4 características para afrontar el reto de convivencia

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 26 de septiembre de 2017

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La convivencia no es fácil, en ninguna circunstancia. Lejos de eso, supone un enorme reto para cualquier persona. Se dice a menudo que el roce hace el cariño pero también que compartir casa (sofá, mantel, nevera, cama…) puede ser una manera de cavar poco a poco la tumba para nuestra relación con alguien.

Convivir es, básicamente, compartir: un intercambio mutuo en el que renunciamos a parte de nuestro espacio, con todo lo que eso supone a nivel de comodidades e intimidad, con la expectativa de que ambas partes nos sometemos a eso de manera equitativa para preservar el bien de la relación.

Existen muchos tipos de convivencia. Podemos convivir por obligación, por necesidad o por decisión personal. Hay convivencias y convivencias: las hay que son placenteras y enriquecedoras, otras veces acaban destruyendo nuestra salud mental. Puedes llorar el día en que tú y tus compañeras de piso abandonáis vuestro nido de juventud donde tanto habéis disfrutado o anhelar desesperadamente el día en que no tendrás que compartir lavabo con nadie.

Sea como sea, muchas veces la convivencia supone un enorme desafío a diferentes niveles. Las personas que conviven, por muy bien que se lleven entre ellas (y sobre todo, cuando no se llevan tan bien), tienen que ejercitar diferentes “músculos psicológicos” para evitar que la convivencia mate la relación y conseguir que, en la medida de lo posible, sea un marco agradable en el que pasar el día a día. A continuación mencionamos cuatro de estas características:

Habilidades sociales. Cuando convives con alguien -da igual si es tu familia, tu pareja u otras personas- tienes que saber cómo expresar lo que necesitas, cómo quejarte de algo, cómo pedir un favor, cómo acceder al espacio físico del otro. Ten por seguro que si no perfeccionas esto la habitación va a hacerse asfixiantemente pequeña.

Paciencia. Si no quieres que compartir la casa en la que vives con alguien sea un homicidio para vuestra relación es importante que te adaptes al ritmo del otro (su velocidad, su estilo), asumiendo que ambos tenéis ritmos diferentes y que no todo puede hacerse de la manera que tú quieres ni en el momento que a ti te parece mejor.

Generosidad. Si tu armario, tu cuarto de baño o tu sofá no son solo tuyos eso significa que tienes que renunciar a parte de lo que podría corresponderte para cuidar la relación con el otro. Puedes hacer eso como un acto más o menos desinteresado o, por qué no, con la expectativa de que en otro momento serás tú quien recibirá esos cuidados extra.

Flexibilidad. Desengáñate, si tienes que convivir con alguien vas a tener que hacer maratones con esta gran virtud de tu mundo interno. Ser flexible te permitirá negociar, cambiar de opinión y llegar a pactos saludables con las personas bajo cuyo mismo techo te has establecido. Si todavía no lo has notado descuida: pronto te darás cuenta de que ser flexible no es opcional.

En definitiva, la convivencia es todo un reto al que, en diferentes épocas de nuestra vida, tenemos que enfrentarnos. Si necesitas ayuda para hacer pesas con los músculos que acabamos de mencionar no te desesperes: los psicólogos somos entrenadores personales para esas características, ¡no dudes en consultartnos!

 


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