6 cosas erróneas que te has creído sobre el amor

Por Xue Pachón (psicólogo)
Publicado 15 de junio de 2018

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Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere… ¿le quiero o no le quiero? En ocasiones no hemos terminado de deshojar la margarita cuando la respuesta parece estar clara, bien sea por nuestra parte o por la del otro: no es amor lo que sentimos o bien no es amor lo que siente la otra persona.

En lo que parece un simple pestañeo todo puede cambiar y las certezas y seguridades se convierten en dudas y miedos: la relación se ha terminado.

Resulta muy complejo hablar del amor, de lo que se supone que todos queremos y anhelamos, de lo que esperamos que llegue. Las creencias e ideales sociales sobre lo que es el amor se mezclan con nuestros más genuinos deseos, el deseo de ser vistos, queridos, tocados… Nadie nos ha explicado jamás qué ocurre después del “comieron perdices” ni qué significaba el “para siempre” de la última página de los cuentos.

La realidad suena con una melodía muy distinta a lo que suponemos que debe pasar y esta distancia entre lo que supone enamorarse y lo que es realmente hace siniestro total con nuestro cuento de hadas.

No es de extrañar entonces que, llegado el momento de una separación, nos encontremos perdidos, sin rumbo y sin saber al son de qué música movernos ahora.

¿Qué es el amor?

Posiblemente sea una pregunta con tantas respuestas como enamorados, por eso no es este el lugar para hablar de lo difícil que es encontrar una definición con la que todos podamos identificarnos, cada persona vive el amor de una forma diferente e incluso nosotros mismos experimentamos de manera diferente esa humeante sensación a lo largo de nuestra vida o con distintas personas. “No quiero igual a Diana que a Carlota”, ni significó para mí lo mismo “Pedro que Felipe”, pero los quise a todos. Igual ocurre a diferentes edades: ¿por qué el amor vivido con 40 años es más real que el de los 17?

La Real Academia Española se hace eco de esta confusión con definiciones de amor como “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. También indica que es un “Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear”.

Podríamos seguir así a lo largo de más de diez definiciones todavía más confusas que las que estamos formulando en estas líneas. Hay algo, en este par de ejemplos, que no termina de encajar, palabras que chirrían y nos hacen esbozar una mueca. La “propia insuficiencia” o la sugerencia de que la llamada “pareja” nos “completa” hacen referencia continuamente a definiciones oxidadas del amor, que lo consideran como una cuña, un brazo biónico que sustituye esa amputación con la que nacemos.

Es curioso cómo una palabra como “pareja”, que inicialmente proviene del latín paris, que significa “igual”, ha podido dar lugar a algo totalmente contrario: a hablar de que no somos iguales, sino que estamos carentes, a falta de algo y que ese algo solo nos puede venir del exterior, de una persona que nos “ame”. Somos una pieza de puzle que tiene un agujero que solo encaja con el saliente de otra.

Seguimos sin hablar entonces de lo que es el amor, parece que la definición se escurre entre las manos, es más fácil decir lo que no es amor que lo que sí es.

El amor romántico

Seguramente entender lo que es el amor romántico sea la forma más sencilla de entender lo que no es el amor. Este señor, galante y seductor, que nos envuelve en canciones de Laura Pausini y nos regala bombones en forma de corazón, no es más que el actor al que nunca le hemos dado un oscar pero que se anuncia constantemente en cada rincón y al final nos convence, consigue nuestro voto a favor en esta campaña.

Hablar del amor romántico consiste en dar por hecho cosas, suponer, esperar y finalmente…decepcionarse o, en el mejor de los casos, quedarse con la espinosa y azucarada sensación de lo que pudo haber sido.

Existen pues, varias ideas que completan la enciclopedia de ese amor ficticio e ideal:

Amor a primera vista“No hizo falta nada más, tan solo se cruzaron nuestras miradas y entonces, con Celine Dion como telón de fondo, entendí que era la persona a la que amaría y me amaría siempre”. Es posible que la talentosa cantante también tenga música para los divorcios, que son el paso siguiente a tan diabética escena.

La idea de que puedas sentir amor en un solo vistazo se sostiene sobre la concepción de que al ver a esa persona nuestro corazón se acelera y se mueve todo nuestro interior. Es decir, se le da un peso desmesurado a lo que supone la pasión en la relación de pareja cuandoen realidad, si bien es vital en una relación, la ecuación de pasión=amor sigue sin sostenerse. Por el contrario, hay algunas culturas orientales que defienden lo contrario: al conocer a la persona amada no sobrevienen sentimientos rocambolescos y festivos, sino calma y tranquilidad.

Mi media naranja. No existe otra persona, no existe nadie más que aquella que por fin me complete y que, si no he encontrado, está esperándome en algún lugar, porque estamos destinados a estar juntos y todo lo que hubo antes de ella o él no cuenta.

Cuando hablamos de amor que nos “completa” estamos haciendo alusión a este mito, el de la media naranja, que alude a nuestra otra mitad sin la que nacimos y moriríamos incompletos. Una lástima que dos patas no hagan dos mesas. Cambiar el concepto de completar por el de compartir podría ayudarnos a vivir la pareja no como alguien que llena nuestros huecos, sino que yo (con mis huecos incluidos) elijo compartir contigo (que también tienes los tuyos) esta aventura que es vivir.

Me completa, del todoEs la persona indicada, es mi media naranja y, como tal, ha de satisfacer cada una de mis necesidades, ha de ser mi mejor amigo y mi confidente, mi amante, debe saber cómo me siento y actuar en consecuencia. Atento, sensible y, a la vez rudo, detallista pero que me deje espacio, cariñoso sin ser dependiente, atento sin ser asfixiante… y así una larga lista de polos opuestos que nos hablan de la exigencia hacia la otra persona: que lo sea todo. Todo lo bueno y todo lo malo, todo.

Tras este tipo de pensamiento resulta catastrófico que los hobbies no coincidan, que el otro no adivine cómo nos sentimos o que la otra persona se empeñe (egoístamente, por supuesto) en hacer lo que a él o ella le apetece.

Como lo es todo, todo lo puedeNo existe obstáculo que el amor no pueda vencer, ni los problemas económicos, ni las enfermedades, ni los suegros, ni los hijos… Sencillamente, el amor está hecho de un plutonio cósmico al que no le afectan los devenires de la vida.

La trampa de esta idea es que se considera que, como el amor lo puede todo, el amor es suficiente. Desde esta perspectiva no hay que trabajarlo, no hay necesidad de emplear tiempo en conversar, en ir creciendo como pareja y construir algo totalmente nuevo juntos, porque si el amor lo es todo y lo puede todo, entonces ya está todo dicho y hecho, no hay más que hacer.

Sin sexo no hay paraísoEl sexo en las relaciones es una manera más de comunicarse y es, sin lugar a dudas, importante a la hora de calibrar en qué punto se encuentra la relación. Es algo así como el termómetro de muchas cosas de las que pasan en las parejas. Sin embargo, dar por hecho que ha de ser maravilloso desde el principio hace pensar que un buen amante será necesariamente un buen amor. Ojalá, pero no. El sexo es una forma de comunicación, una pata más de la silla que sostiene una relación, sin la que se podría quedar coja pero que siendo la única que sostiene la pareja hace que esta caiga irremediablemente.  

Los celos son normalesExisten pocos brebajes más difíciles de digerir que la mezcolanza de sensaciones que surgen a raíz de las inseguridades y de los miedos que conocemos vulgarmente como “celos”. Sin embargo, desde la perspectiva del amor romántico “está celoso porque me quiere”, “ella es así porque le importo mucho”. Es entonces cuando debemos plantearnos desde qué emoción nos relacionamos con la otra persona , ¿desde nuestros miedos e inseguridades o desde otro lugar? La inseguridad, el miedo… son emociones normales, los celos y las conductas posesivas y limitantes de la libertad del otro son un asunto distinto.

Estos y más son los hilos de una red mucho más extensa y que supone una gran decepción cuando se empiezan a derrumbar.  Cimentar la relación sobre esta idea del amor romántico es una de las causas de las rupturas de hoy en día pero no son las únicas.

En España, según datos del Instituto Nacional de Estadística, la media de lo que dura un matrimonio antes de divorciarse es de 16 años y en 2016 se produjeron 96.824 divorcios, 4.353 separaciones y 117 nulidades. Hay muchas personas que pasan por el duro proceso de una ruptura pero, ¿qué conlleva?, ¿qué es normal experimentar y qué no es normal durante una separación?

 

El proceso de una ruptura

En el momento en el que alguien fallece es fácil empatizar, parece que todos somos conscientes de lo duro que es perder a alguien definitivamente, a alguien que no vas a poder volver a ver… Pues bien: una ruptura de pareja puede ser igual o incluso más dura que el fallecimiento de un ser querido.

Por norma general, el fallecido no decide irse pero, en muchas separaciones, es uno de los miembros de la pareja el que decide tomar distancia, es decir, “deliberadamente prefiero alejarme de ti”. Esto puede ser devastador para la persona que ve partir al otro. Por este motivo es normal que aparezcan sin avisar sentimientos desagradables, desordenados, que van desde la tristeza a la rabia, desde la negación hasta la aceptación de la nueva situación.

De cara a poder salir de ese foso puede serte de utilidad entender ciertos aspectos de este proceso:

La tristeza, la rabia… son normales. Han pasado ya unos cuantos meses y parece que estás mejor pero de repente vuelve una familiar y molesta sensación de vacío, como si acabaseis de terminar. No existe un calendario con tiempos fijados y fechas exactas donde poder subirte de nuevo al autobús del bienestar, sino que este proceso viene en forma de zig-zag, donde cada esquina te puede traer sensaciones desagradables. Sentir rabia o decaimiento cuando ya parece que habíamos superado esta situación no es más que un paso más rumbo a la tranquilidad: a veces, para dar un paso hacia delante hay que dar alguno para “atrás”.

Normal, pero no lo únicoEn este proceso la desgana habrá podido ganar mucho espacio en tu vida pero, para sentirte mejor, habrás de ir llenando los nuevos espacios de tu vida de oportunidades, no solo de vacío. Es el momento de retomar antiguos hobbies o intereses que llevabas tiempo dejando en un segundo plano. Préstate atención, escúchate y, sin presionarte, echa un vistazo a cómo te sientes y qué necesitas: expresar los sentimientos negativos es tan importante como ir creando otros positivos.

Comparte con otras personasLas heridas duelen y esto es inevitable pero no tienes porqué pasar por este trance en soledad. Es momento de que puedas buscar espacios emocionales, cerca de las personas que te quieren, familiares o amigos, donde poder explayarte en conversaciones o en silencios cargados de compañía.

El proceso de una ruptura se desarrolla en forma de espiral, es fácil volver a pasar por estados emocionales que pensabas que habías dejado atrás, pero no te desanimes, porque es totalmente normal. Si te sientes especialmente atascado y no sabes cómo gestionar todo lo que te está pasando no dudes en contactar con expertos que te puedan ayudar a sobrellevar este momento de tu vida.

 


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