4 trucos para superar un lunes

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 04 de junio de 2018

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Lunes, la palabra maldita en las agendas de toda persona relativamente ocupada. Lunes, cuando la almohada, la alarma de tu reloj, las expectativas de tu jefe, la guardería de los niños, los recados apelotonados conspiran contra ti. ¡Malvados!

Sin embargo, ¿está justificada la leyenda negra de este conjunto siniestro de horas al que todo el mundo echa la culpa de sus males desde que el sol se pone el domingo hasta que nos hundimos en el sofá el lunes al atardecer y que parece insuperable?

Sísifo, un viejo conocido de la mitología griega, sufría la maldición de escalar una montaña empujando una pesada piedra que se le caía nada más acercarse a la cima, por lo que tenía que reiniciar el ascenso otra vez y así sucesivamente, por los siglos de los siglos. Al pobre lo castigaron a entrar en bucle con la dichosa piedra y la montaña. El caso es que mucha gente vive así sus lunes: un bucle inacabable de incomodidades ante el cual aparece esa cosa pegajosa de la indefensión aprendida que tanto mencionamos los psicólogos: ya sabes, cuando llegamos a la conclusión de que, hagamos lo que hagamos, nuestra terrible situación no puede cambiar… y nos entra un bajón impresionante

La buena noticia es que no, de indefensión aprendida nada. Deja a Sísifo que cumpla su castigo eternamente y ponte las pilas para hacerle frente al lunes, porque de las maldiciones de los dioses no es posible salir pero de los bucles humanos ten por seguro que sí. ¿Cómo?

Anticípate 

El viernes por la noche y el sábado pueden ser tus días sin normas, donde las costumbres se relajan y pones flexibilidad en las rutinas. ¡Bien hecho, para eso son! Sin embargo, procura no apurar esa dinámica hasta última hora del domingo o el despertador te pillará realmente desprevenido cuando suene, atronador, el lunes por la mañana.

Piensa que, excepciones aparte, el domingo después de comer es un buen momento para ir bajando el ritmo y empezar a concentrarte de manera suave pero consciente para la semana que está a punto de comenzar.

Acuéstate pronto, como haces durante la semana. No olvides repasar tu agenda antes de meterte en la cama, para ver qué es lo que te espera después de la desconexión del fin de semana. Sé más listo que el lunes y prepara lo que necesites antes de apagar la luz, lo agradecerás mañana cuando te despiertes y entres a la cocina: deja la casa recogida, ten lista la comida, piensa lo que te pondrás si tienes que asistir a un evento en particular, organiza tus papeles… Esto te ayudará a que el lunes no te pille por sorpresa, sino con la guardia bien alta.

No sobrecargues el lunes

Si tu experiencia te dice que el primero de la semana suele ser un día difícil cual cuesta de enero (sueño acumulado, humor francamente mejorable, pereza generalizada, debilidad existencial profunda) procura no ponértelo más difícil todavía.

A veces no es posible y la agenda es imperativa: en ese caso, ríndete, desayuna fuerte y a por todas, ¡tú puedes! No obstante, siempre que tus quehaceres te lo permitan, procura que el lunes sea un día relativamente ligero.

Recuerda esto durante el resto de la semana cuando tengas que programar citas, reuniones o actividades y no te vengas arriba convocando a todo el mundo para el próximo lunes por la mañana: reserva para inaugurar la semana solo las actividades imprescindibles.

Muchas personas sienten que el martes o el miércoles ya han cogido buen ritmo y están más frescas que al principio de la semana, por lo que prefieren apretar esos días y aligerar un poco el principio y el final de la semana así que, ¿qué tal si equilibramos un poco la agenda?

 

No dramatices

Piensa que el lunes es solo un día y solo hay un lunes cada semana. Repite conmigo: el lunes es un día, no es la historia interminable de la humanidad en forma de pesadilla.

Aunque por lo general tienen mala fama, los lunes pueden ser días tan buenos y tan malos como cualquier otro. En la vida siempre va a haber una excusa para sentirse a disgusto: es lunes, llueve, hace calor, aún no han llegado las vacaciones, se acerca la navidad, los días son más cortos, los días no acaban nunca… Recuerda que, quejas legítimas aparte, o te mentalizas para ver el calendario de la manera más optimista posible o vas a vivir amargado no solo el lunes sino también la semana entera e, incluso, el año entero.

¿Estás de luto porque es lunes y, oh casualidad, tienes que trabajar? Siempre puedes consolarte pensando que en estos momentos hay miles de personas angustiadas en sus casas porque están en paro y se morirían de envidia al ver el drama que está atenazando tu corazón.

Mentalidad mindful

No pierdas presencia, no confundas el momento del despertador, o de entrar en la oficina, con el lunes en su totalidad. Quizá te está costando arrancar el día pero no pasa nada, no te pelees contigo, acepta que en este instante no puedes ser más que un cuerpo oxidado tratando de desperezarse así que trátate con amabilidad.

No pasa nada, ya estás haciendo lo que puedes y, al fin y al cabo, lo más seguro es que no vayas a estar todo el día sintiéndote así de cansado. ¿El lunes ha empezado con fuegos por todas partes esperando a ser apagados con urgencia? La buena noticia es que este conjunto maldito de 24 horas con el que el dios del tiempo te castiga cada semana ya solo puede mejorar.

Sin embargo, como eso no va a suceder antes solo porque lo desees, será mejor que respires, destenses y tomes un poquito de distancia: a veces se te olvida, pero tu vida y los lunes no son sinónimos. Apaga los fuegos que tengas que apagar y reserva parte de tu energía para esa posible sorpresa que te depara el resto del lunes en forma de paz, tranquilidad, satisfacción, peli, cena rica o quedada de urgencia con un amigo. Puede haber inesperadas satisfacciones esperando su momento entre hora y hora de cualquier lunes de tu vida, ¿qué tal si les haces un poco de hueco y te las permites?

Si nada de esto te ayuda y lo único que puedes hacer desde el fondo de tu corazón es lamentar con amargura lo grises que se te hacen los lunes tienes toda nuestra solidaridad y dos consejos extra.

Aquí va el primero de ellos: vamos, hazte un favor a ti mismo/a, relee los consejos que te hemos dado y aplícalos. Y el segundo: si tienes la impresión de que los martes, miércoles, jueves, viernes, sábados y domingos empiezan a parecerse sospechosamente a los lunes del infierno que acabamos de describir entonces no tienes un problema con los lunes, sino un problema con tu vida que sería muy conveniente que comentaras con un psicólogo antes de que se convierta en un auténtico problemón. Piénsatelo, estamos aquí.

 


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