4 preguntas que debéis haceros si estáis en pareja

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 04 de diciembre de 2018

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¿Tenemos que vivir juntos¿Nuestra relación es cerrada¿Vamos a tener hijos¿Nos vamos a casar?

 

La respuesta a cualquiera de estas cuatro preguntas es “No”. No necesariamente. No si no queremos. Y aun así podemos tener una relación donde funcionen los componentes básicos de cualquier relación de pareja: compromiso, pasión e intimidad. Dicho de otra manera: no tenemos que vivir juntos, no tenemos que tener una relación cerrada, no tenemos que tener hijos, no tenemos por qué casarnos… y aun así nos lo pasaremos genial.

 

La explicación es sencilla: las cuatro preguntas que has leído al principio no hacen referencia a cuatro fines en sí mismos, sino a cuatro medios que responden a un fin. ¿Qué fin es ese? El de cualquier relación de pareja. Algo tan sencillo y elemental que puede resumirse en tres palabras: estar-bien-juntos. Ese y ningún otro es el fin último de toda relación más allá del puro existir, del puro durar en el tiempo. Repetimos: el fin más importante que debemos perseguir estando juntos es estar bien juntos, estar lo mejor que podamos juntos, estar bien los dos de la manera más armónica de la que ambos (o los que seamos, si somos una pareja poliamor) seamos capaces. Lo demás son medios que podemos emplear para llegar a ese fin.

Como tales herramientas, no son verdades absolutas. Son más bien estrategias sustituibles por cualquier otra que sirva mejor a nuestro fin. Es decir, que responda óptimamente a lo más importante que nos debe ocupar mientras estemos juntos: estar bien juntos.

 

Juntos, café para dos

 

Desde tiempos inmemoriales se ha dado por hecho que toda pareja acaba su andadura (o la empieza, en sociedades muy tradicionales) compartiendo techo y mantel todos los días de su vida hasta que la muerte los separa. Vamos, que hemos aprendido que ser pareja significa ineludiblemente que acabaremos viviendo juntos. Claro, porque como nos apetece tanto compartir todo nuestro tiempo juntos, ¿qué mejor manera para lograrlo que convivir? Si encima somos una pareja con hijos, vivir todos juntos parece una manera razonable de hacer que la familia salga adelante más fácilmente.

Ahí lo tienes: vivir juntos no es un fin en su mismo, sino una herramienta para estar bien juntos.

Hay personas que se llevan mejor cuanto más separadas estén. Esto es muy común con ciertos amigos y, sobre todo, con los padres y madres, ¿tan descabellado te parece que también pueda ocurrir con una pareja? No te confundas. Vivir bajo el mismo techo no es un requerimiento ineludible de la naturaleza, sino una herramienta para estar mejor juntos. Si conviviendo no funcionáis pero sin convivir os adoráis, no hay duda: conservad vuestros propios apartamentos y vivid una larga y bonita historia de amor. Recordad que las lavadoras, limpiezas, cuartos de baño compartidos, listas de la compra y costumbres varias de cuyos nombres no queremos acordarnos no-son-nada-románticas. Evitar todo ese excedente es bendición para muchas parejas.

 

Sexo: ¿solo nosotros?

 

Con las relaciones abiertas y cerradas pasa lo mismo que con la convivencia. La moral y las leyes han establecido desde siempre que las relaciones de pareja deben ser cerradas o no ser. ¿Consecuencia? Los miembros de una pareja dan por hecho que solo deben mantener relaciones sexuales entre ellos y no con terceras personas. Todo lo demás ha sido, a lo largo de la historia, lo que hemos conocido siempre como infidelidad.

Aunque ha existido toda la vida, en los últimos años se está abriendo camino oficialmente y sin tapujos una nueva modalidad de estar en pareja. ¿Cuál? La pareja abierta, aquella en la que sus miembros acuerdan que mantendrán relaciones sexuales (también) con personas ajenas a la relación. Sin engaños ni deslealtades y dentro de los términos que ellos mismos deciden. ¿Lo hacen por vicio o por inmadurez? Las habrá que sí, al fin y al cabo parejas las hay de todos los tipos. Sin embargo, la mayoría de parejas que abren su relación lo hacen porque han entendido que la cerradura/apertura sexual no es un fin en sí mismo, sino un medio para ¿lo adivinas? Exacto: estar bien juntos.

Si mantener relaciones sexuales solo entre ellos les hace estar mejor juntos que si tuvieran relaciones sexuales (también) con otras personas entonces acuerdan que su relación será cerrada. Si mantener relaciones sexuales (también) con otras personas les ayuda a estar mejor juntos que si solo las tuvieran entre ellos entonces abren su relación.

Así que nada de pánico. Si estás empezando tu relación de pareja (o ya llevas tiempo en una relación cerrada) y sientes como una losa aquello de ¿Y ya nunca jamás volveré a tener sexo con más personas, el sexo a partir de ahora será solo con esta única persona? respira con alivio desde ya. Ese axioma no está escrito en ninguna parte y todo se puede hablar y rediseñar. Solo hay que saber hacerlo.

 

¿Cigüeña sí o cigüeña no?

 

No. No todas las mujeres ni todos los hombres se derriten de amor ante la idea de transmitir sus genes y formar una familia que incluya hijos e hijas. O no todos tienen claro en todo momento si desean tener progenie o no. Los hay que dudan, también hay quien cambia de opinión. Tampoco todo el mundo tiene la suerte de dar con una pareja que, a la primera, tiene clarísimo si quiere o no quiere crecer y multiplicarse.

Como sucede con el sexo, la convivencia y el matrimonio, actualmente no se considera el tener descendencia de manera tan rígida como antes. Tranquilos: la supervivencia de la especie humana no depende de que vosotros dos tengáis o no hijos. Liberaos de esa responsabilidad y sentíos autorizados a plantearos si queréis o no tenerlos. ¿Por qué deberíais planteároslo? Porque, al margen de otros motivos legítimos que se os puedan ocurrir para tener hijos o no, debéis tener claro que no es obligatorio. Lejos de eso, es algo que debe responder a un proyecto particular de cada uno de vosotros y también a vuestro proyecto de pareja conjunto. Es decir, tener hijos o no tenerlos no debe ser la respuesta a un mandato divino sino a la ineludible cuestión que debéis responder una y otra vez como pareja: ¿hará eso que estemos mejor juntos?

 

Y el anillo, ¿pa cuando?

 

Dejemos a un lado la religión y la tradición. Apartemos todo lo que hemos dado por hecho sobre los vestidos de novia con que la factoría Disney nos obsequia al final de cada una de sus películas. Si hay algo en la vida que es instrumental (o sea, que es un medio y no un fin, aunque las películas acaben siempre en ese punto) es eso que llamamos matrimonio.

A lo largo de la historia, este contrato con envoltorio sacramental ha tenido enormes ventajas. Dar legitimidad a las relaciones de pareja, poner en contacto a familias diferentes, ofrecer un marco de seguridad a los hijos e hijas surgidos de la relación, dar estructura y publicidad a los sentimientos, obtener ventajas fiscales y, qué diablos, permitir a la gente salir de casa de sus padres. Sin embargo, una vez más, te damos la bienvenida al s. XXI: en nuestra sociedad el matrimonio no es un fin, sino un instrumento para lograr un fin (estar bien juntos).

Eso se debe a que muchas de las ventajas que tradicionalmente otorgaba el matrimonio pueden conseguirse sin pasar por el altar, ayuntamiento, juzgado o cueva del druida correspondiente. Las parejas pueden vivir juntas sin casarse y no se las mira mal. Pueden tener hijos sin casarse y no se las mira mal. Pueden tener ciertas ventajas fiscales como pareja de hecho parecidas a las de las parejas casadas… y no se las mira mal. Las parejas de antaño no tenían que planteárselo porque iban derechas al matrimonio como un nuevo día surge tras cada noche. Las parejas actuales tienen el privilegio (y también el desafío) de preguntarse: y nosotros, ¿para qué vamos a casarnos? Pues para estar mejor juntos. ¡Pero no lo estaremos! Pues entonces no os caséis… y nadie os mirará mal.

 

En definitiva, estar en pareja no es un cuento que habla solo de dos personas que están juntas, sino de dos personas que toman medidas de manera consensuada para estar bien juntas la mayor cantidad de tiempo posible. Esas medidas tratan sobre temas de lo más variado. Algunos de ellos son muy triviales. Otros, como el lugar en el que viviréis, cómo enfocaréis las relaciones sexuales, quiénes formarán vuestra familia o si pronunciaréis el “Sí, quiero” con un photocall de fondo son asuntos mucho más importantes. Es en ellos en los que conviene que os pongáis muy de acuerdo. Lo que os ayude a conseguir ese fin será un medio legítimo para lograrlo. Lo que os aleje de él, simplemente, desechadlo: no va con vosotros… al menos de momento.


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