad, donde no hay ningún tipo de sometimiento hacia la presencia del otro, donde la pasión no nos esclavice. Y sí, es mucho mejor. Si no lo crees, piensa en cómo han acabado todas las relaciones que comenzaron envueltas en ese halo de romanticismo e idealización.

¿Cómo comenzar una relación sin idealización ni proyección?

Si lo hiciéramos desde luego evitaríamos los grandes desengaños y dramas románticos que inevitablemente siguen a este tipo de encuentros. He aquí algunas pautas para lograrlo o, al menos, intentarlo.

 

  • No se conoce a alguien en unos días

 

O no a un nivel profundo. Con que si acabas de conocer a alguien y has pasado unos días maravillosos, sintiendo que ya os conocéis como si llevarais media vida juntos, sé consciente  de que estás bajo una ilusión. Sientes que os conocéis profundamente pero no es una realidad.

El enamoramiento está actuando a un nivel inconsciente para que esto sea así, ya hemos visto que en las primeras fases de las relaciones se tiende a esa idealización. No se trata de que no te pueda pasar, pero sí de que seas consciente de que está pasando. Conocemos totalmente a las personas cuando convivimos con ellas, las vemos a menudo y las vemos en diferentes situaciones, no solo en un entorno perfecto. Procura, por tanto, conocer a tu nueva potencial pareja en distintos ámbitos y en un ambiente natural. Si siempre ves a una persona de noche y en entornos distendidos, no  vas a saber realmente quién es.

 

  • Autenticidad

De la misma forma que debemos evitar idealizar a la otra persona nosotros mismos tampoco debemos potenciar que el otro nos idealice. Es curioso cómo en las primeras citas tendemos a dar “nuestra mejor versión”. Se elige cuidadosamente el vestuario y se cuida al extremo la imagen. Por otro lado, se trata de proyectar naturalidad y seguridad cuando muchas veces en realidad se está nervioso. Se cuida mucho la conversación, la manera de comunicarnos etc.

Todo esto no estaría mal si no fuera porque en realidad no somos así. O, al menos, no todo el tiempo. Esa no es “nuestra mejor versión”, sino una imagen falseada de nosotros mismos que hará que la otra persona caiga más fácilmente en esa idealización romántica.

 

  • Detectar y evitar a los “adictos al amor”

 

Mejor dicho, adictos al enamoramiento y más concretamente a la dopamina que se segrega justo en esa fase de la relación. Cuando todo es intenso y, por definición, fugaz. Si entramos en relación con este tipo de perfiles el final estará determinado desde el principio. Tras el paso de esa primera fase huirán en busca de una nueva conquista que calme su necesidad adictiva.

Es fácil detectar a este tipo de persona precisamente por todo el despliegue de romanticismo, seducción y hasta persecución del otro. Su intensidad les delata y pone en evidencia la construcción falsa que han hecho de la otra persona. En realidad es bastante fácil dejarse llevar por alguien así y contagiarse de esas sensaciones.

 

  • Amar requiere generosidad

 

Decía Erich Fromm en su imprescindible obra El arte de amar: “La gente capaz de amar, en el sistema actual, constituye por fuerza la excepción; el amor es inevitablemente un fenómeno marginal en la sociedad actual (…) El amor infantil sigue el principio: Amo porque me aman. El amor maduro obedece al principio: Me aman porque amo. El amor inmaduro dice: ‘Te amo porque te necesito’. El amor maduro dice: ‘Te necesito porque te amo”.

Para Fromm el amor entre dos personas requiere grandes dosis de apertura de uno mismo, de entrega, no deja de ser un acto de plena generosidad. De hecho para Fromm el amor constituía una forma de ser y estar en el mundo, más que un objetivo vital. Afirmó: “El amor no es esencialmente una relación con una persona específica; es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo como totalidad, no con un objeto amoroso”.

 

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