¿Qué hacer cuando te aburres? Entender tu aburrimiento

Compártenos en tus redes:

¿Te gustaría saber qué hacer cuando estás aburrido? ¿Convives con el aburrimiento aunque sea… de vez en cuando? En principio no hay que preocuparse: eres normal. Todos los seres humanos nos aburrimos en algún momento pero hay personas que se aburren más que otras. Aunque no es fácil saber qué factores psicológicos influyen en este fenómeno, podemos aproximarnos a él a través de alguno de estos factores: 

1. La creatividad. Hay personas con buena capacidad para salir de su aburrimiento, generando entretenimiento por sí mismas, ya sea solas o en compañía de otras personas. Esto quiere decir que las personas que son más creativas también se aburren, pero manejan mejor su aburrimiento: ellas saben qué cosas hacer cuando estás aburrido. 

Descubre cómo la terapia puede ayudarte a mejorar tu bienestar emocional

Saber más

2. La hiper-ocupación. Lo habitual, sobre todo cuando somos adultos que trabajan, tenemos familia, responsabilidades, aficiones, etc. es vivir con la percepción de que tenemos muchas cosas que hacer. Es cierto que hay personas con muchos quehaceres aunque renunciarían a ellos de buena gana. También es cierto que hay quienes “se imponen” esos quehaceres:  personas que nunca paran, que siempre están muy activas y muy ocupadas porque tienen poca capacidad para vivir su tiempo libre desde la tranquilidad y no se permiten a sí mismas “vaguear”. Este tipo de individuos gestiona el aburrimiento con dificultades.

3. La valoración negativa del aburrimiento. A algunas personas les inculcan desde la infancia que aburrirse es algo malo o indeseable, propio de vagos o de sujetos que no saben organizar bien su tiempo y sus ocupaciones, o bien que tienen poco mundo interior y tienden a quedarse “embobados”. Desde esta visión, en lugar de intentar darle la vuelta al aburrimiento de manera sosegada, aprenden a combatirlo como a un enemigo porque lo asocian, precisamente, a no estar cumpliendo con alguna responsabilidad

aburrimiento

En general, cuando las personas viven el aburrimiento con un exceso de malestar psicológico y le dan demasiadas vueltas a la cuestión de qué hacer cuando te aburres es porque, al conectar consigo mismas, sin distracciones o actividades que les permitan evadirse, entran en contacto con cierta sensación de vacío, de incomodidad con sus propias vidas, que necesitan cubrir a través de la actividad.  

Imaginación: ¿antídoto contra el aburrimiento?

Existe la creencia de que las personas más imaginativas son las que menos se aburren. Potencialmente sí, tiene sentido, pero esto es relativo. Si la capacidad de un individuo para imaginar y fantasear puede traducirse en acción y creación, probablemente se aburra poco. Sin embargo, si ser imaginativo consiste simplemente en perderse en ensoñaciones inconexas eso no tiene por qué conducir a un menor aburrimiento, aunque ese aburrimiento quede maquillado porque la mente está muy ocupada. 

Los seres humanos necesitamos un cierto nivel de actividad, tenemos una mente muy activa y necesitamos llevar a la acción ese movimiento que ocurre en nuestro interior y que, a ser posible, esa acción sea agradable, entretenida. Cuando esto no es posible, nos aburrimos. 

Hay que recordar que aburrirse de vez en cuando es absolutamente normal… e inevitable. Otra cosa es que ocurra demasiado a menudo y que la persona tenga pocos recursos para darle la vuelta a una situación de aburrimiento y que, por tanto, se le haga más pesada de la cuenta. 

No obstante, con carácter general, el aburrimiento es una emoción normal, que aparece cuando no nos satisface ni motiva la actividad que tenemos que realizar, es decir, no resulta estimulante sino tediosa o repetitiva. También nos aburrimos cuando no tenemos ninguna actividad urgente que realizar y entramos en un estado transitorio de confusión sobre cómo queremos emplear el tiempo que tenemos por delante. Eso lo vivimos con incomodidad. En lugar de pararnos a contemplar por la ventana o mirar al techo tranquilamente buscamos obsesivamente cosas que hacer cuando estás aburrido. 

Las ventajas del aburrimiento

En su justa medida, el aburrimiento tiene el efecto de detener nuestra actividad -que puede ser muy frenética- y permitirnos conectar con nosotros mismos. La ausencia de acción promueve la introspección, porque es una forma de silencio que se contrapone al “ruido” que generan las múltiples conductas y actividades en las que nos enfrascamos en nuestro día a día. 

A veces la ventaja del aburrimiento es algo tan aparentemente tonto como que, cuando no encontramos nada mejor que hacer, nos ocupamos de actividades que hemos ido postergando porque no nos apetecían mucho con tal de salir de la situación de aburrimiento: limpiar la casa, ir a la compra, ordenar armarios, hacer algún recado, ver tal o cual película que teníamos pospuesta desde hace semanas. Una vez hechas, además de habernos entretenido, podemos decir “Y además de acabar con mi aburrimiento ya he limpiado, ya he solucionado aquello, ya me he quitado tal cosa de encima… Eso que me llevo”. Quién sabe, a veces el aburrimiento te saca de lo que actualmente se llama procrastinar.

Por otro lado, siempre se ha dicho que el aburrimiento, al igual que ciertos problemas o necesidades que se nos plantean, estimula la creatividad y el ingenio. Esto es magnífico para dejar de funcionar por un rato como robots y estimular nuestro cerebro. A veces es posible y otras veces, simplemente, no hay nada que hacer cuando estás aburrido: hay que esperar algo más de tiempo hasta que aparezca un entretenimiento

¿Por qué nos agobia el aburrimiento?

Estamos acostumbrados a un nivel muy alto de estimulación, a través de la acción y de lo que llega a nuestros sentidos (la vista, el oído…). Esa dinámica nos evade de nuestro interior, nos mantiene distraídos y entretenidos. 

Cuando se apaga la acción aparece un ruido nuevo, el de nuestro interior, que había quedado tapado por el entretenimiento y la actividad. Hay personas que no pueden estar paradas precisamente porque, si entran en contacto consigo mismas, se angustian. 

Esto nos ocurre a todos, en general, en alguna medida. Todos necesitamos evadirnos de nuestro malestar a través de la acción, pero se hace más evidente cuando no estamos pasando un buen momento y necesitamos no conectar con nosotros mismos: al parar de “hacer” empezamos a “sentir” y hay veces en que tenemos poca tolerancia a eso. 

Como hemos indicado, el aburrimiento es normal. Aparece cíclicamente cuando se producen interrupciones en nuestra actividad habitual y, de repente, sentimos una especie de desconcierto porque, durante un rato, no sabemos qué hacer. Eso puede ser incómodo pero no es tan grave: tarde o temprano se va a pasar, aparecerá algo con que ocupar nuestras manos

Otra cosa es que vivamos en un estado de recurrente y profunda desmotivación: no es que no sepamos qué hacer sino que lo sabemos, tenemos opciones, pero ninguna nos apetece, nada nos motiva ni nos hace ilusión. No le encontramos sentido a ninguna actividad. Esta apatía y abulia, si se mantienen en el tiempo, son más problemáticas, porque nos hunden en el desánimo, nos aíslan y acaban siendo una pescadilla que se muerde la cola. 

Si sientes que tu relación con el aburrimiento es sospechosamente difícil o que lo que te ocurre no es aburrimiento, sino algo de carácter más profundo, no te conformes. Pide ayuda especializada con un psicólogo que pueda ayudarte a comprender qué está ocurriendo y cómo puedes empezar a vivirlo de otra manera. 

Conéctate a nuestro chat para que una de nuestras psicólogas guía te explique cómo puedes empezar hoy mismo tu terapia online. Como poco, te aseguramos que será entretenido. 

Descubre nuestro programa de apoyo emocional a medida para empresas.

Solicitar Demo

Si te encuentras en peligro o en una situación de emergencia, no recurras a esta web.

Estos recursos te pueden ofrecer ayuda inmediata.