Amigos: ¿por qué protegen nuestra salud mental?

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 24 de julio de 2017

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El dicho popular afirma que quien tiene un amigo tiene un tesoro. Y es cierto. Los seres humanos nos definimos por ser sociales y también relacionales, por lo que los amigos juegan un importantísimo papel en nuestra vida.

Existen muchos tipos de amistades, por el grado de afecto que nos une, la intimidad a la que hemos llegado, las actividades que realizamos juntos, los eventos de nuestra biografía que hemos compartido… Si te fijas en tu círculo social, observarás que puedes dibujar un pequeño mapa de tus amistades en función de estos criterios: con unos amigos te vas de copas, con otros vas al teatro, con otros te encanta salir a comer pero jamás viajarías, a unos los escuchas más tú, otros son los que habitualmente te ayudan a ti cuando tienes un problema. A todos los quieres por algo y está claro que a unos los quieres más que a otros pero, resumiendo, todos son amigos tuyos: son gente con la que compartes facetas muy importantes de tu vida pero no son ni tu familia, ni tu pareja ni simples conocidos. Son amigos.

Hay gente muy exigente a la hora de considerar que alguien es su amigo, mientras que otras personas tienen más facilidad para vincularse y otorgar esta categoría. En cualquier caso, es importante considerar que, sean tres o trescientas las personas con quienes nos une un vínculo de amistad, ese vínculo es como una planta que hay que cultivar, cuidar, despojar de las hojas que amarillean y cambiarle la tierra cada cierto tiempo.

No olvides que incluso la persona más solitaria del mundo necesita comunicarse con otros, recibir apoyo, afecto y compañía, vincularse y compartir. La calidad (no la cantidad) de nuestra red social, más allá de la familia que nos viene dada, es un indicador muy claro de qué tal nos va en nuestra vida. También es un importante factor protector frente a adversidades que podamos sufrir en el futuro: los amigos son una fuente de apoyo material y afectivo indispensable para cualquier persona, por lo que potencian enormemente nuestra salud mental y nuestra superviviencia.

A diferencia de las relaciones paternofiliales o ciertas relaciones laborales en las que existe subordinación, las amistades son relaciones simétricas. Esto quiere decir que en una amistad es hoy por ti y mañana por mí, somos iguales y nos brindaremos apoyo mutuo. Por eso, aunque en otros contextos podamos relajarnos, con la vida social no podemos dormirnos en los laureles, sino que todos debemos potenciarla activamente fortaleciendo nuestras habilidades sociales.

Las amistades no se cuidan solas. Una amistad, como la mayor parte de las relaciones -sobre todo aquellas que son más profundas- es como un organismo vivo y dinámico, un vínculo que va evolucionando con el tiempo a medida que lo hacen las personas que lo mantienen. Si quieres que ese organismo se mantenga saludable y con vida tienes que ocuparte de él, invertir afecto y recursos para que avance y cumpla su función más básica: enriquecer tu vida y hacerla más fácil y bonita.

Puede que sientas que te estás aislando, que mucha gente te da de lado o que tu red social está mermando por momentos. Puede haber muchas razones para eso pero quizá te está pasando algo a ti. Cuidado: aunque el vigor de nuestra red social atraviese épocas mejores y peores, el aislamiento y la falta de interacciones humanas de calidad pueden dar lugar en última instancia a situaciones de exclusión comprometiendo seriamente tu bienestar. Si ves que vas en esa dirección conviene que cambies algunos hábitos. Ten en cuenta que la amistad no es automática ni obligatoria: si quieres que la gente pase tiempo contigo, te cuente sus cosas, vaya a verte… tienes que ser una persona a la que apetezca ir a ver, que dé confianza, alguien divertido, simpático y agradable dentro de tus posibilidades. Trabaja estas facetas y verás cómo tu círculo de amistades reverdece.

Si hay alguna cuestión que te preocupe con algún amigo, con tu vida social, con tus relaciones en general, es importante que pares y explores detenidamente que está sucediendo. Puedes hacerlo junto a un psicólogo que te acompañe en ese proceso a través de una terapia online. ¿Te animas a probar?


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