3 cosas que debes saber sobre la depresión

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Como sucede con muchos otros términos propios de la psicología, a menudo hablamos de depresión de un modo superficial o inadecuado. Esto lleva a confundir la depresión con otras situaciones diferentes o menos graves y también hace que no tengamos en cuenta la importancia de los verdaderos cuadros depresivos.

A continuación, te detallamos tres aspectos importantes a tener en cuenta para poder enfocar el tema de la depresión de una manera más rigurosa.

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1.Más allá de la tristeza

Aunque a menudo se la reduce a un estado de “tristeza profunda”, poniendo el acento en su faceta meramente melancólica, lo cierto es que el espectro de la depresión es mucho más complejo.

Este trastorno mental tampoco es un solo un estado de desánimo puntual, relacionado con algo concreto que ha ocurrido o que va a ocurrir. De hecho, la tristeza es una emoción normal, incluso cuando es muy intensa, igual que la frustración o la desilusión, siempre que sean coherentes con las causas que las provocan y que vayan evolucionando de manera productiva en lugar de quedarse estancadas.

Depresión no es estar muy triste sino una trastorno mental que implica profundo abatimiento, apatía y desconexión de la vida

La tristeza promueve un estado introspectivo, de relativo retraimiento, pero también sirve para avisar a los demás de que tenemos un problema y estimular su ayuda compasiva. Por el contrario, la depresión no es normal, sino un trastorno en el que la persona tiende a aislarse y tener dificultades para conectar con el apoyo prestado por otros.

En realidad, estamos hablando de un estado más o menos profundo de desmotivación, desesperanza y apatía a través del cual el individuo va desconectándose poco a poco de su red social, sus actividades y su compromiso con la vida. A nivel cognitivo la depresión genera una importante dificultad para encontrar soluciones a los problemas o encontrar interpretaciones alternativas a la propia visión negativa o pesimista de la realidad. El desánimo es un sentimiento normal, la depresión es una enfermedad y no se remonta con consejos superficiales o con arengas motivadoras.

2.Relacionarnos con alguien que tiene depresión

En primer lugar, no debemos confundir nuestro cuidado, compañía y apoyo con responsabilizarnos de la solución de su problema. Por supuesto, son cruciales y no tienen nada de malo, pero no debemos confiar en que nuestro amor, simpatía o cuidados son suficientes por sí mismos para revertir el curso de una enfermedad mental, sobre todo si esta es grave (recordemos que también existen enfermedades mentales relativamente leves, incluyendo algunas depresiones, pero si la cosa es grave hace falta algo más).

Podemos contribuir al bienestar de una persona con depresión pero es un error que carguemos con la responsabilidad de revertir su estado o que vivamos con esa expectativa. Es frecuente que la depresión haga que la persona se aleje de los demás y no encuentre comprensión en ellos ni alternativas válidas en sus propuestas, lo cual acaba resultando muy frustrante e incluso desolador para quienes tratan de acompañarla. La paciencia y el no dejarnos atrapar por esa dinámica son cruciales.

Ante la duda, consulta con un psicólogo, sobre todo si la misma situación persiste durante varias semanas

Como hemos indicado antes, la persona con depresión no solo es alguien que está «muy triste», sino alguien que interpreta que sus capacidades y su vida no tienen demasiado valor o importancia. A menudo estas personas también piensan que nadie les comprende o les trata como merecen o que no hay solución posible a sus problemas.

No hay una manera concreta de tratar a las personas que padecen una depresión clínica establecida, porque las características de este trastorno se manifiestan de manera diferente de un individuo a otro. Es importante escuchar y tratar de comprender, pero sin dejarse arrastrar por ese nivel intenso de apatía o abatimiento. Mostrar empatía, calidez y apoyo, pero no reforzar la victimización que la persona experimenta. Si el caso es grave no basta con nuestras buenas intenciones: es necesaria la ayuda psicológica e incluso psiquiátrica.

3.Tratamiento, ¿sí o no?

Ante la duda, y con un enfoque preventivo, ninguna consulta con un especialista en salud mental está de más en ningún momento. Si preferimos esperar, debemos plantearnos con seriedad el realizar esa consulta cuando veamos que la situación persiste en el tiempo (hablamos de semanas o meses en los que la persona se encuentra mal). Sobre todo debemos consultar cuando aparecen dificultades para responder a las obligaciones y ocupaciones del día a día, cuando el aislamiento se hace muy pronunciado y existen dificultades para llevar una vida normal y cuando hay verbalizaciones sobre la muerte, la falta de sentido de la vida o un deseo explícito de no vivir.

Tanto si tienes una depresión como si no tienes claro si la tienes o no, o si alguien cercano a ti presenta este problema es importante que mantengáis la esperanza y que, si tenéis la oportunidad, consultéis con un psicólogo que pueda orientaros sobre la mejor manera de hacer frente a esta situación. Merece la pena intentarlo. Estamos aquí.

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