5 elementos que construyen igualdad laboral

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En los últimos años se ha avanzado enormemente en la lucha contra la desigualdad laboral entre hombres y mujeres. No obstante, este problema sigue suponiendo una enorme injusticia social, un grave perjuicio económico para las empresas que la fomentan y una fuente de malestar psicológico para las mujeres que la padecen. 

Es decir: este tipo de discriminación en el trabajo no está justificada, se puede evitar, es mala para el correcto desarrollo de la empresa y es nociva para la salud mental de la plantilla, particularmente para la de las mujeres.

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Existen muchas historias de desigualdad en el trato, las oportunidades y el salario que reciben hombres y mujeres en diferentes contextos empresariales. Detrás de cada una también existe, a menudo pendiente de ser escrita o escuchada, una historia sobre cómo combatirla.

Para que esas historias puedan construir su trama, hemos rescatado cinco elementos que contribuyen a combatir una práctica nociva para las organizaciones porque las perjudica en su desarrollo económico y humano. Funcionan por separado pero son más poderosos cuando se ponen en práctica todos a la vez.

1. Ver a la persona detrás de los comportamientos

Detrás de una manera de actuar hay una persona con unas necesidades, unas experiencias, unas carencias y unas fortalezas. Todo ello la ha llevado a ser como es hoy en día, con sus aciertos y sus errores. Esto quiere decir que detrás de alguien que discrimina hay alguien que no entiende bien las consecuencias de sus actos. Detrás de alguien que no reivindica sus derechos hay alguien que no ha aprendido a hacerlo o que ha llegado a la conclusión de que hacerlo no le compensa. Detrás de un equipo en el que todos reman con la misma fuerza pero el agua solo salpica a los mismos hay personas que están siendo perjudicadas y otras que se benefician del perjuicio ajeno.  

2. Denunciar aquellas prácticas que son injustas

La indignación es ese tipo particular de rabia que sentimos cuando detectamos que se comete una injusticia. A menudo nuestra indiferencia, nuestra pasividad o nuestra situación de inferioridad nos llevan a guardar silencio, incluso cuando se nos despierta esa emoción. Es una reacción muy humana, pero no cambia las cosas. Siempre que podamos, con firmeza y asertividad, debemos indicar aquello que está mal y llamarlo por su nombre. 

3. Construir redes de complicidad 

En cualquier contexto, también en el entorno laboral, las redes de apoyo entre mujeres, entre hombres y también las que forman mujeres y hombres son imprescindibles para la vida y un oasis en medio de situaciones desagradables. El compañerismo, la empatía, la ayuda mutua y la cooperación son aspectos fundamentales para que un trabajo salga adelante y también para salvaguardar el bienestar psicológico de las personas que lo llevan a cabo. Cuidemos esas redes. 

4. Tener bien controladas las generalizaciones

Describir la realidad en términos de grandes categorías (“los hombres”, “las mujeres”) es prácticamente inevitable para que fluya la comunicación cotidiana. No obstante, también debemos dejar espacio para elaborar análisis más finos. A través de ello, podemos darnos cuenta de que, cuando miramos a las personas de cerca, las mujeres no son de una manera particular y tampoco lo son los hombres. Ver al individuo detrás de la masa ayuda a analizar los fenómenos que vivimos de una manera más rigurosa.  

5. Fomentar la implicación de todos, no solo la diferenciación

Los grandes cambios sociales resultan enormemente conflictivos cuando no cuentan con el compromiso de todos los miembros de una sociedad. Por eso la autoafirmación de un individuo o de un colectivo no puede hacerse sin la influencia de los otros individuos y colectivos con los que se convive. 

En definitiva, reivindicar lo que es justo se hace mejor cuando se logra el compromiso de todos. Cualquier individuo tiene derecho a tener sus propios puntos de vista pero eso no tiene por qué suponer un desacuerdo irreconciliable a la hora de diagnosticar una injusticia. Recuerda que tener paciencia con las perspectivas ajenas no es conformarse con ellas ni plegarse a ellas. 

Ponte en marcha para combatir los efectos de la desigualdad

Manejar la frustración y el deterioro de la autoestima que generan las situaciones de discriminación laboral no es fácil, especialmente cuando se ha acumulado en el tiempo y  no se cuenta con apoyos sociales. 

Además, una empresa concreta no tiene por qué aspirar a acabar con la desigualdad laboral en el mundo, pero sí es responsable de las discriminaciones que ella misma fomenta o tolera. 

Si tú estás sufriendo las consecuencias psicológicas de la discriminación laboral quizá es el momento de abordarlas en profundidad. Puedes hacerlo tú sola pero, también, junto a un profesional que pueda ayudarte a manejarlas mejor, por ejemplo a través de una psicoterapia online en la plataforma de ifeel

Por otro lado, si tienes un puesto de responsabilidad en tu organización o eres responsable de recursos humanos, lo mejor para tu empresa es que te asesores sobre las consecuencias de la discriminación laboral para la salud mental de tu plantilla, especialmente la de las mujeres, y aprendas la mejor manera de hacerle frente. Puedes hacerlo a través del programa especial de bienestar para empresas diseñado por ifeel. Nuestros expertos te brindarán el asesoramiento personalizado y continuado que tu compañía necesita en este ámbito. 

No lo dejes para mañana: la salud importa hoy. 

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