4 consejos para sacar el máximo partido a tu terapia

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Muchas personas no han ido nunca a terapia. Algunas, además, no han hecho nunca ninguna clase de trabajo personal que las haya invitado a mirar dentro hacia dentro, reflexionar y entrenar habilidades personales. 

A menudo, cuando se plantean iniciar una terapia, estas personas sienten una mezcla de curiosidad y miedo ante la idea de sentarse frente a un profesional (a quien se atribuyen misteriosos poderes) para hacer precisamente ese trabajo personal. No hay que olvidar, además, que para cuando dan ese paso lo hacen en un momento que probablemente no sea el más agradable de sus vidas

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¿Cómo será el psicólogo? ¿Qué me preguntará? ¿Qué tengo que contarle? ¿Me caerá bien? ¿Me devolverá la alegría? ¿Cuánto tiempo dura una terapia? ¿Me irá preguntando cosas o soy yo quien tengo que contarle mi vida? ¿Una terapia online es igual de efectiva que una presencial? ¿Cómo se supone que debería sentirme tras las primeras sesiones? Múltiples preguntas se agolpan en la mente de los pacientes primerizos, sobre todo antes de la primera sesión pero también durante el transcurso de la terapia. 

No siempre podemos ayudar al paciente con todos sus temas, pero sí acompañarle en el tramo del camino que le toca recorrer ahora

¿Por dónde empezar una terapia?

Los pacientes acuden al proceso unas veces con las cosas muy claras y un tema bien delimitado a abordar. Otras veces, muchas, vuelcan sobre la mesa la historia de su vida, pasada, presente y futura, con todo lo laboral, familiar, sentimental, etc. Toneladas de temas con sus múltiples ramificaciones en los que tiene la expectativa de ser ayudado. La mala noticia es que lo más probable es que no podemos ayudarle con todo, ya que ni tenemos el tiempo ni los conocimientos adecuados para ello -al margen de que hay temas que no tienen solución. Pero sí podremos acompañarle durante un tramo del camino con algunos temas. ¿Por donde empezar? 

¿Qué puedo aportar como paciente al éxito de mi propia terapia? 

Está claro que el terapeuta debe aportar sus conocimientos y habilidades, pero no podemos olvidar que una terapia, que tiene lugar en el contexto de una relación entre dos personas, es cosa de dos y el paciente debe responsabilizarse de una parte importante del éxito de su proceso. 

1. Ten pensado qué temas quieres abordar

Para aprovechar al máximo el tiempo de las sesiones, es importante que tengas claro de qué quieres hablar cada día. Tu terapeuta te va a orientar con ello y, dependiendo del modelo que sigáis y de las técnicas que te proponga, vuestra “agenda de temas” a abordar en cada sesión estará más fijada o será más espontánea. 

Sea como sea, procura no acudir a la sesión con una actitud totalmente pasiva, como si pensaras “Veamos qué me da hoy mi terapeuta, a ver qué me cuenta”. Tu terapeuta tiene interés en que te encuentres mejor pero no es adivino ni puede hacer el trabajo por ti. Es mejor que, en la medida de lo posible, tú tengas más o menos localizado el hilo del que te gustaría tirar en cada momento, o del que convendría tirar. 

Recuerda que las sesiones de psicoterapia suelen durar, como máximo, una hora. Si hay algún tema que realmente quieres tratar con tu psicólogo ese día en concreto procura no dejarlo para el final. Es evidente que a veces hace falta un cierto calentamiento, que es difícil poner encima de la mesa ciertas cuestiones, pero no dejes que se te vaya la sesión sin haberlo hablado, no sueltes “la bomba” cuando queden apenas diez minutos para el final de la sesión. Tu terapeuta no va a alargarla solo porque el tema verdaderamente importante ha salido al final.

Si en vez de uno tienes dos o tres “temazos”, díselo a tu terapeuta al principio de la sesión y él/ella te ayudará a que os organicéis y distribuyáis el tiempo o bien a que elijáis el más importante y dejéis los otros temas para el próximo día. 

2. Haz los deberes

Hay terapias que incluyen ejercicios y técnicas concretos que uno debe practicar durante el tiempo entre sesión y sesión y otras terapias que no incluyen tantas “tareas para casa”. Sea como sea, recuerda que tu terapia no es solo lo que sucede en las sesiones, estas no son islas en tu vida. La terapia es un proceso que fluye por los cauces de las sesiones presenciales junto a tu terapeuta pero que está presente también el resto del tiempo, sucede todo el rato. De ahí que digamos “Estoy yendo a terapia” o “Estoy en terapia”, aunque no estemos físicamente dentro del despacho del psicólogo. 

Así pues, conviene que, además de seguir tu vida con normalidad, de manera espontánea, aproveches al máximo ese tiempo entre sesiones y te comprometas a convertirlo en un tiempo fértil y útil, donde puedas poner en práctica lo aprendido durante las sesiones y del que extraigas “material” para seguir trabajando. 

Hacer los deberes cuesta, todos lo sabemos, tu terapeuta también lo sabe. Pero nadie dijo que la terapia fuera como esos electrodos que se enganchan a tu abdomen y su trasero y hacen el deporte por ti, ¿verdad? En cualquier caso, si ves que los ejercicios que te propone tu terapeuta no son adecuados para ti por la razón que sea, o no entiendes su objetivo o la manera de llevarlos a cabo, es importante que se lo comentes abiertamente a tu terapeuta para que pueda hacer los ajustes convenientes. 

3. Exprésate con honestidad

Todos tenemos barreras, cautelas, temas de los que nos da apuro hablar o que simplemente, no queremos tocar. Es normal y respetable, tu terapeuta cuenta con ello y nunca te llevará a un viaje que sea excesivo para ti. Dile simplemente: “Este tema no lo quiero tocar”, “Hoy no quiero hablar de ello”, “Prefiero esperar antes de que abramos ese tema”. Eso permitirá que optéis por un rodeo productivo (o aprovechéis para abordar los temas espinosos a un nivel que tú toleres, explorando hasta donde tú quieras el motivo por el que no quieres entrar en esos lugares). 

Conseguir mejoras duraderas durante una terapia nunca es inmediato

Hacerlo así será muy útil para vuestra relación terapéutica y, por tanto, para tu proceso de cambio. Eso vale más que omitir un dato importante, minimizar la gravedad de un determinado asunto para ti para que así tu terapeuta no le dé importancia y no te proponga hablar de ello, o distorsionar abiertamente una información. Eres libre de hacerlo pero eso solo interferirá en tu terapia.  

4. Comprométete

Conseguir objetivos, cambios, mejoras razonablemente duraderas en nuestro estado de ánimo, motivación, habilidades sociales, ansiedad o problemas de pareja nunca sucede de manera inmediata

Puedes salir muy motivado, esperanzado, inspirado o incluso entusiasmado de una sesión especialmente brillante –hay sesiones con nuestros pacientes que valen todo el oro del mundo, demos las gracias por ello como terapeutas- pero, como dice el dicho popular, un grano no hace granero. La constancia y la perseverancia con que seas capaz de dar continuidad a tu proceso siempre van a ir a tu favor. 

Tu terapeuta y tú podéis programar vuestras sesiones de manera semanal o quincenal, tanto si os veis en persona como si hacéis terapia online. No hay grandes diferencias entre una u otra opción aunque es preferible que, sobre todo al principio, os veáis cada semana para poder arrancar cuanto antes el proceso y forjar de manera ágil vuestra relación terapéutica

Lo que no conviene es que hagas dos sesiones, suspendas la tercera, hagas un mes seguido pero luego faltes un mes entero… Porque entonces, más que cambios, lo que irás dando serán tumbos. 

Si estás pensando en iniciar una terapia, o estás al comienzo, es imprescindible que dediques un tiempo a pensar sobre tus necesidades, objetivos y expectativas de cara a ese proceso terapéutico. Ten claro si es algo importante para ti y, si lo es, comprométete contigo mismo/a y recuerda que lo que vas a hacer es una inversión en ti, en tu bienestar.

Esa inversión requerirá un esfuerzo pero -la mayor parte de las veces- tiene una enorme recompensa. No siempre acertamos a la primera con el profesional o el método para recorrer el camino, pero hay cosas que podemos poner de nuestra parte como pacientes y el compromiso es una de ellas. 

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