Adicción al trabajo: llenar un vacío, huir de responsabilidades

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Estamos acostumbrados a hablar de una adicción como un consumo compulsivo y descontrolado de ciertas sustancias, que bien alteran nuestra conciencia, relajan nuestro cuerpo o nos alivian, divierten o estimulan de alguna manera.

Sin embargo, el mecanismo de la adicción puede desarrollarse también a través de otras vías. Una de ellas tiene lugar cuando somos incapaces de interrumpir nuestra actividad laboral, llevando a cabo jornadas interminables de trabajo, cargándonos de ocupaciones hasta acabar extenuados, como una manera de alimentarnos, aliviarnos o desconectar de otros ámbitos de nuestra vida.

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Sí, ser incapaces de apagar el ordenador y marcharnos de la oficina, seguir enviando mails a las tantas de la noche o durante los fines de semana, llenar voluntariamente las páginas de la agenda con compromisos y responsabilidades que habría que realizar entre tres o cuatro personas… son señales a las que conviene prestar atención.

No se trata de trabajar mucho o poco (es decir, de “consumir” mucho o poco trabajo), ya que los parámetros para medir esto serían bastante subjetivos. Lo importante para determinar si estamos ante una adicción es detectar qué consecuencias tiene en tu vida ese “consumo” sospechosamente excesivo de trabajo, cómo te hace sentir, cómo te sientes cuando no puedes satisfacerlo y, en definitiva, qué circunstancias te han llevado a afrontar la vida cotidiana de una manera tan exageradamente volcada hacia lo laboral. Al fin y al cabo, no hay que olvidar que trabajar en exceso, por desagradable que parezca desde fuera, a menudo esconde la necesidad de no ocuparnos de otros aspectos que nos resultan excesivos o insoportables.

Presta atención a tus relaciones interpersonales (familia, pareja, amigos): ¿sientes que tu carga de trabajo te impide atenderlos adecuadamente día tras día? Observa tu lista de funciones: ¿las estás ampliando por tu cuenta mucho más allá de lo necesario, de lo que tus jefes te demandan, de lo que sería razonable para una jornada normal? Escucha a tu cuerpo: ¿te encuentras mal, duermes mal, comes mal, tienes mala cara, el trabajo está afectando ya a tu salud física y emocional?

Si has respondido que sí a una de estas preguntas conviene que te tomes un momento para pensar cómo mejorar esta situación. Si has contestado con dos síes, alerta: es muy probable que estés utilizando el trabajo de una manera descontrolada para no afrontar como deberías otros ámbitos de tu vida. Si has contestado que sí a las tres preguntas es hora de parar antes de que tu cuerpo, tus relaciones y tu trabajo en sí mismo lo hagan por ti pero con consecuencias realmente desagradables.

No te preocupes, transformar hábitos, aflojar el patrón de una adicción, generar nuevas estrategias para afrontar nuestras responsabilidades no es fácil ni inmediato. Si no te sientes capaz de realizar este proceso por ti mismo es importante que pidas ayuda especializada, los psicólogos estamos aquí para eso.

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