12 maneras de meditar que no parecen meditar

Por Rafael San Román Rodríguez
Publicado 14 de junio de 2019

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Los hippies vivieron en la era de Acuario y a nosotros nos toca vivir en la era del mindfulness. Lo has adivinado: salimos ganando nosotros. Para ser rigurosos, la era del mindfulness lleva en vigor desde hace milenios. Meditar de toda la vida, que dicen en Oriente. Es solo que, por aquello de las modas, parece que la meditación está experimentando en Occidente un éxito desconocido desde hace unos años.

Meditar es estar en el presente de las cosas presentes poniendo en ello toda nuestra atención, de una manera amable y ecuánime, aceptando. Meditar es aferrarse a lo bueno que hay en el presente ni rechazar agresivamente lo que hay en el presente. Meditar es estar aquí y ahora, con lo que hay, sin pretender que las cosas sean lo que no son

Y sí, estas modas que son buenas para la salud nos gustan. Y algo que nos encanta de esta en concreto es que, al contrario de lo que puedas creer, puedes practicarla a un “nivel usuario” con relativa facilidad… ¡y gratis!

Para ello, te sugerimos 12 maneras de meditar que no se te había ocurrido que podían servirte para practicar mindfulness. Son formas de meditación a medio camino entre lo formal y lo informal que te permitirán entrenar tu atención sin complicarte mucho la vida, simplemente haciendo lo que ya haces pero con un nivel más profundo de conciencia.

1.Ejercicio físico

Cualquier actividad que nos ayuda a conectar con nuestro cuerpo nos ayuda a conectar con el momento presente. Muchos aficionados a correr son partidarios de llevar a cabo este ejercicio con una “mentalidad mindful”, esto es: sin exigirse grandes o pequeños objetivos sino permitiendo que la práctica de la carrera fluya como corresponde en cada momento. Se trata de correr aceptando el estado de tu cuerpo en ese momento sin pretender que sea de otra manera, tomando conciencia de tu respiración y de las múltiples sensaciones físicas que se irán despertando sobre la marcha. Sin competir con quienes están a tu alrededor, ni siquiera contigo mismo, pretendiendo correr como corriste otro día. Con amabilidad.

Dirían algo así como “No pretendas correr como corriste otro día, o como corren quienes están a tu alrededor. Corre como estás hoy”.

2.Actividades de la vida cotidiana

Vestirnos, sacar un cacharro de un armario, caminar hasta una habitación y encender la luz, darnos la ducha… Nuestro día a día está lleno de pequeñas conductas que hacemos de manera automática y sin sacarles partido. Presta atención al tacto de los objetos y las superficies, a los sonidos de tu vida cotidiana: el agua que sale de un grifo, tus pasos por el pasillo, la ropa acoplándose a tu cuerpo, el toque de un interruptor. Date cuenta de las diferencias de luz al pasar de una habitación a otra, al apagar y encender luces.  

3.Manualidades

Toda actividad manual es susceptible de ayudarnos a meditar. No se trata solo de entretenernos, de pasar el rato, de jugar a ser creativos. Se trata de eso pero poniendo en ello nuestros cinco sentidos, dedicándole tiempo, cuidado  y atención solo a esa actividad, sin distraernos con otras cosas. Vale cualquier cosa. Hemos dedicado apartados especiales a pintar y cocinar, pero toma nota de las grandes tradiciones de la artesanía (tejer y restaurar muebles son clásicos ejemplos) y podrás practicar mindfulness rápidamente.

4.Comer y beber

Todo lo relacionado con los sentidos nos ayuda a anclarnos en el momento presente a través del vehículo del cuerpo. La meditación formal emplea la respiración como soporte de la atención, pero recuerda que en este artículo estamos indicándote maneras para practicar la meditación no formal, ¿y qué mayor disfrute que hacerlo comiendo? En meditación es clásico el ejercicio de una pasa (sostener, observar, comer una pasa poniendo atención plena en cada una de esas acciones) pero puedes hacerlo con cualquier alimento. Pruébalo: las mandarinas y las cerezas nunca volverán a ser lo mismo.

5.Observar un cuadro

Color, textura, detalles, tema, técnica… Un cuadro no es un simple dibujo sino un festival para la meditación. Cualquier obra de arte puede ayudarnos a ello, además de suscitarnos múltiples emociones y pensamientos. Escoge un cuadro cualquiera, a ser posible de gran formato, para que te sea más fácil al principio. Contempla el cuadro en su totalidad y luego ve recorriéndolo con la mirada lentamente. Fíjate en sus personajes o motivos, ve poco a poco al detalle, date cuenta de los colores, los juegos de luces y sombras. Si puedes acércate y observa el efecto del pincel sobre la pintura ahora seca. Existen muchas maneras de observar un cuadro y esta puede ser una de ellas.

6.Dibujar y colorear

El clásico es descargarte unos cuantos mandalas de internet y colorearlos a tu gusto. Otra opción es que tú mismo/a diseñes tus propios dibujos, abstractos o figurativos, y des rienda suelta a esa actividad y solo a esa actividad, dejándote embeber por ella. Recuerda que una de las máximas de la meditación se resume en la expresión “Una sola cosa cada vez”.

No obstante, cualquier variación de esta práctica es válida para entrenar tu atención, incluso un cuadernito de pinta y colorea para niños. Ellos lo hacen, tú también puedes. Recuerda que meditar es observar tu realidad con una mente de principiante, ¿qué mejor principio que un cuaderno de pinta y colorea?

7.Caminar

Antes hemos hablado del deporte a un nivel relativamente intenso pero, si el ejercicio físico intenso no es lo tuyo, también puedes meditar caminando. De hecho, la conocida como “caminata consciente” es, junto con el de la pasa, uno de los clásicos básicos del repertorio de ejercicios útiles para prácticas mindfulness. Date cuenta de cómo tu pie se apoya en el suelo, primero en el talón, luego con el resto de la planta, mientras la otra pierna ya se está levantando, y así sucesivamente.

Si puedes descálzate en un parque y haz esto lentamente, encima de la hierba, poniendo atención plena a todos los movimientos y sensaciones que están incluidos en el acto de caminar. Si la hierba no es tu rollo y temes acabar abrazando árboles no te preocupes: puedes hacer esto mismo en el pasillo de tu casa sin que nadie te vea y es igual de válido.

8.Escuchar una canción

Sí, ya sabemos que normalmente oímos la música y nos llegan retazos de la letra de las canciones que escuchamos. Mientras conducimos, trabajamos, tomamos algo o vamos por la calle. De lo que hablamos ahora es de dedicarnos única y exclusivamente a escuchar una canción, sin hacer nada más mientras tanto, poniendo toda nuestra atención en la música y la letra. Es decir, escuchar la canción atentamente… y ya. ¿Locura máxima? ¿Transgresión? No, meditación.

Escoge una canción cualquiera, puede ser una que ya conozcas pero intenta que sea una que no hayas oído muchas veces. Date cuenta de todos los matices de la música mientras vas siguiendo la letra de la misma manera que si estuvieras leyéndola en un papel o como si escucharas a alguien que te está contando un cuento. ¿Es la misma experiencia que tener la radio puesta de fondo como si fuera un mero runrún que acompaña al resto de tus actividades? Claro que no. Y además, haciendo esto estás entrenando tu capacidad para atender.

9.Observar fenómenos atmosféricos

¿Has oído aquello de “como el que oye llover”? Pues se trata básicamente de eso. Esta práctica tiene que ver con algo tan sencillo como no-hacer-nada que, aunque te parezca mentira, es algo muy sano y con lo que debemos familiarizarnos en estos tiempos en los que la contemplación pura y dura es considerada algo exótico o amenazante. Las personas de edad avanzada son expertas en esto: sentados en en un banco o acomodados en una butaca junto al balcón pueden pasarse ratos enteros simplemente contemplando la calle. Más allá del ensimismamiento en que puedas caer al sentarte un rato en que no tengas nada que hacer, nuestra invitación es a que observes la vida conscientemente durante unos minutos, un ratito, cada vez que tengas ocasión. Date cuenta del sonido de las hojas de los árboles cuando se levanta el viento, del olor y el sonido de la lluvia, de los colores de un atardecer o la magia de una tormenta. No es abstraerte: es presenciar con atención plena esa escena de la que tú también formas parte.

10.Un masaje

Como ya hemos mencionado en otros apartados, todo lo que te tiene que ver con los sentidos  y el cuerpo es un vehículo muy eficaz para la práctica de mindfulness. Tanto si eres tú quien da el masaje como si lo recibes, trata de estar presente con tu vista, tu piel, la observación del cuerpo, tu propiocepción (que tiene que ver con tu capacidad para ser consciente de tus sensaciones internas a través de la postura de tu cuerpo y la colocación de tus miembros). La buena de Marie Kondo afirma que su manera de doblar la ropa consiste en transmitir amor a las prendas a través de sus manos. No hace falta que nos pongamos en ese nivel, nos basta con que de manera amable y consciente entrenes tu atención a través del contacto con tu cuerpo y el de otra persona. Como decimos siempre en estos casos: relájate y disfruta.

11.Cocinar

¿Recuerdas cuando hablábamos de meditar con trabajos manuales? Pues esto es lo mismo, pero con un premio diferente al final. Cocinar no es solo una actividad entretenida que te permite cuidar de ti y de otros, sino un ejercicio a través del cual puedes meditar de manera informal.

Picar verduras en una tabla, observar cómo el agua de un cazo se va calentando hasta romper a hervir o preparar unas empanadillas (o una ensalada, si no eres tan jefe) son esas cosas que acabamos haciendo con el piloto automático, que es justo lo contrario de meditar. Prueba hacerlo de manera diferente, más despacio, fijándote bien en lo que haces, sin distraerte con otras cosas que no sean estrictamente lo que estás haciendo. Y luego comételo y dime que las cosas saben igual que haciéndolas de cualquier manera.  

12.Sexo

En la cama (o donde sea) hay que estar a lo que hay que estar. Puedes hacerlo con el piloto automático, pensando en la lista de la compra o en esa mano de pintura que necesita el techo de tu dormitorio, o puedes hacerlo con conciencia plena y presente en esa actividad. Si lo haces de esta manera, entonces estás meditando. Entre otras cosas.

Como ves, no necesitas una meditación guiada o hacer grandes esfuerzos para entrenar tu atención a un nivel básico y sencillo. Es solo un primer nivel y se puede llegar mucho más lejos. Muchos psicólogos están especializados en este tipo de técnicas y pueden acompañarte en el camino para estar presente. Si tú quieres, aquí y ahora, podemos ayudarte.


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