7 maneras de enfocar tu verano en la ciudad

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La nueva normalidad puede haberte traído un nuevo veraneo o bien el mismo veraneo de siempre. Eso ya lo dejamos a tu libre juicio. El caso es que, bien sea por falta de liquidez, por miedo a organizar un viaje que luego haya que anular o porque, sencillamente, este año (tampoco) ha surgido un gran plan, te toca quedarte donde estás y sin hacer nada muy especial.

Hay gente a la que esto le da igual y lo lleva muy bien. Otras personas, en cambio, tienden a sentirse miserables porque se comparan con otros (con otros que están mejor, o que lo parece), lamentan su suerte o no han encontrado la manera de organizar unas vacaciones con un mínimo brillo.

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Si es tu caso, ¿qué podemos decirte? Básicamente que te aguantes, porque no hay mucho que hacer: la nueva normalidad de cada uno da para lo que da. Sin embargo, mientras te aguantas, con toda la dignidad de la que eres capaz, porque eres una persona madura, ecuánime y estupenda, te vamos a dar 7 sugerencias que has dejado de lado mientras lamentabas tu suerte y te comparabas (solo) con la gente que tiene planes mejores que los tuyos.

1 Pase lo que pase, no mires tus redes sociales

Si empleas tu tiempo básicamente en bucear en tus redes sociales la probabilidad de que acabes sepultada bajo un alud de fotos y comentarios sobre planes alucinantes en los que tú no estás participando es tan alta que debería considerarse conducta de riesgo. Si no estás bien contigo es mejor que no vaya por ahí: siempre vas a salir perdiendo. En serio, vas a salir perdiendo porque, si no estás bien, hagas lo que hagas estas vacaciones tu plan te va a parecer una auténtica basura comparado con lo que vas a ver una y otra vez en tus redes. Por ti, por tu salud, vacaciones de redes ya.

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2 Relativiza

No es el primer año que te quedas en la gran ciudad sin plan a la vista y todos sabemos que la mayoría de los veranos tampoco has tenido un viajazo, así que no pasa nada por uno más. Ya sabes: fíjate en lo que tienes más que en lo que no tienes y piensa que, aunque tú no lo sepas, hay gente que está teniendo veranos infinitamente peores que el tuyo. Cuestión de calibrar bien la importancia de las cosas.

3 Aquí y ahora

No te quemes intentando hacer que una avenida de asfalto te gratifique lo mismo que una playa: eso no va a suceder. Procura, además, no fantasear con la idea de que milagrosamente la última semana de agosto alguien (no sabemos todavía quién) te propondrá el plan perfecto. Simplemente intenta estar bien ahora, hasta donde puedas. Estas no tienen que ser las vacaciones de tu vida, basta con que te ayuden a hacer una pausa en el trabajo y te proporcionen un puñado de experiencias agradables. Si consigues eso, enhorabuena: has estado de vacaciones.

4 Bueno, bonito, barato

El glamour es maravilloso y, a veces, también es maravillosamente inaccesible. Por fortuna, también existen muchas cosas placenteras que son gratuitas, baratas o accesibles. Sabemos que en tu cuenta de Instagram todo el mundo está dándolo todo (¿qué toca este año, Mikonos, Cabo de Gata o Malta?) y que como has desoído la sugerencia que te dimos antes, te sientes miserable pero no puedes dejar de mirar que los demás hacen y tú te estás perdiendo.

No obstante, recuerda que hay enormes alegrías ocultas en destinos que están cerca de tu casa. Una ciudad pequeña de interior abarrotadita de monumentos y a la que no hace falta ir en avión. La casa de tu colegui que te quiere y se ha quedado tirado sin verano y que (le amas, lo sabemos) tiene piscina. Pasear tranquilamente hasta desfalcar la mejor heladería de la que tienes noticia (si no estás viajando te mereces la tarrina grande, te puede valer de cena, entrégate). Un libro (a ser posible agradable y divertido, por favor), un aperitivo fresquito en una azotea (algo bueno tiene que tener que Madrid se haya vuelto tonto perdido de puro pseudo-pijo neomoderno, ¿no?), un museo desierto y con el aire acondicionado a todo meter… Es mirarlo.

5 Compénsate

¿No te lo vas a gastar en un viajazo? Pues fuera culpabilidades, gástatelo en copas y en comer cosas ricas por ahí, en darte un masaje de ensueño o en comprarte esa obra de arte de mediano formato para la que estabas ahorrando. El viaje también es hacia dentro y tu cuerpo, tu estado de ánimo, tu mente, son billetes de primera clase.

6 Fomenta el poder del grupo

Habla con tus amigos, hurdid un protoclo de supervivencia veraniega compartida, di que sí a los planes que no te decían ni fu ni fa en la antigua normalidad pero que en la nueva normalidad son lotería con reintegro. Moviliza a tu red de contactos, no pienses que todo el mundo ha huido hacia lejanos destinos inalcanzables, seguro que te queda gente maja en la agenda con la que, ahora que tenéis todo el tiempo del mundo, puedes pasar una tarde estupenda haciendo nada, que es una de las mejores cosas que se pueden hacer en la vida.

7 Ahora o nunca

Aprovecha para ver la televisión, ordenar tu casa (todos sabemos que lo que ordenaste durante el confinamiento vuelve a estar manga por hombro desde que se inició la desescalada) y sobre todo, dormir. Lo echarás de menos cuando vuelvas al trabajo. Ah, no olvides aprovechar para no hacer nada y perder el tiempo de la manera más obscena de la que seas capaz. Aunque te hayan grabado a sangre y fuego lo contrario, en realidad no, no tienes que hacer nada de provecho durante tus vacaciones. Prueba a entregarte al “dulce hacer nada” que sabe a reposo, a canita al aire, a paseo, a revista y a capricho.

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